El recordado escritor Carlos Villanes Cairo en la Plaza del Sol, Madrid (2018).

Escritor Carlos Villanes Cairo falleció en Madrid

Víctima de una enfermedad terminal, el escritor peruano residía en España desde los años 80. Colaborador asiduo de La República, realizó estudios sobre Ciro Alegría y sus obras de ficciones merecieron premios como Gran Angular de España.

La República
03 Abr 2020 | 19:39 h

Por Sandro Bossio Suárez

Había escuchado hablar de Carlos Villanes Cairo en mi colegio, en Huancayo, y de adolescente leí dos clásicos suyos publicados en esa ciudad: Los dioses tutelares de los Huancas y La flagelación de Toribio Cangalaya, que me gustaron mucho.

Cuando tenía 15 años, por extrañas coincidencias, me hice muy amigo de su esposa, Isabel Córdova Rosas, y por ella me enteré que Carlos había dejado el decanato de la facultad de Educación de la Universidad Nacional del Centro del Perú y había marchado en 1984 a Madrid, España, a seguir un doctorado. Isabel también hizo lo mismo en 1986 y, es más, leí un hermoso artículo en la revista Caretas que hablaba de los dos esposos, escritores internacionales ya, y de sus tres hijos que estudiaban en la Universidad Complutense de Madrid.

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Después todo, Carlos Villanes Cairo, triunfaba. No sabía, pues, que lo conocería. Fue esporádico: yo trabajaba en un diario de Huancayo y, por alguna razón, Carlos Villanes llamó por teléfono para enviar un documento por el fax. Eran los 90. Me tocó contestar el teléfono y, de inmediato, estrechamos amistad.

A tanta llegó nuestra amistad, que nos hicimos compadres (y con Isabelita también), pues fue el padrino de bautizo de mi hija Fabiola. Cuando gané el Premio Nacional de Novela en el Perú, en 2003, y viajé a España, muy gentil me recibió en su casa, y conversamos mucho, salimos a pasear, fuimos a cenas y almuerzos de gala, donde me presentó a varios escritores. Lo más sensacional: un día me dijo que me alistara por la mañana porque íbamos a un sitio “muy especial”. Claro, yo lo seguí, y él entró a un gran paraninfo donde estaba nadie menos que Mario Vargas Llosa. Yo creí que con sólo verlo y escucharlo, Carlos Villanes ya había hecho lo suyo, pero me dijo: “Espera, hay mucha gente, todavía no es el tiempo” y me mantuvo dando vueltas en el salón, hasta que vio a Vargas Llosa desocupado y, con toda calma, se le acercó: “Hola, Mario”, le dijo y Vargas Llosa lo reconoció y conversaron y finalmente me lo presentó. Fue la primera vez que ví al Premio Nobel y esos momentos se los debo a Carlos Villanes Cairo.

Pero él era, además, muy amigo de grandes escritores: de Enrique Vila Matas, de Carlos Ruiz Zafón, de Arturo Pérez Reverte, pero lo era mucho más del otro premio Nobel, el impresionante José Saramago.

Carlos nació en Yauli, en 1945, y fue a Huancayo a hacer sus estudios, donde, además, trabajó en el diario Correo. Fue docente universitario desde temprana edad y, además de los dos libros que yo había leído en el colegio, dejó un material en preparación, que nunca publicó y del cual, en Madrid, hablamos: “¿Tenías un libro que estabas preparando en Huancayo, uno sobre la Universidad del Centro?”. “Ah, sí, te refieres a Examen de admisión, y sonrió. Lo sigo trabajando”.

Carlos, un elegante catedrático y escritor, ya en España, se ganó variadas nombradías: se hizo doctor en Filología Hispánica y en Literatura, ejerció como crítico literario y asiduo colaborador en diarios y revistas en España y América Latina, y escribió hermosos libros para niños y jóvenes, como Destino: la plaza roja, Retorno a la libertad, La espada invencible, El esclavo blanco, La batalla de los árboles, las hermosa Las ballenas cautivas, El saqueo de Machu Picchu, El bisonte mágico y otros.

De estupenda prosa, muy agudo y profundo, fue varias veces galardonado con diversos premios, entre los que cuentan el Gran Angular en España, el Mirlo Blanco de Bolonia y el Banco del Libro de Venezuela.

Tiene también prólogos y anotaciones bibliográficas de importantes libros, como El mundo es ancho y ajeno, y siguió hasta los últimos días colaborando con el diario La República del Perú. Carlos Villanes Cairo se ha ido, pero no ha muerto, pues nos deja en un momento que ya todos reconocemos su estupenda pluma y lo seguiremos leyendo por mucho tiempo.

Descansa en paz, querido amigo.

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