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“Ricardo Palma se arriesgó para salvar libros”

La Republica
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Redaccionlr

Guillermo parvex. Escritor chileno ha publicado La muerte acampa en Chorrillos, crónica en base a apuntes del alférez Miguel Valera, quien, además de tomar Lima, fue el encargado de enviar libros a Santiago de la Biblioteca Nacional.

Estamos frente a frente, amigables, en paz, hablando de la Guerra del Pacífico. El escritor chileno Guillermo Parvex, invitado a la Feria Ricardo Palma, ha publicado La muerte acampa en Chorrillos (Ediciones B), una crónica en base de las anotaciones del alférez y abogado José Miguel Varela Valencia, quien formó parte de ejército chileno que tomó Chorrillos, Miraflores y Lima en 1881.

Como dice Parvex, una autobiografía de Varela escrita por él, con muchos pasajes que de algún modo pueden valer para precisar la historia y que en muchos casos podría herir las susceptibilidades de peruanos y chilenos.

Valera cuenta cómo fueron los hechos de la Biblioteca Nacional y la actitud desconocida de Ricardo Palma, como también las fechorías de los soldados chilenos en Chorrillos.

“Hay cosas que podrían molestar a muchos peruanos, pero también van a reconocer honestidad: el saqueo e incendio de Chorrillos. Valera reconoce crudamente lo que sucedió en Chorrillos. Lo cuenta con vergüenza y dolor”, dice Parvex.

Como soldados chilenos intentando violar a una peruana...

Sí, y los tuvieron que matar. Después él, como abogado y parte del consejo de guerra, al día siguiente, se fusiló a casi 180 soldados chilenos. Él lo cuenta con mucha vergüenza y dolor, pero lo cuenta. Creo que esa honestidad tiene un valor, que más que herir a los peruanos, creo que hiere susceptibilidades chilenas.

Valera dice que algunos historiadores chilenos omitieron decir que los soldados cantaron su himno nacional cuando ingresaron a Lima. ¿Cómo fue?

Los principales historiadores chilenos de la Guerra del Pacífico, que son Benjamín Vicuña Mackenna y Gonzalo Bulnes, siempre dicen que las tropas chilenas entraron en un respetuoso silencio para no alterar más la situación. Pero no fue así, Valera lo explica con mucho detalle y se cantó el himno chileno. Este libro ha roto mitos sobre la guerra.

Dice que las acciones peruanas se convirtieron en motor de las iras chilenas, ¿una confesión de crueldad?

Primero tenemos que remontarnos a la época. No solo era el tiempo, sino que estaban en guerra. Cuando muere el comandante Yávar, en Chorrillos, ellos se descontrolaron. Eso pasó también en Vietnam. Valera es honesto en contar las cosas como fueron y no disfrazarlas.

Valera también dice que fueron los peruanos quienes incendiaron y saquearon Miraflores.

Reconoce las atrocidades de los chilenos en Chorrillos, pero lo de Miraflores, relata, de lejos, que estaba siendo incendiado. No agrega más antecedentes. Ahora, el saqueo de Lima es indiscutible, porque las cartas que existen de los embajadores y el mismo alcalde de Lima, Torrico, ante los desmanes que se cometían, pidieron que la fuerza chilena adelante su ingreso. Igual que los soldados chilenos ebrios en Chorrillos, los soldados peruanos ingresaron y saquearon Lima, pero los principales saqueadores fueron los chinos, que tenían una adversión contra los peruanos.

A Valera le encargaron la Biblioteca Nacional. Narra que Ricardo Palma se presentó y le dijo: “Váyase con sus rústicos soldados y sus hediondos caballos”. ¿Pero se quedó para ayudar a clasificar libros para Santiago?

Se quedó no a colaborar, sino a tratar de salvar todo lo que podía. Es valerosa su actitud. Para Palma era mucho más cómodo irse a su casa y no correr riesgos. Palma tuvo una cordial enemistad con Valera. Los dos trabajaban juntos y, en el fondo, Palma le empezó a ordenar las cosas. Le decía que de esto hay dos ejemplares, “llévense uno, el otro queda”. Fue una valentía de Palma permanecer allí, no por congraciarse, sino intentaba salvar libros, el patrimonio. Estos enemigos conversaban mucho, porque los dos eran cultos. Valera no tanto como Palma.

Como enemigo, Valera revisaba la oficina de Palma y encontraba libros escondidos.

Sí, pero nunca se decían nada. Valera requisaba el libro, pero no se reprochaban. Eran dos personas cultas que se entendieron. Palma se quedó para salvar lo máximo y para saber qué se llevaron. Valera, después, le entregó la lista de los libros que llevaron a Santiago.

Llevarse la biblioteca fue un saqueo, ¿no?

No era un saqueo. Era una compensación de guerras, de acuerdo al derecho de la época. El saqueo es un delito. La compensación de guerras está en las leyes del derecho de gente, como el derecho internacional de hoy.

¿Irse con el tesoro cultural?

Es discutible. En esos años la literatura tenía gran importancia. No estoy de acuerdo, pero en esa época era otra visión. ¿Hoy qué se llevarían de un país? Maquinarias de industria.

Que Chile los devuelva.

Sí, yo creo que se va a devolver muy pronto. Son 600 a 1.000 libros que quedan. Los gobiernos actuales han entendido eso. Están haciendo devoluciones.

¿En Chile, el libro ha rectificado la historia de la guerra?

Sí, pero en cuanto a algunos pasajes. Insisto, el libro es un reconocimiento a cosas que la historia oficial chilena soslayaba. Soslayaba el saqueo, como lo dice usted; compensaciones, como lo digo yo, pero lo soslayaban, nunca se hablaba de eso. Creo que eso no le cae bien a algunos historiadores chilenos, sobre todo los académicos.

¡Le han rebatido?

No, pero yo sé por comentarios que no les parece bien ese reconocimiento, porque ellos dices que eso abre heridas con el Perú. Pero yo creo que la verdad cierra heridas en vez de abrirlas. Porque si nosotros estamos enojados y nos nos miramos o nos decimos mentiras, vamos a seguir enojados.