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Las gotitas respiratorias exhaladas aumentan por la COVID-19 y la obesidad

Frente a una tasa de mortalidad disparada en varios países del mundo, el control sistemático de la propagación de COVID-19 en el aire evitaría más pérdidas humanas.

La obesidad afecta a más de 1.200 millones de personas en todo el mundo. La situación ha empeorado con la llegada de la COVID-19. Foto: composición LR / EFE / National Institute of Allergy and Infectious Diseases—Integrated Research Facility
La obesidad afecta a más de 1.200 millones de personas en todo el mundo. La situación ha empeorado con la llegada de la COVID-19. Foto: composición LR / EFE / National Institute of Allergy and Infectious Diseases—Integrated Research Facility
Ciencia LR

Cuando la COVID-19 se une a otros factores perniciosos, incrementan las opciones de que la persona infectada requiera ingresar a una unidad de cuidados intensivos. Si bien la distribución de vacunas se está acelerando en todo el mundo mientras se aplican cuarentenas focalizadas, como primera medida que soporta el peso de la pandemia, las personas no deben cruzar los brazos y participar activamente en la reducción de riesgos.

En un nuevo estudio aprobado, que aparece en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America (PNAS), especialistas de la Universidad de Harvard, el Instituto de Tecnología de Massachusett, el Centro Nacional de Investigación de Primates de Tulane, entre otros, comprobaron que la variación en los tamaños de las gotitas respiratorias en las superficies de la mucosidad aumenta cuando la infección por COVID-19 prospera, se sufre de obesidad o se tiene una edad avanzada.

David A. Edwards, Dennis Ausiello, Jonathan Salzman y los demás investigadores involucrados en el artículo, subido este viernes 23 de abril, examinaron los aerosoles expulsados por individuos, con participantes elegibles de entre 19 y 66 años de edad, así como en primates infectados —experimentalmente— de SARS-CoV-2, para observar si el estado fisiológico hacía variar las exhalaciones.

Para ello, en primer lugar, se tomaron en cuenta 194 humanos voluntarios en dos sitios en Carolina del Norte (74 sujetos) y Michigan (120 sujetos). Durante cuatro días, los resultados se compararon a los obtenidos en ocho animales mencionados líneas atrás.

De 146 personas con registros completos, se averiguó que 73 de ellos (el 50%) con el índice de masa corporal (IMC) bajo o en niveles recomendados producían menos aerosol que las personas con obesidad y mayores a 26 años.

Respecto a los primates, se usaron dos especies: macaco rhesus y mono verde africano. “La producción total de partículas de aire exhalado comenzó a aumentar a partir de tres días o más después de la infección y continuó aumentando el día siete, y disminuyó a niveles esencialmente de referencia el día catorce en ambas especies”, se explica.

Los investigadores, más adelante, citan otro estudio alojado en la revista Molecular frontiers, del 29 de septiembre de 2020. Allí, “se informó el número de partículas de aerosol exhaladas de un sujeto humano infectado con COVID-19 entre 8 y 12 días después de los síntomas. Estos resultados se compararon con el número de partículas de aerosol exhaladas de tres miembros de la familia en cuarentena”, según el documento.

“La cantidad de aerosol exhalado parece ser no solo un indicador de la progresión de la enfermedad, sino también un marcador del riesgo de enfermedad en individuos no infectados. El monitoreo (como diagnóstico) también podría ser una estrategia importante a considerar en el control de la transmisión e infección de COVID-19 y otras enfermedades infecciosas respiratorias, incluidas la tuberculosis y la influenza”, agregan los científicos.

Frente a una tasa de mortalidad disparada en varios países del planeta, el control constante de la COVID-19 mediante su propagación en el aire evitaría más pérdidas humanas.

El estudio concluye en que la comunidad médica se ha concentrado en los medicamentos y las vacunas preventivas, pero será necesario darle prioridad también a controlar la desintegración de la barrera mucosa al tanto que se respira de forma natural.