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Mesas vacías, por Mirko Lauer

"Dialogar no solo no es pactar, además es buscar ventajas. Incluso cuando no se llega a acuerdos".

larepublica.pe
Lauer

Debemos entender que quienes no quieren acudir al Acuerdo Nacional están cerrados a la posibilidad de diálogo con el Gobierno. Su argumento es que Dina Boluarte debe desaparecer de escena. Pero ella parece igualmente cerrada frente a su propia desaparición. Esta es la política del impase, que no suele resolver cosas. ¿Qué hacer?

Dado que no se puede dialogar con quienes no quieren hacerlo, entonces se podría comenzar con los que sí están dispuestos. Esto no necesariamente significa una mesa única o un tema único. Por lo pronto se nos ocurren al menos dos. La clásica, con tutilimundi, y la de los recalcitrantes en la línea de nada con Boluarte.

Pero luego está el contexto. Al haber un partido de izquierda dispuesto a ir de la mano con el fujimorismo, cuya lista de muertes es mucho más larga que la de Boluarte, todo se empieza a relativizar. ¿En esto Perú Libre es una excepción? ¿O simplemente la vanguardia de un nuevo tipo de tolerancia? Quizás ninguna de las dos.

En un momento de los años 90 una izquierda sanmarquina ajena a la lucha armada no tuvo problemas en llegar a una cercanía de facto con un Alberto Fujimori imperial, para que Sendero Luminoso no les terminara de destruir el quiosco. Nadie se ha muerto por llegar a acuerdos prácticos para avanzar su ficha, o conservarla.

Quienes no quieren ir a diálogos en el espacio del Acuerdo Nacional donde esté presente el Gobierno van contra una larga tradición de mesas de diálogo reclamadas por ciudadanías con reclamos por todo el país. Algunas funcionan, otras no, pero la idea es siempre la misma: hablando se entiende la gente.

No sabemos cuán sincera o decidida es la mención del Acuerdo Nacional en el mensaje de Boluarte. Pero para quienes pueden ejercer la vocería de los dos momentos de protesta, quizás hay allí una oportunidad. Invitados como están, pueden no acudir; pero sí pueden organizar y presentar sus reclamos al poder central.

Digamos que, además de la cabeza de Dina, su Ejecutivo y el Congreso, las bases de las protestas tienen algunas demandas puntuales que los agitadores de las manifestaciones podrían transmitir hacia el cuerpo político del país. Dialogar no solo no es pactar, además es buscar ventajas. Incluso cuando no se llega a acuerdos.

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