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Despecho patriarcal, por Maritza Espinoza

“Para el feminismo milenial, la única razón de la vida, los afanes y el sufrimiento femenino siga siendo el amor de un hombre”.

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La venganza por despecho es la más triste e inútil de las venganzas. Si al objeto de tu despecho ya no le despiertas deseo alguno, ¿cómo lograrías herirlo? Si él o ella ya no sienten nada por ti ni por nada que venga de ti, lo más que conseguirás es inflar su ego. O provocar su repugnancia.

Lo curioso es que, por esos días, millones de feministas en el mundo han elevado el despecho de la cantante colombiana Shakira (expresado en una exitosísima canción) a niveles de auténtica reivindicación femenina. ¿Qué querían?, claman, ¿que se quedara calladita como ha hecho la mujer históricamente? ¿Que se dejara pisotear por el patriarcado? ¿Querían que el infiel se saliera con la suya?

¡Por supuesto que una mujer nunca debe quedarse calladita cuando le pisotean un derecho! Pero hablamos de derechos reales, como no guardar silencio cuando le impiden llegar a un cargo de poder solo por no ser hombre; o minimizar sus logros profesionales (a menudo sus propias compañeras); o cuando un jefazo se propasa bajo la amenaza de dejarla sin trabajo.

Ojalá escucháramos más gritos de despecho de mujeres por esos motivos. Y más portazos. Y más furias. Y más reclamos judiciales. Pero agarrarse de los pelos por la exclusividad de un macho no es en absoluto un acto reivindicativo, sino la más machista de las reacciones, una expresión del viejo androcentrismo que alimenta la idea de que una mujer sin un hombre está incompleta.

Dejar de ser querido por la pareja, algo que les ocurre a hombres y mujeres todo el tiempo, es doloroso. Y despecho femenino hay y ha habido en miles de letras de canciones, poemas y libros autobiográficos (como el recordado “Lo que Varguitas no dijo”, que escribió Julia Urquidi cuando el escritor la dejó por su joven sobrina Patricia).

Lo que no me cuaja es que, para el feminismo milenial, la única razón de la vida, los afanes y el sufrimiento femenino siga siendo el amor de un hombre. Es decir, patriarcado puro y duro.

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