Ríos quebradas, ¡Es mi Perú!

Jorge Bruce

Cuando Manuel “Chato” Raygada compuso este vals con valor de himno, no imaginó que su descripción de nuestro territorio e idiosincrasia ocultaba una oscura profecía. A lo mejor si añadía la palabra “huaicos” se hubiese ajustado a la realidad, pero eso hubiese estropeado el efecto aglutinante e idealizador. Ya si incluía “corrupción”, “falencias del Estado” o “irresponsabilidad cortoplacista” la canción jamás sería entonada en exaltadas celebraciones patrióticas  .

No obstante, es preciso reconocer que ante tanto sufrimiento, en particular de las personas más desprotegidas que en nuestro país son muchas, se ha suscitado una reacción admirable de solidaridad y empatía. Estos son los mejores antídotos contra la indiferencia, el odio o la intolerancia desde los albores de la humanidad.

Las FFAA, la PNP, los bomberos y Serenazgo están demostrando un compromiso que va a contribuir decisivamente a reparar su vínculo con la ciudadanía. Sobre todo para los dos primeros. El hashtag #UnaSolaFuerza, que era originalmente de las Fuerzas Armadas, ha sido adoptado por la mayoría de peruanos como un signo para unirnos ante el desastre.

Ya que estamos en el rubro mejoría de vínculos sociales, el Gobierno (no hay mal que por bien no venga) está demostrando una capacidad de trabajo y liderazgo que a todos nos ha sorprendido. Cuando parecían desconectados de lo que sucedía a su alrededor, ignorando a la política desde su sueño tecnocrático, los desbordes de los ríos parecen haberlos despertado de su letargo.

Nada de todo esto es suficiente, como lo vemos al escuchar los pedidos desesperados de ayuda de quienes lo han perdido todo y a quienes nadie llega. No es por desidia sino por incapacidad de acudir a todos los llamados. Y esta incapacidad es una de las principales lecciones de esta tragedia.

Pese a que con frecuencia nos dejamos invadir por el pesimismo –“el Perú nunca va a cambiar”–, de súbito vemos una corriente de solidaridad más potente que el más turbulento de los ríos escapando de su cauce. No obstante, seguimos eligiendo a alcaldes como el de Lima, cuya incompetencia e irresponsabilidad han sido brutalmente desnudadas por la naturaleza: todo el mundo ha visto en la caída del puente Talavera, que él prefirió llamar Solidaridad y pintarlo de amarillo, el gráfico más elocuente de una gestión corrupta y narcisista.

También la emergencia ha sacado lo peor de nosotros. Políticos empecinados en empañar la labor del Gobierno, haciendo ridículos simulacros de apoyo a los damnificados, poniendo su nombre en las frazadas como Keiko Fujimori o en un camión cisterna como Héctor Becerril. O acuñando hashtags infames como #DesgobiernoDeLujo o #PPKaos. O privados lucrando con el agua, los pasajes o los limones. O pidiendo que se privatice Sedapal en plena catástrofe hídrica.

Es hora de ayudar y es hora de pensar. Se pueden hacer ambas cosas a la vez.

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