Madre de Dios: La recuperación de la tierra

La minería del oro ha destruido hasta el momento más de 70 mil has de bosques en Madre de Dios. Ante esta situación, un grupo de instituciones peruanas y extranjeras se ha unido para desarrollar un proyecto que busca descubrir las mejores técnicas de recuperación de las áreas devastadas y para formar a los científicos locales que las pongan en práctica

Frances Cabanillas, del CINCIA, con tierra contaminada de La Pampa. archivo

Frances Cabanillas, del CINCIA, con tierra contaminada de La Pampa. archivo.

Expertos de CINCIA y de WWF Perú plantando árboles de shihuahuaco

Expertos de CINCIA y de WWF Perú plantando árboles de shihuahuaco. Foto: Renato Pajuelo.

Estudiantes de UTEC y de Harvard recolectan muestras de tierra en zona reforestada

Estudiantes de UTEC y de Harvard recolectan muestras de tierra en zona reforestada. Foto: Renato Pajuelo.

La mesa gravimétrica es una alternativa al uso del contaminante mercurio

La mesa gravimétrica es una alternativa al uso del contaminante mercurio. Foto: Renato Pajuelo.

 La minería ilegal ha llegado al borde de la Reserva de Tambopata

La minería ilegal ha llegado al borde de la Reserva de Tambopata. Foto: Renato Pajuelo.

Óscar Miranda
Kilómetro 107 de la carretera  Interoceánica Sur. Una moto de carga que lleva encima a dos periodistas, a dos especialistas ambientales y a un muchacho de la zona, a la sazón el guía del grupo. La moto que se interna en una trocha en la selva, que se abre paso entre la vegetación y los árboles...
 
 
Y, de pronto, la inmensidad.
 
Un desierto que parece no tener fin. Con pozas tan grandes como campos de fútbol, repletas de aguas tóxicas, en las que pequeños hombres con el torso descubierto manipulan máquinas con las que buscan el preciado mineral: el oro.
 
Un espacio desolador.
 
Un paisaje lunar.
 
–Esto es Mad Max– dice France Cabanillas, experto del Centro de Innovación Científica Amazónica (CINCIA).
 
No, esto no es Mad Max. Esto es La Pampa. Exactamente la zona de "Pacayo", a solo 15 minutos en moto de carga de la Interoceánica, en plena zona de amortiguamiento de la Reserva Nacional de Tambopata. "Pacayo", la explotación de minería ilegal más cercana al pueblo asentado al borde de la carretera, a la que siguen "Rosita", "Hilaria" y, más allá, "Mega 11", "Mega 12", "Mega 13", "Mega 14" y "Mega 15" y, aun más al fondo, "Peña" y, desde el año pasado, "Malinowski", en el borde mismo de la reserva.
 
"Pacayo", el inicio de otro mundo.
 
France Cabanillas camina hasta el borde de una de las pozas de explotación. Se agacha y coge un puñado de tierra. Es una tierra ocre, seca, floja. Excepto por algunos escasos brotes de hierba mala, este es un arenal yermo, sin vida.
 
Le pregunto si esta zona y todas las otras que han sido devastadas por la minería ilegal se pueden recuperar, si los árboles volverán a crecer en ellas. Me dice que sí. Que se requerirá investigación y recursos y también la intervención del Estado, pero que esta tierra, estos campos destruidos, pueden recuperarse.
 
A pesar de todo, hay futuro.

Innovación en la selva

Hace un siglo ya había hombres buscando oro en Madre de Dios, en el río Colorado. Pero fue en los últimos 20 años –sobre todo, en la última década– que la minería aurífera se expandió frenéticamente por todo el departamento, arrasando con los bosques y con la vida que en ellos habitaba.
 
El ecólogo Luis Fernández, miembro del Departamento de Ecología Global de la Universidad de Stanford, calcula que la minería ha destruido hasta el momento más de 70 mil has de bosques en Madre de Dios.
 
Fernández lideró varias de las investigaciones que se hicieron en los últimos años en la región sobre la contaminación causada por el mercurio. Con esta experiencia, él y otros investigadores locales, como César Ascurra, se propusieron crear un instituto que investigara estos dos graves problemas: la destrucción de los bosques y la contaminación.
 
El resultado fue el Centro  de Innnovación Científica Amazónica (CINCIA), inaugurado en abril de 2016. Fruto de la alianza entre la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y la Universidad de Wake Forest (Carolina del Norte), con la colaboración de instituciones como WWF Perú, la Universidad de Ingeniería y Tecnología (UTEC) y  el Instituto de Investigación de la Amazonía Peruana (IIAP).
 
El propósito de CINCIA no es solo la investigación. Otro de sus objetivos es formar a científicos, naturales de Madre de Dios, que puedan trabajar codo a codo con los extranjeros que eligen esta región tan compleja y biodiversa para desarrollar sus investigaciones.
 
Ellos, los nuevos científicos, probablemente alumnos de la Universidad Nacional Amzónica de Madre de Dios (UNAMAD), deberán ayudarlos a responder algunas de las preguntas que Fernández y su equipo se vienen haciendo desde hace algún tiempo.
 
¿Qué hacer con las 70 mil has de Amazonía destruidas? ¿Están envenenadas? ¿Se pueden reforestar? ¿Qué especies plantar? ¿Qué cultivos sembrar? ¿Cuánto tiempo se puede acelerar la recuperación?

Por una minería verde

–Piensa en tu jardín– me dijo Fernández el primer día que llegamos a Puerto Maldonado. –Imagina que con una pala sacas todas las plantas, sacas todo el material orgánico, hasta que solo quedan rocas. Déjalo a la lluvia y a la intemperie. Y encima, echa veneno, que en este caso es el mercurio. ¿Qué va a pasar? Que en tu jardín no va a haber mucha vida. Ahora, amplifica eso a más de 70 mil has.
 
Eso es, a grandes rasgos, lo que ocurrió con gran parte del suelo de Madre de Dios. La minería aluvial del oro necesita remover grandes cantidades de tierra para encontrar el metal. En ese proceso, la capa superficial de suelo en donde se concentra el material orgánico, el llamado Top Soil, se pierde. La tierra queda seca, sin vida. Como en La Pampa.
 
Pero sucede que hoy estamos en una concesión minera en las afueras de Mazuco, a 170 km de Puerto Maldonado, en donde están haciendo las cosas de manera diferente.
 
En este lugar, antes de explotar un pedazo de terreno, los mineros retiran el Top Soil con retroexcavadoras, cuidadosamente. Lo guardan. Una vez que culminan la explotación, lo colocan de nuevo. Y siembran encima especies nativas como la caoba, el cedro, el pachaco y el pacae.
Ese procedimiento tan simple –que usan todas las mineras formales en el cierre de mina– hace que los terrenos donde se practicó minería aluvial se recuperen mucho más rápido.
 
Ahora vemos una parcela que fue explotada hace tres años y reforestada hace dos. Los árboles ya se elevan varios metros sobre el suelo. Han crecido ceticos, topas y shilcas de manera silvestre. Según Francisco Román, director científico de CINCIA, un terreno afectado por la minería aluvial podría recuperarse completamente recién al cabo de cien años. Con esta técnica, el tiempo se reduce a la mitad.
 
Esta concesión también es un modelo por otro motivo: aquí no se usa mercurio para obtener el oro de la tierra. Lo que usan es una máquina llamada mesa gravimétrica, que con sacudidas a velocidades y espacios determinados, permite separar las partículas del oro de otros metales pesados. Desde el año pasado, las mesas gravimétricas han comenzado a darse a conocer entre los mineros informales de zonas como Huepetuhe y Mazuco. Según France Cabanillas, sus costos pueden fluctuar entre los 3 mil y los 20 mil dólares. Es una inversión que vale la pena.

El uso del carbono

La preservación del Top Soil parece una técnica que debería masificarse entre los mineros de Madre de Dios, y sí, debería serlo. El problema es que –como dice Francisco Román– los artesanales no tienen dinero para adquirir la maquinaria pesada que se necesita para remover la tierra.
 
¿Qué hacer en esos casos? Una opción que el CINCIA está estudiando es el uso de biocarbono mezclado con fertilizantes naturales. El biocarbono aporta humedad, oxígeno, crea un microclima en el que los microorganismos pueden vivir. En febrero, el CINCIA pondrá en marcha su propia planta de producción de biocarbono. De inmediato empezará a hacer las pruebas en las 42 has de terrenos que mineros informales de seis distritos les han cedido para ese fin.
 
La otra tarea, por supuesto, es la capacitación. Durante estos días los expertos del CINCIA y del IIAP han guiado  a un grupo de estudiantes de la UTEC y de la Universidad de Harvard por campos anteriormente explotados por la minería informal e ilegal. Los chicos han recogido muestras de suelo, de agua y de peces, que analizarán en sus respectivos centros de estudios. Al cabo de unas semanas, formularán aportes para acelerar la recuperación de los suelos y enfrentar la contaminación.
 
–Nosotros no vamos a reforestar– precisa Luis Fernández. –Nosotros somos científicos. Lo que hacemos es generar información para que sea usada por las personas que toman las decisiones: los políticos.
 
Los problemas en Madre de Dios son complejos, pero las preguntas principales ya se están comenzando  responder. A pesar de todo, hay futuro.

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