Rafael García Maldonado: "La literatura nace de una inconformidad con el mundo"

El escritor español conversó con La República.pe sobre su último libro: "Tras la guarida". 

20 Ene 2016 | 11:00 h

Lo que permite escribir es todo lo que hemos leído y vivido, dice Rafael García Maldonado. El escritor español publicó su última novela, "Tras la guarida", en 2015. Un texto de muchas interrogantes sobre el asesinato de Javier Aviraneta, un personaje de ficción situado dentro de un contexto convulso como la España de Franco. Es una novela que tiene encajes sentimentales. A veces depende de la nostalgia, otras veces de la fuerza, del sufrimiento, del caos y de la indiferencia. Es una historia que va encontrándose con otras historias en el camino. 
 
Hay una línea de tiempo en toda la historia, o en las pequeñas historias, que se van juntando como piezas. ¿Ha sido lo que en un principio te planteaste? 
 
Bueno, en parte. Tras una primera novela muy larga, realista y con tres historias que confluían al final, quería intentar otra cosa, hacer una novela con más estilo, donde intenté un relato con técnicas complejas de narrativa y saltos en el tiempo: monólogos interiores, etcétera.  
 
Sí. Aunque la historia tiene pocas páginas, la complejidad es mayor. Lo único que existe es Majer. ¿Cómo construir una historia cuando los personajes son "vagamente inspirados en la realidad"? 
 
Sí,  Majer, mi territorio mítico,  donde quiero desarrollar una serie se novelas a caballo entre la realidad y la ficción.  Decía Ismael, el narrador de Moby Dick,  que sólo los territorios inventados existen realmente. En Majer puedo hacer lo que quiera, y nadie va a decirme que un personaje es este o aquel y que algo no ocurrió,  etc. La historia llegó por casualidad, en Sevilla, en el pueblo de mi mujer.  Al menos en mi caso, siempre me inspiro en lo que leo y vivo.  Creo que no se puede poner en los folios lo que uno no tiene. Yo, si tengo algo, son lecturas y experiencias.
 
Y hasta a veces muy poético. En la página 21, hay un dos líneas que me sorprendió:  "La vida, tal como lo veo en la calle, sigue su camino inexorable, que noto, de cuando en cuando, al mirarme en el espejo del retrete". Eso es lo que has vivido, ¿no? 
 
Bueno, no es que lo haya vivido exactamente, pero tengo la facilidad de ponerme en el lugar del otro, de un anciano en este caso. Eso es empatía, supongo. Mi trabajo me ayuda a saber cómo se siente alguien que es viejo o que está enfermo. Esta novela tiene un toque poético, ciertamente. No ha sido buscado, pero salió así. La historia, a veces te va diciendo por dónde seguir y con qué estilo escribirla.  Yo, cuando la comencé, sólo quise probar si sabía escribir al estilo de mis mitos: Onetti y Faulkner, entre otros. Pero la terminé.
 
Alguna vez se lo pregunté a un escritor. Me refiero a encarnar un personaje. Es toda una preparación, casi como la de un actor, solo que tú estás escribiendo. 
 
Claro, te multiplicas y en parte estás o eres todos los personajes. Es fascinante pasar unos meses, unos años, con una historia en la cabeza.  Haces tu trabajo y te sigues relacionando, pero tu cabeza está en la novela. Flaubert, el gran escritor francés del XIX, decía que Madame Bovary era él.
 
Y que el Bovarismo era no estar contento con la realidad. ¿Concuerdas con él?
 
Sin duda. La ficción, la literatura, nacen de una inconformidad con el mundo.  La narrativa, la poesía y en general las artes las utilizamos para transformar la realidad en otra más soportable y bella. Yo uso la literatura como analgésico en parte. Para transformar mi vida en muchas otras, mejores y más llenas. Yo leo y escribo para darle unas dimensiones convenientes a la existencia. 
 
Y en ese barco van tus personajes. Las cartas de Martín al vacío, a lo que no volverá, es ese lado que muchas veces no vencemos con facilidad. La vida se hace insoportable. 
 
Martín, y mis personajes principales de lo que escribo, son el mismo. Son personas muy escépticas, leales y luchadoras, que aunque saben que su mundo se derrumba siguen peleando con esperanza. Me gusta mucho esa palabra, esperanza. Sin ella, sin su sentido abstracto, no se puede vivir. La literatura para mí es esperanza, es belleza y es una ilusión constante. 
 
Voy a citar un párrafo y tú me dirás qué tanto te costó realizarla. "Te acabas de marchar y ahora estoy aquí, ocupando tu mesa, intentando oler tu rastro, tu perfume, que ahora sé que no has cambiado, tocando tu taza, rozando con los dedos el borde en el que has puestos los labios que un día, hace ya mucho, fueron míos". 
 
No podría decir cuánto me costó,  supongo que lo rehice unas pocas veces. Habla alguien enamorado, obsesionado más bien, y quién no lo ha estado alguna vez. Por eso digo que sin vivir y leer no se puede escribir. Yo empecé a los 30 años, cuando había leído ya mucho y había olido rastros de perfumes de varias mujeres. Supongo que me entiendes.  Hay que ser, como dice Pérez- Reverte, puta antes que monja. 
 
Sí, esa frase me ha rondando en la cabeza cuando pensaba en la historia. Y justamente, en la página 85, hay una pregunta que es muy Pérez-Reverte: "¿Esto, lo que tenéis montado aquí, es la nueva España?". Ha sido maravillosa. 
 
Risas. Sí,  había que poner un malo, un malo malísimo, y el presidente de la Diputación ha pagado el pato. Es un degenerado que no entiende la compasión, ni la música, ni la camaradería y la charla en un burdel como era la Fábrica, en Majer. Es una metáfora,  claro, de aquella España de toreros, charanga y pandereta que duró demasiado tiempo, y a la que ese personaje corrompido en su totalidad representa. 
 
Es una España en tiempos de Franco. Tenía que tener ese tinte. Pero también es un traslape histórico, porque de 1944 pasas a 1988. Es muy interesante. 
 
Sí,  empiezo y termino en 1988, con una entrevista de un hombre maduro a dos ancianos.  Un hombre que va en busca de algo, de un secreto ocurrido en 1944, y que a él,  que es el trascriptor de la historia, nadie la aclaró nunca. Ese secreto es el por qué de la desaparición repentina de Javier Aviraneta, alcalde de Majer hasta los comienzos de la guerra civil. Nadie nunca supo qué ocurrió con él,  nadie lo vio más ni vio su cadáver.
 
La desaparición, una palabra que guarda muchas historias en España, es la incógnita generalizada de un pueblo. Sentí un poco del polvo de la guerra, contada desde el desgarro. 
 
Sí,  es muy difícil que un español que escriba novelas no toque de alguna forma ese tema. Mis dos abuelos estuvieron en el frente, fue una guerra atroz que enfrentó a vecinos y hermanos, y es algo que en España no acaba de cerrarse del todo. Los historiadores todavía no se ponen de acuerdo, imagina los que lo vivieron en directo o muy cerca. A los que no lo vivimos nos pasa como.con.el nazismo, es tan inexplicable y duro que acaba atrapando al contador de historias. Pero esta no es una novela sobre la guerra civil eapañola, es más bien sobre la posguerra, que fue casi peor. 
 
Claro, el paso de los nacionales, por ejemplo. ¿Crees que la verdad todavía no esté bien contada en España? 
 
Creo que España no acaba de asumir parte de la realidad. España es un país muy extraño, ya los romanos hablaban de la violencia de los de Hispania. Somos víctimas de siglos de oscuridad, somos ese sur de Europa que eligió en el concilio de Trento un Dios malvado y que exigía misas, en vez del Dios del trabajo y la conciencia individual que eligió el norte de Europa, y eso se acaba pagando. Muchos siglos de inquisición, élites políticas infamea, analfabetismo, etcétera. España ahora es un gran país, pero tenemos una herencia maldita en el ADN que  no nos deja sacar la cabeza del agujero definitivamente. Hablo de Trento, pero también nos fuimos al carajo en la ilustración y con la República. 
 
Es ese pasado que nos encadena, como diría Flaubert. Y claro, el futuro que tortura. ¿Cuál es la vía por la que atraviesa la literatura en España?
 
La literatura en España está en un buen momento. Hay autores excelentes tanto consagrados como jóvenes, en ficción y no ficción. Por si fuese poco remonta el numero de librerías que abren. Yo creo que en España no se lee demasiado, pero los que lo hacen lo hacen compulsivamente. El reto es saber crear nuevos lectores, de qué manera le decimos a los críos que cambien los videojuegos por los libros. Pero vuelvo al principio: en esto también tengo esperanza. 

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