Guillermo Guzmán Manzaneda en el Instituto Riva Agüero. Recordado pintor huancaíno se adentró en la fe y costumbres de la gente del Valle del Mantaro. Pedro Escribano. Esta nota no es una biografía. Tampoco una valoración crítica. Es una simple invitación a conocer los trabajos de un buen pintor huancaíno que junto a Hugo Orellana y Josué Sánchez recreó la vida y la belleza del Valle del Mantaro. Observamos por primera vez originales de los Cristos de Guillermo Guzmán Manzaneda en la casa-museo del desaparecido pintor Juan Manuel Ugarte Eléspuru. Los volvimos a ver en una de las salas de la muestra “El legado huanca” que se exhibe en el Instituto Riva Agüero. No contentos con los 11 cuadros que allí se exhiben, buscamos a Sonia Guzmán, sobrina del recordado artista. Allí se completó el milagro: hallamos, entre otras pinturas de diversas temáticas, otros Cristos. Reparamos una vez más en la fuerza y la luz de la pintura del maestro, sus gruesos empastes sobre el yute como quien procura un altorrelieve de la escena, paisaje o del cuerpo que pintaba (sus Cristos). Guzmán refiere que su tío era un peregrino: “Para él cada pueblo tenía su propio Cristo, por eso iba de pueblo en pueblo a pintarlos. Ahí están”. Este es el origen de los Cristos de Guzmán Manzaneda, el pintor que llegó a venderle acuarelas a Walt Disney cuando el productor vino a Lima, y también a Samuel Hughes (EEUU), uno de los poderosos del petróleo. Guzmán Manzaneda nació en Huancayo en 1912. Estudió en los años 30 en la Escuela de Bellas Artes, donde tuvo como maestros a José Sabogal y Julia Codesido, que marcaron su tendencia indigenista. Su vida, según Sonia Guzmán, fue bohemia, pero sin mares de alcohol. Era diabético y se cuidaba. Era alto y lucía sus bigotes a lo Dalí. Murió el 15 de junio de 1986 y no hubo Cristo que lo salve. Una pulmonía lo mató. El dato Muestra. Algunas pinturas que mostramos se exhiben en el Instituto Riva Agüero (Jr. Camaná 459, en el Centro de Lima); otras son de la colección de Sonia Guzmán.