El virus del autoritarismo en la política

El coronavirus como biombo del autoritarismo en el país.

Augusto Álvarez Rodrich.
28 Mar 2020 | 6:23 h

Junto al populismo económico, otro virus que amenaza al amparo del coronavirus es el autoritarismo político, una antigua adicción peruana.

Una expresión de esa vocación autoritaria es el enorme entusiasmo despertado por las cachetadas que el capitán EP Cristian Cueva le propinó a un muchacho irresponsable que, de manera ilegal, estaba fuera de su casa, en Sullana, durante el toque de queda, pero que, sin embargo, estaba totalmente rendido ante este militar que, literalmente, decidió perdonarle la vida.

El comando conjunto de la fuerza armada emitió, inmediatamente, un comunicado deplorando esa actitud, pero la evidencia de que solo fue ‘un saludo a la bandera’ fue la declaración, poco después, del responsable de esa instancia militar, el general César Astudillo: “El capitán Cueva no fue retirado del ejército, solo del patrullaje, lidiar con estos bellacos es difícil, en la calle algunos se creen machitos”.

La creencia de algunos militares de que la mejor manera de ‘resolver’ un lío es a golpes, coincide con que mucha gente valida esas actitudes, lo que se refuerza en momentos de ansiedad social como ahora con el coronavirus, algo que, además, explica la tolerancia al abuso y el maltrato infantil y femenino.

Una encuesta de Datum de junio de 2017 dio cuenta del incremento notable de los peruanos de tendencia autoritaria, que llegaron a 46%, un crecimiento de diez puntos frente a 2016.

Son gente que se identifica con la definición de autoritario del test de Nolan: que creen que el estado debe regir sobre todas o casi todas las cuestiones, anteponiendo siempre el bien común al individual, como ‘prohibir la difusión de ideas erradas que manipulen’ o ‘controlar la homosexualidad’.

Es gente que, en general, no confía en la democracia, y que está dispuesta a sacrificar las libertades individuales con tal de ‘solucionar’ todo problema.

Eso está pasando en muchas partes, lo que explica el respaldo a Jair Bolsonaro, Donald Trump, Daniel Ortega, Vladimir Putin o Nicolás Maduro, quienes aprovechan los problemas económicos o de alta inseguridad.

Esa vocación autoritaria se puede agravar este año en el Perú en medio de la ansiedad y el malestar social y protesta por la pandemia del coronavirus.

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