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Antonio Zapata: “Una gran fuente de inestabilidad de este Gobierno es el Ejecutivo”

El historiador y analista político señala que el presidente Pedro Castillo no ha podido formar una coalición “que lo sostenga en el Congreso” y podría ser vacado “sin haber generado algún movimiento”.

Alerta. Zapata señala que si bien se requieren reformas urgentes que ameritarían una asamblea constituyente, no puede convocarse ya, sino preparar un camino previo debatiendo temas. Foto: Gerardo Marín / La República
Alerta. Zapata señala que si bien se requieren reformas urgentes que ameritarían una asamblea constituyente, no puede convocarse ya, sino preparar un camino previo debatiendo temas. Foto: Gerardo Marín / La República
María Elena Castillo

El historiador Antonio Zapata señala que Pedro Castillo llegó con pocas expectativas a la Presidencia, pero era muy simbólico que el año del bicentenario de nuestra independencia un profesor rural llegue al poder. Refiere que, lamentablemente, los primeros cinco meses de su gestión han sido negativos, pero aún está a tiempo de mejorarla.

¿Cuál es su balance sobre los cinco meses de la gestión de Castillo, que pudo acabar en una vacancia?

Negativo. Ha hecho poco en términos de gestión, no ha formado una coalición política que lo sostenga en el Congreso, por lo que corre el riesgo de ser vacado sin haber generado algún movimiento, sin haber promovido la economía popular de una manera significativa.

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¿Se esperaba mucho de él, pues desde que entró se sabía que no tardaría en ser vacado?

En el sistema electoral de dos vueltas, no solo en el Perú, sino en todos los países donde existe, llega a segunda vuelta la gran mayoría de la gente con un voto negativo. O sea, quién no quieres que salga, y das el voto al otro. Así es el sistema. Solo cerca del 19% que sacó en primera vuelta Castillo son los que realmente apuestan por él, y luego el crecimiento que logró al 50% y un poquito más se dio en el contexto de la competencia en segunda vuelta, que no querían el retorno de la familia Fujimori, a través de Keiko. No había tanta expectativa en él tampoco, por lo tanto, no es que haya habido una gran decepción. Pero tampoco hubo gran ilusión por los anteriores. Keiko ha perdido tres elecciones seguidas, primero con un militar, luego con un empresario y ahora con un profesor rural, con casi todos los perfiles. Entonces, no hubo una gran expectativa, tal vez un poco por Ollanta, pero no tanto por PPK ni por Castillo.

Tres elecciones seguidas con un alto antivoto y sin ilusión. ¿Por qué llegamos a esta circunstancia?

Un tema que subraya Alberto Vergara en una entrevista a La República es la baja calidad de la clase política, todos son unos enanos, es la interpretación. Y es verdad, pero además, creo que hay dos temas extras. Uno es que las reglas de juego son bastante mal hechas, y que pudo cambiarse con la reforma política propuesta por el equipo que lideró Fernando Tuesta, pero que pasaron unas y otras no. Nuestro sistema de elección promueve que un clásico del Perú sea la competencia Ejecutivo-Legislativo. Ocurre que el Legislativo sale de la primera vuelta, y el Ejecutivo de la segunda, y entonces, hay un sistema híbrido, mal hecho que da como resultado que, con mucha frecuencia, el Ejecutivo no tenga mayoría, y la incapacidad de hacer coaliciones lleva a gobiernos tan débiles como los últimos tres que hemos tenido. Y hay un tercer tema, que más bien está en el terreno de lo social y es que los grupos sociales no tienen hegemonía, no tienen un proyecto propio. En el caso de las élites son bien egoístas, han velado por sí mismas y no tienen mucho crédito, y los sectores populares están desorganizados, y más bien hay una ideología del emprendedor, que es individualista, en la que cada quien trata de salir adelante por sí mismo. Esa ideología es masiva en el Perú de los 90 para adelante y ha llevado a la desorganización de los actores del sector popular. Ese es el tema de fondo. No hay una hegemonía social en el Perú.

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¿A estas alturas, el Gobierno puede hacer algo para cambiarlo?

Estar en el Gobierno es una oportunidad, que parece será perdida, pero aún se podría hacer algo para crear una coalición desde la política y la sociedad. Puede establecer desde el Estado la generación de una coalición en vez de estar peleando todo el día sobre caviares y no caviares. Si quisieran hacer algo sensato desde el Gobierno, es crear una coalición social y política que adopten algunas reformas indispensables, que tengan sentido para los sectores populares, como que mejoren su economía, que les den oportunidades, cosa que no está pasando. En estos cinco meses no se ha dado ninguna medida que realmente haya mejorado la situación de los trabajadores.

Hace unos meses sostuvo que este Gobierno podría mantenerse si actúa pensando en los pobres, que su respaldo ha bajado según las encuestas. ¿Por qué no lo está haciendo?

Como se pasan el tiempo en peleas, no se logra la mínima estabilidad. La característica número 1 de este Gobierno es la inestabilidad y una gran fuente de ello es el Ejecutivo. Justo el día en que se trata de arreglar el conflicto del corredor minero del sur, se habla abiertamente de que se cambiaría al 50% del gabinete. Entonces, el presidente es una gran fuente de inestabilidad de su propio gabinete, les quita el piso. Es cierto que el Legislativo tiene también muchos yerros, pero en este punto es el Ejecutivo en trompo.

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Algunos analistas dicen que el presidente se dispara a los pies. ¿Coincide con esa figura?

Procede con una lógica derivada de su trayectoria, y que no encaja con las labores de Estado o más políticas. Es una trayectoria de un dirigente sindical de mando medio, porque tampoco ha sido a nivel nacional, no es uno de esos sindicalistas de antaño tampoco. Y como estamos viendo, son muy importantes para él las relaciones de compadrazgo, de paisanazgo. Para explicar un poco ese funcionamiento, las categorías de los antropólogos sirven para entenderlo más que la ciencia política. Pero ese funcionamiento está lejos de las responsabilidades que corresponden a administrar el Estado. Entonces, el rumbo es errático.

Y a esto se suman las denuncias de presiones para los ascensos en las Fuerzas Armadas, las reuniones en la casa de Breña y las irregularidades en la licitación de Petroperú…

Y los 20 mil dólares en el baño de su entonces asesor... Hay como una reproducción a menor escala. Si en la época Toledo eran 20 millones de dólares, ahora son 20 mil dólares. No es más que un cambio de escala de las mismas prácticas como patrimonialistas. Esa categoría de la política, de un gobernante que patrimonia el Estado, ha cambiado de escala, pero parece sobrevivir.

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A pesar de que Castillo no era el candidato ideal, se pensaba que por ser un profesor, una persona humilde, del campo, tendría otra actitud...

El poder simbólico que estás mencionando era muy elevado. Efectivamente, en el año del bicentenario que llegue un profesor rural era como una reivindicación de la sierra, indígena. Traía como una promesa de la reconciliación del Perú con sus orígenes, pues en el año del Bicentenario llega finalmente al poder gente que proviene del campo. Es, claro, un elevado poder simbólico, y eso es lo que lo mantiene hasta ahora, aunque se ha desdibujado, como dicen las caricaturas ahora, se ha vuelto como gris. Pero ese es el poder que tiene y lo viene malgastando, generando una gran inestabilidad. Y eso es evidente que impide una buena gestión.

De otro lado está el Congreso que se ha centrado en temas políticos como la vacancia y en restar poder al Ejecutivo, y casi no ha dado normas a favor de la población...

El resultado está en las encuestas. En la del IEP, el presidente tiene 65% de desaprobación y el Congreso 75%. Jalados están los dos poderes y por mucho. Y hemos hablado del Ejecutivo bastante para ver cuán merecido está ese resultado. En esa encuesta, más de la mitad de los que se consideran de izquierda desaprueban al Gobierno, a solo cinco meses.

Riesgo. Tenemos un Congreso con mucho poder, que deja al Ejecutivo sin capacidad de veto en la práctica, advierte Zapata. Foto: difusión

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Tenemos un sistema presidencialista, en que el Congreso tiene más poder real que el Ejecutivo, pues si este le observa una ley, la aprueba por insistencia y listo. ¿Ha habido alguna circunstancia similar?

Las leyes peruanas son más pro Congreso que la mayoría de las constituciones que hay en otros países latinoamericanos. Por ejemplo, en todas hay la posibilidad de que el Congreso promulgue una ley cuando el presidente no la quiere firmar y la devuelve, pero las condiciones para obtenerla en el Perú son muy fáciles: por mayoría simple, y en todas partes es por mayoría calificada, y en algunas muy elevada. Tienes un Legislativo con mucho poder, y en términos reales, no existe un veto del Ejecutivo. También sobre la vacancia. A Vizcarra lo vacaron por denuncias de cuando era gobernador regional de Moquegua sobre una obra trucha y el cobro de una coima. Puede ser culpable, pero en ese momento no se había probado y a estas alturas ni han avanzado las investigaciones. En cambio, al revés, el Ejecutivo para disolver el Congreso necesita que dos veces le niegue la confianza, y las razones para ello se han reducido. El Congreso tendría que suicidarse primero para ser disuelto, en cambio basta una mayoría y te tiras abajo al Ejecutivo. Estamos en un régimen híbrido, presidencialista parlamentario con tremendo poder de este último. Esa es una de las causas de la inestabilidad. La reforma Tuesta iba a tratar de organizar el aparato del Estado de una manera más racional, pero se quedó mal organizado. Y eso mismo justificaría una asamblea constituyente.

¿Considera que debe haber una constituyente ahora?

Para que sea una constituyente que ordene el país y tenga una perspectiva de duración, se requiere un proceso. No se trata de convocar a elecciones hoy, porque saldrán los mismos congresistas, y harían una Constitución tan mala o peor que la del 93. Para que salga bien hay que trabajar varios temas: qué harías con el Estado, con las empresas públicas, etc. Se debe ir discutiendo los temas para que una asamblea constituyente tenga sentido, pero así en frío, no. Tienes que cambiar la correlación de fuerzas a través del debate de temas para que finalmente haya una constituyente, como ha ocurrido en Chile, que se hizo después de diez años de ir calentando el ambiente.

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Hace poco en su columna señaló que el Perú del bicentenario no está definido por promesas incumplidas, sino por conflictos sin resolución. ¿No hay muchas expectativas para el próximo año?

Lo mejor que puede pasar es que el próximo año se acabe el covid. La variante ómicron está expandiéndose, pero pareciera que contagia más y mata menos, y así es como terminan las pandemias. Esta no es la primera gran epidemia que ha habido; todas comienzan y terminan. Ninguna epidemia se ha mantenido 10 años, 20 años. Mi expectativa para el próximo año no es que mejoren los políticos, sino que por lo menos acabe la pandemia de covid.

Una coalición no solo es política sino con sectores sociales

Se esperaba que por su experiencia en el Congreso la premier lograra acercamientos con otras fuerzas políticas y ayudara a resolver los conflictos sociales. ¿Cómo evalúa su labor?

Me parece que es de lo mejor que está en el Gobierno, pero pienso que el presidente le ha restado piso varias veces; le ha quitado la alfombra, por ejemplo, cuando el presidente citó a conversar a los exministros de Economía y ella no estaba, ni tampoco el actual ministro de Economía. Ellos ni sabían. Con ese tipo de actitudes, es como hacerle ver que no es importante. Y si el presidente te quita el piso, cualquiera pierde poder. En alguna entrevista en televisión la he visto cansada.

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¿Debió renunciar cuando se supo de las reuniones en Breña, las presiones para los ascensos o lo de Petroperú?

Eso depende de una evaluación de coyuntura. Tienes que medir lo que estás diciendo ante una oportunidad de salir dando un portazo alrededor de un tema como la corrupción, que siempre es un motivo mayor en el Perú, y marcar una línea como Francisco Pizarro. Esa es una opción. Y la otra es medir qué pasa si yo me voy. O sea, si estoy aquí y puedo hacer algo, o si no para el país sería pésima, entonces, piensas que me tengo que tragar un sapo para dar un mínimo de estabilidad porque si no el país empeoraría. Habría que estar en la situación.

Usted sugiere que Castillo haga una coalición. ¿Con quiénes además de la izquierda? ¿Acción Popular? ¿APP?

En la historia reciente se ha visto que confiar en APP ha sido un error. Por eso una coalición no solo puede ser política, debe ser sobre todo con sectores sociales a los que organizas. Pero nada de eso hay. Se anuncia, por ejemplo, una famosa segunda reforma agraria, pero ¿se ha producido un proceso organización campesina? ¿Están organizando algún congreso? ¿Hay líderes planteando problemas agrarios en el centro de la agenda nacional? No. Y eso es solo un ejemplo. Si eres gobierno tienes la posibilidad de organizarlos y aplicar políticas públicas que realmente mejoren la economía popular. Esa es la forma de hacer una coalición que al Congreso le ponga ciertos parámetros.

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Como cuando la sociedad civil salió a marchar porque el Congreso hizo la repartija o contra Merino...

Defender y protestar es más fácil. Aquí lo que tienes es una responsabilidad de hacer algo para sacar adelante temas en favor de la población y no de los pequeños grupos intermedios.