Otra tesis tramposa del fujiaprismo

Augusto Álvarez Rodrich.
21 Jul. 2019 | 05:11h

Un argumento recurrente y tramposo del fujiaprismo para desprestigiar a sus críticos es responsabilizarlos por las fechorías de presidentes que apoyaron como candidatos.

Lo han repetido en la visita reciente al país de Mario Vargas Llosa, ‘acusándolo’ de ayudar a que personas como Ollanta Humala, Alejandro Toledo o Pedro Pablo Kuczynski llegaran a Palacio, al igual como lo hacen con el sector antifujimorista al que llaman, despectivamente, ‘caviar’, y que comprende la gran confluencia que ha ganado todas las elecciones recientes por su oposición a la autocracia y a la corrupción.

Pero lo cierto es que el entusiasmo por la corrupción no tiene que ver con el respeto o desacato a las reglas democráticas pues todos los presidentes del pasado reciente están siendo procesados, ya han sido condenados, o eludieron la detención con el suicidio.

Es la penosa constatación de que muchos que llegan a ser autoridad elegida –nacional, regional o distrital– seguramente lo hacen para ayudar a los ciudadanos, pero, también, para robar.

La tesis fujiaprista de responsabilizar al que votó por alguien que después se volvió corrupto es tramposa.

Primero, un voto tiene responsabilidad limitada: es solo para decidir quién gana y no implica un compromiso por todo lo que haga si es elegido.

Segundo, un sufragio no es la elección del mejor peruano sino entre lo que está en vitrina en un momento; suele implicar la opción del mal menor.

Tercero, olvidan haber votado por Alan García, Alberto y Keiko Fujimori, o Luis Castañeda y otros procesados.

La responsabilidad debe ser por respaldar a corruptos o antidemocráticos una vez que esto es constatable. Por ejemplo, no se puede responsabilizar a la izquierda por elegir a Fujimori en 1990, pero sí por apoyar hoy, de manera ingenua o idiota, al energúmeno antidemocrático de Elmer Cáceres.

O, también, a la fujimorista Rosa Bartra por blindar a corruptos en la comisión lava jato, o enviar a sus hordas antidemocráticas pagadas por el congreso para tratar de empañar el tan merecido homenaje del país a Mario Vargas Llosa –“una vida y una obra que es un universo”, como señaló Alonso Cueto– y al que solo se opone el fujiaprismo corrupto, mediocre y antidemocrático.