Acoso es acoso, pónganse los pantalones

Sigrid Bazán
5 03 2019 | 20:02h

Entonces, el chip tiene que cambiar. En todos nosotros. En la policía, en los fiscales, en los jueces, en nosotros que seguimos creyendo que una broma homofóbica es una broma y no una injuria o hasta acoso.

Acoso es acoso y ya tenemos ley para ello. Es relativamente nueva, sí, y por ello aún más importante los casos a los que se aplique sean ejemplares para ir sentando un buen precedente sobre una materia tan poco discutida en nuestra normativa.

He leído con pena la “opinión” de algunos abogados, “grandes juristas” para algunos, sobre el tema –y claro, todos hombres– y resulta decepcionante que varios sigan doctrinaria e inflexiblemente sus propios paradigmas aplicados a la ley. Las leyes las hacen los humanos y son maleables en el tiempo, en especial, adecuándose a nuevos estándares, a nuevas realidades y a contextos determinados.

Entiendo que se trabaje sobre la premisa de que la ley tiene que pensarse en general, como una máxima universalizable, pero la realidad sobrepasa la teoría, y en coyunturas como la peruana pensar en los sectores más vulnerables es imperativo. Las mujeres, lamentablemente, estamos en ese grupo y mucha legislación está orientada a la violencia de género, que entrando al tercer mes de este 2019 ya nos deja 30 mujeres víctimas de feminicidio

Entonces, el chip tiene que cambiar. En todos nosotros. En la policía, en los fiscales, en los jueces, en nosotros que seguimos creyendo que una broma homofóbica es una broma y no una injuria o hasta acoso. 

La ley es clara y para el cambio que necesitamos yo la banco: acoso es un “acto de naturaleza o connotación sexual que cuenta con expreso rechazo por parte de la víctima, salvo que las circunstancias del caso le impidan expresarlo (...)”. Se pasa a especificar, por supuesto, de qué actos estamos hablando y están listados comentarios, insinuaciones, gestos obscenos, tocamientos, entre otros. No se necesita de actos reiterativos, basta que no haya consentimiento.

Leía por ahí también que en el caso del congresista Lescano la culpa la tiene la víctima “por ser la trampa”. Gente que ataca a la denunciante pensando que, claro, si el congresista es infiel es culpa de ella, ¿no del congresista? Y peor aún creyendo que este es un tema de infidelidad, ¡no, señores! Hablamos de un delito. 

Primero el congresista dice que él nunca escribió los mensajes, que lo hackearon, y ahora sale a mostrar supuestos chats de un año atrás, ¿qué tienen que ver esos chats? El mensaje fue hace pocos meses y ella lo paró en seco y le pidió respeto. El caso tendrá que ser investigado, sin duda, pero escuchar a un padre de la patria negar su responsabilidad y luego culpar a la víctima ya es inaceptable. Que se ponga los pantalones y afronte lo que le toca.