Cuando el acoso mata: el caso de Eyvi Ágreda

La República
21 Dic 2018 | 20:01 h

Nunca más. La muerte de esta joven cajamarquina de 22 años en abril motivó a que el acoso sea tipificado como delito dentro del Código Penal. En el Perú, las niñas sufren acoso desde la edad de 10 años, según estudio de la ONG "Paremos el Acoso Callejero".

Tenía 22 años. Había venido a Lima para realizar sus sueños dejando atrás el pueblito que la vio nacer en su natal Cajamarca. Todo ese proyecto de vida que Eyvi Ágreda Marchena tenía por delante fue truncado aquel fatídico 24 de abril, día en que su acosador, Carlos Hualpa Vacas, decidió prenderle fuego en el bus de transporte público en el que viajaba, cuando iba de retorno a casa.

El agresor había planeado todo: siguió a Eyvi a su salida del trabajo, tomó el mismo bus. Llevaba una botella plástica con gasolina entre las manos que finalmente roció sobre el cuerpo de la joven, a quien inmediatamente le prendió fuego. Eyvi resultó con el 60% del cuerpo con quemaduras graves. Además de ella, otros diez pasajeros también resultaron con algunas lesiones. 

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Este hecho causó una conmoción en el país porque puso en evidencia, con crueldad, que la violencia contra la mujer es un problema latente. Además, se recordó que otras mujeres habían fallecido bajo la misma modalidad, como fue el caso de Marysella Pizarro Tuamana. Nueve meses antes de lo ocurrido con Eyvi, esta mujer también murió quemada por su expareja en Tarapoto, San Martín, al interior de la peluquería donde trabajaba y, con ella, su empleadora Tirsa Cachique Ynga.

Horrible obsesión

Carlos Hualpa conoció a Eyvi cuando trabajaron juntos. Por aquel entonces él la pretendía, pero la joven no estaba interesada en corresponderlo sentimentalmente. 

Pese a ello, este sujeto insistió. La seguía y vigilaba cada vez que podía, pero de Eyvi solo obtuvo un rotundo rechazo. Carlos Hualpa no lo toleró y por eso decidió acabar con su vida.

Tras el terrible hecho del 24 de abril, poco a poco las investigaciones demostraron que tal acoso existió. Las versiones de los amigos y familiares de la víctima fueron claves. La Policía junto a la Fiscalía iba construyendo el drama que en los días previos Eyvi tuvo que vivir.
Mientras tanto, en las calles, las manifestaciones en rechazo al acto criminal de Carlos Hualpa fueron cada vez más fuertes.

Que sea Ley

Hasta el día en que Eyvi fue atacada, el tipo penal de acoso callejero no existía en el Perú. 

Según la Defensoría del Pueblo, entre el 2016 y el primer semestre de este año, apenas dos casos presentados a nivel del sector público fueron sancionados: uno, con una amonestación, y otro, con una suspensión de 15 días contra los agresores.

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Y estas escasas amonestaciones resultan harto paradójicas teniendo en cuenta que las ONG como "Paremos el Acoso Callejero" cuentan con estudios que advierten que, en el país, las niñas comienzan a ser víctimas de acoso sexual callejero desde la edad de 10 años. Están expuestas a este maltrato desde muy niñas.

La presión social jugó un rol importante. Congresistas como Marisa Glave e Indira Huilca comenzaron a promover al interior del Congreso la necesidad de que proyectos de ley que incluían el acoso como delito penal fueran desempolvados y debatidos. 

Finalmente, en septiembre, el Congreso aprobó que el acoso, acoso sexual, chantaje sexual y difusión de imágenes o material audiovisual con contenido sexual, sean incorporados como delitos en el Código Penal.

Así, quedó establecido que el acoso hoy es reprimido con pena privativa de la libertad no menor de uno ni mayor de cuatro años, inhabilitación y con 60 a 180 días multa, según el Decreto Legislativo 1410, publicado en el diario oficial.

El acoso sexual es reprimido con pena privativa de libertad no menor de tres ni mayor de cinco años e inhabilitación.

Y para el caso del chantaje sexual, la pena es no menor de dos ni mayor de cuatro años de cárcel e inhabilitación.

Un año negativo

Pero a pesar de esta y otras acciones logradas en favor de la protección de las mujeres y grupos vulnerables, como la cadena perpetua para los violadores de menores de 14 años de edad, el 2018 se considera como un año negativo. 

En lo que va del año se han registrado 143 feminicidios, una cifra superior a la del 2017, que cerró con 121. Lejos de disminuir su accionar, nada parece detener a los agresores.

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