Mayoría finita

Es necesario impedir la deriva destructiva del Congreso de la República.
 

Es necesario impedir la deriva destructiva del Congreso de la República.
 

El lamentable espectáculo brindado por el Congreso esta semana coloca a este órgano del Estado en el límite de la torpeza e incompetencia. Las trifulcas parlamentarias y el uso abusivo de la mayoría parlamentaria aprofujimorista, a propósito del debate de las conclusiones de la Comisión Lava Jato, simbolizan el grado del deterioro de una institución que la democracia necesita, pero con otro comportamiento.

Ya antes de la Comisión Lava Jato se encontraba en cuestión la capacidad del Parlamento para investigar los asuntos de interés público. Aparte de algunas buenas indagaciones, la regla común ha sido el uso político de esta facultad, al punto que el Congreso anterior realizó un acuerdo bajo la mesa para no debatir las importantes conclusiones de la llamada Comisión Pari, que en su momento encontró indicios que aconsejaban el procesamiento de varios líderes políticos, incluyendo Keiko Fujimori y Alan García.

Mientras los trabajos de la Comisión Lava Jato patentizan la alianza entre Fuerza Popular y el Apra para evitar que los líderes de esta coalición sean investigados, el debate de sus conclusiones refleja el agotamiento de su control del Congreso por los métodos tradicionales. El veto a la discusión del dictamen en minoría presentado por el legislador Humberto Morales, las amenazas al congresista Manuel Dammert y las burlas al congresista Zacarías Lapa por hablar en quechua implican el agravamiento de la deriva destructiva del Parlamento en manos de estos dos grupos.

Con los antecedentes fijados en julio del año 2016 y los últimos actuados, no debería confiarse en el advenimiento del cambio y la lucidez. Está demostrado y documentado, inclusive con grotescas imágenes, la absoluta falta de compromiso con la democracia y la lucha contra la corrupción por parte de la actual mayoría construida con las artes del miedo.

A la fecha, ya son tres los fallos del Tribunal Constitucional (TC) contra los abusos del Congreso, el último de ellos contra la deformación de la cuestión de confianza para avasallar al Gobierno. Esta maniobra también le impedirá al país volver a contar con un sistema parlamentario bicameral, de modo que no se necesita caminar mucho para concluir sobre el enorme daño que la deriva destructiva de la coalición mayoritaria le está causando a la democracia.

Ha llegado el momento en que los parlamentarios no comprometidos con estos enjuagues, o aquellos que ya no desean participar en un proceso de aniquilamiento del Legislativo lleven a cabo un proceso de reflexión y acción para rescatar a esta institución de un descalabro seguro, procurando el nacimiento de una nueva etapa que permita un desempeño más racional y eficaz del Congreso, sin necesidad de renunciar a su autonomía como poder del Estado.

Lo contrario es persistir en el camino del suicidio y fomentar la tendencia a que se instale una legislatura extremista y caótica que divague entre la defensa personal de Keiko Fujimori y Alan García como el primer propósito de existencia, cuando no de impulso de medidas populistas o de venganza.
 

Te puede interesar

CONTINÚA
LEYENDO