El obispo amnésico (IV)

"Lo único que recibió fue una carta notarial con las respuestas al temario que el periodista le envió a los abogados de las empresas sodálites".

"Lo único que recibió fue una carta notarial con las respuestas al temario que el periodista le envió a los abogados de las empresas sodálites".

Pedro Zapata Monteza es un policía retirado. En el 2012, en Piura, su hijo fue asesinado por la banda La Gran Cruz. Y desde entonces ha movido cielo y tierra para encontrar justicia. En el camino fue topándose con el cáncer de la corrupción, enquistado en su propia institución y en la administración judicial. De igual forma, descubrió las conexiones entre esta organización criminal y La Gran Familia de Chiclayo. Porque, si no lo dije, Zapata es un sabueso nato. 

Es más. Si alguien tiene escaneada al milímetro a esta agrupación delictiva piurana es el brigadier Pedro Zapata Monteza. “¿Por qué les comenzamos a llamar La Gran Cruz?”, se pregunta Zapata en el libro del periodista trujillano Charlie Becerra titulado El origen de la hidra (Random House, 2017). “Por dos razones. Primero: eran notorias las coincidencias en los apellidos. Y segundo: los curas sodalicios, con el poder económico que tienen, estaban coludidos con los de La Gran Cruz para apropiarse de las tierras (…) Imagina que tenías tu terreno de tantas hectáreas. Los delincuentes iban y se apoderaban de tu terreno falsificando documentos, amenazándote o como fuera, y una vez que lo tenían en su poder se lo vendían a los curas sodalicios. Como ellos tienen inmobiliarias y constructoras siempre están buscando dónde levantar proyectos nuevos, compraban esos terrenos mal habidos como si nada. Una de las víctimas nos pidió apoyo. Había perdido varias hectáreas de terreno. La gente de La Gran Cruz la había invadido. Esas mismas tierras ya estaban en manos del Sodalicio. Este señor llegó hasta mí y me enseñó sus documentos.

Había denunciado el caso ante el cardenal Cipriani y el obispo de Piura (José Antonio Eguren), pero nada. Incluso, hizo marchas de protesta y repartió volantes con la cara del obispo junto a las de Dennis Cruz y compañía”. 

En el reportaje de Al Jazeera, de diciembre del 2016, elaborado por los periodistas Seamus Mirodan y Daniel Yovera, bajo la producción de Paola Ugaz, aparece Zapata, pues estuvo a cargo de la investigación que desarticuló a La Gran Cruz en el 2014. Y ahí indica claramente que cuando intervinieron al cabecilla Dennis Cruz, se le encontró un voucher por el retiro de más de 70 mil soles a nombre de la Asociación Civil San Juan Bautista, de propiedad del Sodalicio y fundada por José Antonio Eguren, aunque este no tiene actualmente una relación formal con dicha entidad. 

El arequipeño Alberto Gómez de la Torre Prettel, presidente de la Asociación en esos momentos, habría admitido haber pagado a los representantes de la pandilla delincuencial 73 mil 500 soles semanales, en efectivo o en cheques, con el propósito de “custodiar los terrenos”. Los pagos habrían llegado hasta medio millón de dólares. Figúrense. 

Y no me digan que no deja de llamar la atención que, en lugar de contratar a una empresa de servicios de seguridad y vigilancia, de las tantas que hay en el Perú, los representantes del Sodalicio prefiriesen fichar con malhechores y hampones y prontuariados, como Dennis Cruz y Héctor Pacheco, quienes finalmente fueron arrestados en el 2014.

Daniel Yovera intentó conversar con el arzobispo de Piura sobre el particular, pero este lo choteó con su proverbial arrogancia. Intentó conversar con los directivos de la Inmobiliaria Miraflores (también del Sodalicio), pero sin resultados positivos. Al final lo único que recibió fue una carta notarial con las respuestas al temario que el periodista le envió a los abogados de las empresas sodálites

Y después Eguren se pregunta mortificado por qué se le vincula con todo esto.

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