Incertidumbre y pesimismo

¿Continuará la investigación de Lava Jato luego del cambio del Fiscal de la Nación en julio de este año?

¿Continuará la investigación de Lava Jato luego del cambio del Fiscal de la Nación en julio de este año?

¿Continuará la investigación de Lava Jato luego del cambio del Fiscal de la Nación en julio de este año? ¿Llegarán los organismos encargadas de investigar y sancionar la corrupción a resultados concretos que acaben con la impunidad? Es difícil saberlo. Se percibe un cierto clima de incertidumbre y pesimismo en la gente de a pie.

La Comisión de Lava Jato del Congreso encubre, los fiscales y los jueces se mueven con lentitud y actúan en forma contradictoria y la calle ha enmudecido. Solo los medios concentrados tienen una agenda propia encaminada a defender sus intereses económicos y políticos en el tratamiento de la corrupción.

Poco o nada se espera del Congreso y de su Comisión de encubrimiento. Entre la gente investigada, brillan por su ausencia el keikismo y el alanismo. Se busca presentarlos como impolutos e incontaminados como si el Congreso fuera el epicentro de la moralidad que reparte certificados de buena conducta. El Congreso mismo está en cuestión, según todas las encuestas. Muy pocos le creen.

Hasta ahora la Comisión de Lava KF y AG ha contribuido con poco o nada a la investigación de la corrupción. No ha descubierto nada relevante, salvo escándalos para la agenda mediática.  Lo que muestra como propio viene de otras organizaciones que trabajan el mismo tema y que son un poco más productivas. Una de las cosas para la que ha servido es para dar chamba a sus militantes y gastar a manos llenas el presupuesto que tiene. Se calcula que, hasta la fecha, ha gastado más de tres millones de soles por nada. Y lo que es peor: la presidente de la Comisión ha pedido seguir y ampliar sus temas de investigación sin rendir cuentas de lo que ha hecho.

El trabajo de los fiscales y los jueces es muy desigual en la investigación y la sanción de los responsables de la corrupción. En la fiscalía hay una especie de división del trabajo que, lejos de ayudar a la investigación, la hace lenta y discriminadora y la traba. Eso hace que algunos fiscales, más que investigadores, parezcan encubridores de los peces gordos de la corrupción. Se dice que la justicia es ciega. En el Perú es tuerta: sólo mira para un lado y no ve el lado donde se mueven los tiburones de la corrupción.

Los fiscales y los jueces se han concentrado en la investigación del financiamiento de las campañas electorales. Como estas no son delito en el Perú, las han criminalizado transformándolas en lavado de activos y dejan de lado o se mueven con pies de plomo en el campo de los verdaderos lavados de activos, como en el caso de Ramírez, exsecretario general de FP.  Toda su atención está dirigida sólo a Humala con prisión preventiva e incautaciones de sus bienes y cuentas incluidas, mientras otros candidatos acusados del mismo “delito” gozan de libertad y de sus bienes adquiridos mediante empresas fantasmas.

Lo peor de todo este manejo lento y confuso es que la verdadera y gran corrupción casi no es investigada. Salvo el caso de Toledo, los fiscales y los jueces no están investigando con la atención debida los sobornos y las coimas millonarias que se produjeron en grande en los diversos gobiernos ni las adendas que los han permitido. 

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