Una democracia de baja intensidad

¿Cambiaría significativamente la situación con Martín Vizcarra en la presidencia? Es dudoso.

¿Cambiaría significativamente la situación con Martín Vizcarra en la presidencia? Es dudoso.

El Perú atraviesa su crisis política más grave desde la caída del fujimorismo y la restauración de la democracia. La alimenta la puesta en evidencia, gracias al caso Lava Jato, de la extensión de la corrupción, que ha penetrado el Estado, la clase empresarial, los partidos políticos y sus dirigencias. Somos testigos de la descomposición de las instituciones que debieran garantizar el funcionamiento de la democracia. 

Parece evidente que la solución no podrá encontrarse dentro del cauce regido por la constitución fujimorista de 1993, diseñado para asegurar el control del poder político por quienes controlan el poder económico y que encomienda a instituciones en descomposición (el Parlamento, el Poder Judicial) la misión de autorreformarse. 

Es evidente que el Congreso no va a promulgar leyes que propicien la transparencia en el juego político, que acaben con los vientres de alquiler, que permitan fiscalizar el origen de los fondos de campaña, y bloquear el ingreso al Parlamento de personajes vinculados a actividades ilegales como la minería informal, el blanqueo de dinero a través de universidades bamba y el narcotráfico.

Semana la semana situación se deteriora. Según la última encuesta de Ipsos, el respaldo del presidente Kuczynski ha caído a 19%, situándose por debajo del respaldo de sus ministros más conocidos, mientras que su reprobación ha llegado al 76%. El parlamento, por su parte, está con un respaldo de apenas 14%, cinco puntos por debajo de PPK, a quien se proponen vacar. 

Capítulo especial merece el profundo desprestigio de la comisión Lava Jato. El evidente encubrimiento a Keiko Fujimori y Alan García que ha desplegado Rosa Bartra la ha deslegitimado: el 56% considera que las comisiones investigadoras designadas por el Congreso tienen fines políticos y no ayudan a la búsqueda de la justicia. Quienes piensan que Rosa Bartra debe renunciar a la presidencia de la comisión Lava Jato suman un 79%, mientras que quienes la respaldan son apenas un 15%. Con relación a qué hacer con la comisión un 29% discrepa con la idea de reconstituirla con una nueva dirección, y considera que simplemente debiera disolverse.

Empieza a sentirse el impacto de las revelaciones de Jorge Barata acerca de la entrega de dinero de Odebrecht a los principales candidatos. Significativamente un 64% de los peruanos considera que Barata dijo la verdad y una abrumadora mayoría cree que los candidatos recibieron dinero de Odebrecht para sus campañas con conocimiento: en el caso de Alejandro Toledo lo cree el 94%, de Ollanta Humala el 89%, de Alan García 88%,  Susana Villarán 80%, Keiko Fujimori 79% y PPK el 77%. En el caso de este último las cifras podrían correrse hacia arriba, después de que el fiscal Hamilton Castro entreviste a Barata sobre su caso. 

Como era de esperarse, la credibilidad de los posibles candidatos para las elecciones del año 2021 ha sido profundamente afectada. Ante la pregunta de por quién votaría si las elecciones fueran mañana, Keiko Fujimori alcanza apenas un 17%, acompañada de cerca por Julio Guzmán (16%), a quien le siguen Kenji Fujimori (10%), Verónika Mendoza (9%) y Alfredo Barnechea (6%). Los demás mencionados alcanzan el 3%, o  menos. Aparentemente muy poca gente se ilusiona con una salida electoral a la crisis.

En medio de esta atmósfera de desencanto ya está en agenda la propuesta presentada en el parlamento para vacar al presidente. La permanencia de PPK en el poder parece cada día más inviable: un 58% de los peruanos considera que debe ser vacado, mientras que quienes piensan que debe permanecer llegan a apenas un 37%. Pero la vacancia no es segura; bastaría que tres o cuatro parlamentarios fujimoristas voten en contra (esa es la pesadilla de Keiko) para que ésta se frustre. Lo cual podría prolongar la permanencia de PPK en el poder al costo de la prolongación de la crisis, a medida que se desarrollen las investigaciones sobre la corrupción.

¿Cambiaría significativamente la situación con Martín Vizcarra en la presidencia? Es dudoso. PPK se encargó de sacarlo de la escena política cuando lo envió como embajador a Canadá, y un 81% de los encuestados desconoce que él es el primer vicepresidente de la República. Políticamente es más bien una incógnita y está por ver de qué margen de maniobra dispondría con un aprofujimorismo dispuesto a cualquier cosa para bloquear las investigaciones, para asegurar su impunidad.

El escenario está pues dispuesto para la continuación de la democracia de baja intensidad que vivimos, más allá de los reacomodos que provocaría la implosión del movimiento PPK. Salvo que la movilización ciudadana abra otros derroteros, allí donde se cierren los institucionales.

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