Loló Ugarte

Por Federico Rosado. Ha muerto César Eduardo Ugarte y Chocano, un enamorado de Arequipa: del arte, poesía, pintura, de su cultura. 

Columna de Federico Rosado. Foto: La República
Columna de Federico Rosado. Foto: La República

Te fuiste como el sol arequipeño, sin dejar una sola sombra; como el sonido del tren que se pierde en el horizonte; me apena amigo.

No puedo más que renunciar a personalizar esta columna, hablar de ti, de nuestras largas conversaciones, de tu figura solitaria, siempre impecable, de tu inteligencia siempre puesta a prueba, como esa vez que te vi y le dije a quien estaba a mi lado “Te voy a presentar a la persona más inteligente de Arequipa”. Y, ¿Qué crees Eduardo? Se lo demostraste.

Ha muerto César Eduardo Ugarte y Chocano, un enamorado de Arequipa: del arte, poesía, pintura, de su cultura.

El gestor, protector, guardián, valedor de las identidades de “La Ciudad”; la que convirtió en revista terca, perseverante.

Pero, no puedo sustraerme, de sus conversaciones, aunque debería decir mejor de nuestras conversaciones; de su mirada paterna ante mis afanes curiosos de saber lo que opinaba de lo que yo le decía.

Las últimas tres veces que conversamos, lo noté resignado a su inmediato futuro; no se lo quise decir, era injusto hacerlo, porque se le notaba “esperando”. Me prometió que revisaría mi tesis “La contemporaneidad étnica arequipeña”; sorprendido por el título, “¿Eso, le vas a poner?, la tengo que leer”. Y no lo hiciste, porque tu cansancio era notorio. Cuánto me apena que hayas partido, cuánto.

Te extrañaremos los lunes, en tus columnas de “La República”, que esperabas verlas y leerlas, en un ritual de exigencia y a veces de insatisfacción.

Si estuvieras leyendo estas palabras, seguro que te enojarías, que dirías que no se publique, que no está bien; pero comprende Loló, mi dolor está presente, con deudas intelectuales mutuas, “Yo me estoy esperando aquí” (Vilariño).

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