Paula  Távara

Paula Távara

Politóloga, máster en políticas públicas y sociales y en liderazgo político. Servidora pública, profesora universitaria y analista política. Comprometida con la participación política de la mujer y la democracia por sobre todas las cosas. Nada nos prepara para entender al Perú, pero seguimos apostando a construirlo.

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Notas de fin de campaña, por Paula Távara

“Por eso vale la pena recordar que, en realidad, son más esenciales los aspectos no verbales de la comunicación, aunque sean de los que menos hablamos, y muchos políticos...”.

Como muchos limeños y limeñas, he pasado buena parte de esta campaña electoral metropolitana sin darle el centro de mi atención. La causa principal, que creo comparto con parte importante de la ciudadanía, es la escasa expectativa que ofrece el panorama general de propuestas y simpatías en las postulaciones. Una especie de gran contagio de desánimo y “mismocracia” que inicia en la política nacional y extiende sus ramas hacia lo regional y distrital.

Sin embargo, en parte por deformación profesional en parte por obligarme a recordar mi deber como ciudadana, estas últimas semanas de carrera he procurado retomar la atención y, por ello, me permito ahora esbozar algunas reflexiones sueltas respecto a cómo llegamos a este 2 de octubre electoral.

En primer lugar, esta ha sido una campaña que demoró en arrancar, entre otras cosas, porque el ruido de la política nacional ha consumido la atención de la ciudadanía, de los medios de comunicación, y de los propios postulantes y sus partidos. Además, porque muchos de los problemas de la ciudad, y del país no parecen resolubles por las autoridades locales solamente –no importa lo que pretendan prometer– con lo que la relevancia de la decisión sobre los liderazgos distritales y metropolitano parece menos relevante seguramente.

En segundo lugar, los limeños y limeñas nos hemos encontrado frente a un conjunto de candidaturas que, en lo propositivo, se han centrado en la inseguridad ciudadana y el transporte urbano, pero sin reconocer las dimensiones y causas de estos problemas. Es más fácil gritar “choro choro” y hablar de seguridad ciudadana como cosa de policías y de ‘delincuentes extranjeros’. Es más fácil culpar a la ATU y prometer kilómetros de pistas y estaciones, aún sabiendo que, incluso si esta fuese la respuesta plena al problema, cuatro años no alcanzan para cumplir con ello.

Eso es más fácil que atajar las causas profundas de la precariedad económica y social que llevan a estas situaciones y asumir que una ciudad más segura y vivible pasa también por mayor alumbrado público, transporte formal, barrios organizados y mejor conectados, espacios públicos, protección de las mujeres, y más.

Finalmente, una reflexión sobre la forma en que tomamos decisiones electorales y el mito del debate electoral como contraste de ideas. El argumentario general nos dice que los debates se deben centrar en contrastar propuestas de los candidatos y candidatas y, muy razonable y críticamente, decidir con ello nuestro voto. Pero la mediatización de los debates, y el alto número de postulantes en nuestros procesos electorales, han cambiado la realidad de estos. Con apenas escasos minutos para su intervención, los candidatos y candidatas repiten eslóganes y huyen al enfrentamiento de ideas (tal vez también por temor a no ser capaces de contraargumentar y defender sus propuestas).

Por eso vale la pena recordar que, en realidad, son más esenciales los aspectos no verbales de la comunicación, aunque sean de los que menos hablamos, y muchos políticos desdeñan.

Ya a finales de 1960, el psicólogo Albert Mehrabian demostró que el lenguaje verbal solo contribuye un 7% al impacto del mensaje en el interlocutor (en este caso en el ciudadano o ciudadana que está definiendo su voto). Serán el tono de voz, con un 38%, y especialmente el lenguaje no verbal (los gestos, la ropa, la estética) con un 55%, los que marquen la aceptación o agrado de los electores y electoras. Por eso, más allá de lo que se dijo o no, determinadas actitudes y gestos mostrados en el debate pueden resultar muy costosos para algunas candidaturas. Por eso, una de las lecciones de esta campaña ha de estar en la forma en que se realizan estos espacios de debate y en la importancia de ese lenguaje no verbal para quienes hacen política electoral.

Un buen sábado de reflexión para todos y todas.