Melina  Galdos

Melina Galdos

Desde la evidencia
Investigadora en el Science Policy Research Unit de la Universidad de Sussex. Maestría en Políticas Públicas por la Universidad de Glasgow y es licenciada en Ciencia Política por la PUCP. Su trabajo de investigación gira en torno al rol de la tecnología y la innovación en procesos de transformación sustentables e inclusivos.

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¿Lecciones no aprendidas?

¿Qué canales se han construido para conectar la evidencia con la toma de decisiones y entre qué organismos?”.

Investigadora. Unidad de Investigación de Políticas de Ciencia, Universidad de Sussex.

El primer caso de viruela del mono fuera de África se detectó en Reino Unido el 7 de mayo e inmediatamente varios países subieron la guardia ante un rápido e inusual incremento de casos. Si bien expertos en países europeos sugieren que los casos identificados no son suficientes para declarar un brote local y que, por consiguiente, el riesgo para la población es aún bajo, no deberíamos perder la oportunidad de analizar cómo la capacidad del Estado para lidiar con potenciales pandemias ha evolucionado a partir de nuestra experiencia con la COVID-19.

Pese a que es innegable que hemos acumulado conocimiento tácito y que es bastante probable que la alerta sanitaria declarada por el gobierno peruano sea un reflejo de las lecciones sobre prevención aprendidas a la fuerza, hay pocos visos de que estemos mejor preparados para afrontar una situación similar en el futuro.

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Por ejemplo, los gastos en los que el gobierno ha incurrido para amortiguar el impacto de la pandemia y la exacerbada crisis política que afrontamos nos dejan en una situación más precaria para hacerle frente una crisis sanitaria con similares características.

A esto se suma la falta de indicios claros sobre cómo nuestras capacidades científico-tecnológicas han evolucionado durante la pandemia y si podemos responder a este tipo de retos haciendo uso de la investigación realizada en nuestro país.

PUEDES VER: Viruela del mono: Bélgica se convierte en el primer país en ordenar cuarentena obligatoria a pacientes

Lamentablemente, no contamos con indicadores de proceso que nos permitan evaluar cómo la inversión del Estado en investigación se viene traduciendo en capacidades transferibles a otros dominios. Ante la eventualidad de futuras crisis sanitarias, preguntas como ¿qué canales se han construido para conectar la evidencia con la toma de decisiones y entre qué organismos? y ¿cómo podemos usar estos canales para informar cambios en nuestras aproximaciones a la asistencia sanitaria y social? deberían tener ya una respuesta si queremos estar al menos un poco más preparados.