Antonio  Zapata

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Historiador, especializado en historia política contemporánea. Aficionado al tenis e hincha del Muni.

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El centro político

“El centro ha sido percibido como parte de una minoría privilegiada, identificada con la tecnocracia surgida de universidades privadas de elite”.

La posición del centro suele ser incomprendida, sobre todo en situaciones de polarización como la actual. Por ejemplo, para muchos izquierdistas la propuesta de Sagasti es una iniciativa más de vacancia. Mientras que la presidenta del Congreso ha encontrado intención de disolución del Parlamento. Vilipendiado por unos y otros, el centro registra dificultades para hacerse escuchar.

Pero, aunque se expresa en varios partidos, el centro es mayoritario entre la ciudadanía. Para empezar, Acción Popular es un partido centrista con tradición y caudal electoral. Por su parte, los votantes de APP y de Podemos básicamente son centristas, aunque sus líderes no lo sean. A sus votantes deben sumarse quienes acompañaron a George Forsyth para concluir en una verdad establecida: el centro es el mayor bolsón electoral.

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Siempre ha sido así. Una antigua regla dice que para ganar una elección hay que ubicarse en el centro. Pero vivimos el tiempo del desencanto y la emergencia de los extremos. Mientras la mayoría ciudadana observa desde lejos sin creer en nadie, los extremistas han sacado ventaja. Ideológicamente ambos polos son enemigos mortales, salvo que comparten su devoción por gobiernos autoritarios donde no hay política sino imposición de verdades consagradas.

En este contexto, el centro ha perdido consistencia programática y se ha refugiado en la equidistancia entre opuestos. Sagasti plantea escenarios, muestra que lamentablemente lo óptimo no es posible para sugerir el cambio simultáneo de ambos poderes y nuevas elecciones con otras reglas. Es un posicionamiento clásico de la antigua DC, “ni con uno ni con el otro”.

El gobierno de Sagasti fue bastante solvente, pero a su partido le fue mal en las anteriores elecciones. Además de factores personales, una razón de fondo se halla en el tema étnico. El centro ha sido percibido como parte de una minoría privilegiada, identificada con la tecnocracia surgida de universidades privadas de elite. Por ello, las mayorías pobres cholas e indígenas han visto como extraños a los morados y otros cívicos de centro, a quienes sus enemigos llaman “caviares”.

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De esta situación surgen dos preguntas. La primera, ¿cómo podría el centro salir adelante? En el pensamiento de sus mejores teóricos, como John Rawls por ejemplo, su potencia se fundamenta en una visión de la sociedad construida desde los valores democráticos, cuya traducción política es una coalición por el cambio razonable. Mientras que el centro pierde aliento si limita su planteamiento a mecanismos, por más democráticos que sean sus objetivos.

La segunda pregunta es el puesto del centro en el tablero. El espectro político está compuesto por tres fuerzas básicas, cada una de las cuales tiene alas y subdivisiones. Estas son las clásicas: derecha, centro e izquierda. A su vez, las formas de gobierno pueden ser autoritarias o democráticas. Para gobernar en autoritarismo basta situarse en una versión extrema de derecha o izquierda y aplicar fuerza y represión. Por ello, los extremistas coinciden en rechazar el Estado de derecho.

Pero para gobernar en democracia se requiere un entendimiento entre dos de estos grandes conjuntos políticos. Ello hace del centro una bisagra. Un gobierno de centro, como fue Bustamante o FBT, se basa en una alianza multiclasista cuyo programa muestra un rumbo estratégico y concede espacio para los intereses de los aliados que requiere ganar. Ese programa implica tomar posición, inclinarse a izquierda o derecha y desde ahí construir una mayoría.

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La declaración de Sagasti ha sido sobre cómo salir de la crisis política. No se le puede pedir que esboce el rumbo que piden los tiempos, pero debe hacerlo si quiere empujar un proceso de acumulación de fuerzas. Caso contrario, quedará como una propuesta pragmática e ingeniosa que fue dejada de lado en el fragor de la politiquería criolla.