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Honor a los noteros

“De ninguna manera puede aceptarse la postura asumida por el Gobierno del presidente Pedro Castillo, donde el maltrato contra la prensa se ha vuelto cotidiano...”.

Cualquier periodista sabe que hacer calle es duro. Para obtener una declaración al paso uno puede esperar horas bajo la lluvia, el calor o el frío, comiendo galletas de soda, tomando botellas de agua tibia y conversando con los colegas hasta agotar todos los temas. Al momento del trabajo las amistades no existen: en su lugar se vive una guerra de amenazas, empujones y triquiñuelas de todo calibre para ver quién se ubica más cerca al personaje que se quiere entrevistar y obtiene el mejor byte.

Entre los periodistas que hacen calle hay verdaderas leyendas. Reporteros como Humberto «el Chivo» Castillo, que durante 64 años saltó por las redacciones de «La Prensa»,«Expreso», «Correo», «La Crónica», «El Diario de Marka», «La República» y «El Sol» (donde lo conocí). Formado en la escuela antigua, Castillo destacaba por su proverbial perfil bajo y porque solía reportear de oído, sin ayuda de una grabadora, apoyándose en su memoria y en una libretita de apuntes.

Choferes como Óscar «el Churre» Palacios, experto en esas carreras suicidas que se conocen como «correteaderas», cuando las unidades de prensa persiguen a los autos oficiales zigzagueando por el tráfico limeño sin levantar el pie del acelerador, con los dientes apretados y saltándose todas las reglas de tránsito. Además de extraordinariamente simpático, el Churre era un gran compañero, maestro de las generaciones jóvenes, a quienes daba consejos respaldado por sus años de experiencia. Lo recuerdo tirándose con la ropa que llevaba puesta a la piscina de un hotel en Paracas durante la cobertura del terremoto de Pisco, luego de cuatro días sin dormir, comer ni bañarse.

Fotógrafos como Johny Laurente, quien, antes de trabajar en Palacio de Gobierno, cubrió el conflicto del Cenepa, la toma de la residencia del embajador de Japón, decenas de partidos de fútbol (eliminatorias, Copas América, clásicos, Libertadores) y fue autor de la famosa fotografía que abría la edición de la revista «Sí» donde se revelaba la ubicación de las fosas de los estudiantes y el profesor de la Cantuta asesinados por el grupo Colina.

Quienes alguna vez hemos hecho periodismo de calle sabemos que es un quehacer extenuante, donde hay que estar preparado para todo: golpes, insultos, amenazas, bombas lacrimógenas y un largo etcétera de contingencias. Pero de ninguna manera puede aceptarse la postura asumida por el Gobierno del presidente Pedro Castillo, donde el maltrato contra la prensa se ha vuelto cotidiano, con agentes de seguridad acostumbrados a agredir a los reporteros que buscan una declaración de Castillo y con personajes como el premier Guido Bellido que, ante las preguntas de la prensa, dice: «Tienes que lavarte el oído». La prensa puede ser incómoda, pero, en una sociedad que aspira a ser civilizada y democrática, esta nunca será la manera de responderle.