¿Relaciones libres de ataduras?: el valor de la responsabilidad afectiva en tiempos de Tinder

Las relaciones libres de compromisos son cada vez más comunes, vínculos que surgen con un propósito: disfrutar del momento. Pero, ¿cómo evitar lastimar a alguien bajo este concepto?

La responsabilidad afectiva podría definirse como “la actitud que tenemos en una relación que implica cuidar a la otra persona para evitar causarle un dolor innecesario”. (Foto: Composición - La República)
La responsabilidad afectiva podría definirse como “la actitud que tenemos en una relación que implica cuidar a la otra persona para evitar causarle un dolor innecesario”. (Foto: Composición - La República)
Ximena Mayaute

Los tiempos han cambiado. Muchas personas, tanto hombres como mujeres, han optado por hacer de lado la idea de tener una relación formal. Ahora, las relaciones libres de ataduras toman cada vez más relevancia, y su principal propósito es la diversión y el disfrute del momento sin complicaciones.

El ciberespacio, las redes sociales y, en especial, Tinder, han favorecido la creación de este tipo de vínculos. En el caso de la aplicación de citas, se ha convertido en la fuente número uno para concretar relaciones sin compromisos en donde prima el sexo, la diversión, el individualismo y la falta de responsabilidad afectiva.

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Tinder, responsabilidad afectiva y relaciones libres de compromisos

Frida Romero Mezarina, licenciada en psicología de la Universidad de San Martín de Porres define la responsabilidad afectiva como “la actitud que tenemos en una relación que implica cuidar a la otra persona para evitar causarle un dolor innecesario”.

Este concepto se ve ligado directamente a la idea de una relación sin compromiso, de modo que las partes involucradas sean claras con sus intenciones y no se pretenda tener una relación afectiva cuando en realidad se busca una sexual u otro tipo de lazo. Además, es importante actuar acorde al propósito deseado.

Es decir, si al conocer a una nueva persona una de las partes ha decidido que desea solo un acercamiento amical o un encuentro sexual, sus acciones y palabras deben respaldar esa noción. De este modo, no hay lugar para una confusión o el deseo de un posible romance por parte de la otra persona involucrada.

“Natalia”, como la llamaremos, tiene una historia que representa esta situación. A sus 23 años, entabló una relación sin compromiso con una persona que conoció a través de Tinder. El vínculo tuvo una duración de poco más de un año y jamás se formalizó, pese a que para ese entonces las experiencias que habían compartido eran las mismas que comparten las parejas tradicionales.

La poca coherencia entre los deseos de la otra persona y sus acciones generaron confusiones en la mente de la muchacha, quien decidió ponerle punto final al lazo que habían creado y no volver a mantener ningún tipo de contacto posterior. Sin embargo, esta decisión tuvo efectos en su salud mental, lo que la llevó incluso a la necesidad de tomar una terapia psicológica. Un claro ejemplo de ausencia de responsabilidad afectiva.

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Aunque un vínculo de este tipo, sin compromisos, no tenga de por medio una formalidad que señale a las personas involucradas como una pareja; su conclusión puede causar el mismo dolor que la ruptura de una relación formal.

Romero Mezarina resaltó que, muchas veces, las rupturas de lazos no formales pueden ser incluso más agresivas que las de relaciones concretas. “En una relación como las que se dan en Tinder muchas veces las personas no saben cómo manejarlo (...) entonces simplemente desaparecen y hacen lo que se conoce como ghosting”.

Este concepto, derivado de la palabra en inglés ‘ghost’ -que significa fantasma-, engloba las actitudes que toma una persona cuando “desaparece, deja de responder los mensajes, deja de responder las llamadas, a veces te bloquea, te borra de redes sociales, pero sin una mayor explicación (...) simplemente desaparece. Y esto genera muchas dudas en la otra persona, inseguridades, básicamente no sabes qué pasó y no puedes pedir una explicación”.

Un ejemplo perfecto es lo que le pasó a la joven que identificaremos como “Roxana”, cuya experiencia fue, al inicio, exitosa. La persona que conoció en la aplicación se convirtió al poco tiempo en su pareja y las cosas iban aparentemente bien. Sin embargo, al poco tiempo la relación comenzó a deteriorarse hasta que, de un momento al otro, no tuvo más noticias de él. Desapareció totalmente de su vida sin dejar rastro, convirtiéndose en otro caso de falta de responsabilidad afectiva.

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Dado que la metodología de la aplicación permite que el proceso de conocer a una persona se acelere completamente, es importante mantener siempre las intenciones claras sobre los lazos que se desean formar.

“Muchas veces en estas interacciones de Tinder, o aplicaciones de citas, uno confunde el hecho de querer tener una relación sexual con el hecho de tener un comportamiento afectivo. Y esto puede llevar a que la persona no tenga claro el vínculo que está estableciendo y en efecto salga herida (...) porque se está generando expectativas de algo que no es. Y ahí también entra la responsabilidad afectiva”, explica la psicóloga.

Como resalta Frida Romero Mezarina, sin importar cuáles sean las intenciones de una persona al utilizar la aplicación, “no hay que perder de vista que también es una relación humana”. La responsabilidad afectiva puede ser un concepto nuevo para muchas personas, sin embargo, nunca es tarde para replantearse cuál es la forma correcta de vincularse con los demás.

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“Siempre tenemos que contemplar a la otra persona. (...) Hay que entender que nosotros somos una comunidad, y más que uno solo, somos un nosotros. Si yo empiezo a generar propuestas más responsables para vincularme, no solamente va a ser por el bien de la otra persona, sino también va a ser por mi propio bien. Porque voy a enseñarle a la otra persona como quiero que me trate y que quiero que sea claro con los vínculos (...) no quiero que me venda amor para tener relaciones sexuales conmigo, o al revés”, refirió la especialista sobre el tema.

Pese a lo manifestado anteriormente, la especialista resaltó que la responsabilidad afectiva no es un concepto que se enfoque únicamente en las relaciones amorosas. Dicho de otro modo, este término “puede ser utilizado para todos los tipos de vínculos humanos, en la medida en que se invita a la persona a contemplar al otro, a sus sentimientos y a ser responsable con lo que hace”.