El cabello afro, un símbolo de lucha y resistencia contra el racismo para las mujeres afrodescendientes

25 Jul 2020 | 22:25 h
Las mujeres negras y criollas eran obligadas a usar turbantes durante el siglo XVIII con la finalidad de “preservar la moral pública”. Ahora, ellas llevan el cabello afro con orgullo como símbolo de lucha contra el racismo. (Foto: Composicón La República/cortesía)
Las mujeres negras y criollas eran obligadas a usar turbantes durante el siglo XVIII con la finalidad de “preservar la moral pública”. Ahora, ellas llevan el cabello afro con orgullo como símbolo de lucha contra el racismo. (Foto: Composicón La República/cortesía)

En el Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente, hablamos del cabello afro, el cual ha sido si­nó­ni­mo de des­or­den o fal­ta de cui­da­do por siglos. Hoy, las afroperuanas combaten estos es­te­reo­ti­pos y llevan sus melenas con orgullo.

Ysabel Correa, mujer afroperuana y cantante de reggae —conocida como Ysabel Omega—, empieza diciendo que la relación con su cabello fue “algo complicada”. “Sobre todo para mi mamá porque tenía que ‘domarlo’ para ir al colegio”, comenta a La República.

Su cabello debía estar lo más peinado posible para que los docentes no piensen que iba “desordenada”, por lo que pasó toda la primaria con trenzas, colas y gel, el cual se aplicaba constantemente para que sus rulos “no aparezcan”.

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Rulos, rizos o cabellos crespos de las mujeres afrodescendientes han sido estigmatizados durante siglos por sociedades racistas que han buscado borrar sus identidades, obligándolas a laceárselos para que cumplan con los estándares de belleza occidentales impuestos a través de la colonización.

Sus melenas han sido señaladas como símbolo de desorden y suciedad: cuanto más rizado lo tienen, la presión social es mayor. A pesar de la constante lucha de las mujeres negras por reinvindicar el cabello afro, aún existen quienes las discriminan por llevar la herencia de sus ancestros.

La violencia hacia las mujeres afrodescendientes se ejerce desde siglos atrás, utilizando sus cuerpos por parte del régimen esclavista como amas de leche, siervas sexuales, vientres de reproducción y fuerza de trabajo, según el Diagnóstico sobre la Problemática de Género y la Situación de las Mujeres Afrodescendientes en el Perú del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (Mimp).

A ello, se le suma la violencia por no tener un cabello lacio, mandato impuesto por parámetros de belleza europeos en sociedades latinoamericanas de gran diversidad cultural. “¿Te puedes peinar?”, “¿Te lavas el cabello?”, “¿Puedo tocarlo?”, “¿Por qué no te lo planchas?”, son algunas de las preguntas más frecuentes que esconden discriminación detrás de ellas.

El cabello de las mujeres afroperuanas en la historia del Perú

En el siglo XVIII, las mujeres negras y criollas eran obligadas a usar turbantes con la finalidad de “preservar la moral pública”. Otra práctica común que utilizaban en el siglo XX para esconder su herencia africana debido a la presión social era el laceado con tenedores calientes.

“Muchas mujeres aplanaban estos utensilios y los ponían al fuego. Cuando ya estaba ardiendo, se lo aplicaban en el cabello”, relata Ysabel, al punto de que muchas veces se lo terminaban quemando.

Cuando la cantante entra a la secundaria, se dio cuenta que también podía peinar su cabello con trenzas. Según un estudio efectuado por la organización cultural ecuatoriana Pez Negro, las trenzas en toda época han sido símbolo de estatus y jerarquía, las cuales también fueron utilizadas en el siglo XVI por esclavos latinoamericanos para diseñar mapas en las cabezas a través del trenzado con las rutas hacia la libertad.

“Yo misma me las hacía, me demoraba cinco horas, pero terminaba contenta porque era como autodescubrir mi cabello”. Ya en la universidad empezó a sentir aún más esa presión social e intentó “controlar su melena” con cremas alisantes que le quemaban el cuero cabelludo. “Ese dolor no lo valía así que las dejé”.

Ysabel Omega lleva sus dreadlocks con orgullo desde el 2002 como una forma de reinvindicar su identidad afrodescendiente. (Foto: cortesía)

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Fue en ese periodo en que ella laboraba en un gimnasio como instructora de afroaeróbicos. Un día llegó con sus crespos cabellos sueltos. “El dueño me dijo que no vuelva a ir a trabajar así. Me llamó la atención porque iba a espantar a las clientas”. Desde ese día, Ysabel no volvió más a ese lugar.

Pero fue a través del movimiento rastafari cuando finalmente terminó de asumir su afrodescendencia y conectar con su cabello. Es así que ya hace 18 años lleva con orgullo los ‘dreadlocks’, con la intención de reafirmar su identidad afrodescendiente.

Sin embargo, es consciente de que, para muchas mujeres afroperuanas, el proceso de reconciliación con el cabello puede ser doloroso, debido a que “toda la vida te dicen que tu cabello es feo”. “Pierdan el temor a verse tal cual son, pero eso es doloroso por la cantidad de veces que nos han dicho que nuestro cabello es feo, malo desordenado”.

Por ello, en los últimos años han nacido iniciativas que buscan celebrar, cuidar y amar esta herencia, como Prieta Perú u Ondas de Marzo, negocios de mujeres afroperuanas que se especializan en el cabello afro.

Al fin y a cabo, llevar el cabello afro para las mujeres afrodescendientes es un acto de lucha y resistencia.

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