Machismo, homofobia y discriminación: los ‘monumentos’ a derribar en el Perú

Lucia Solis

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La homofobia, violencia de género y racismo se consolidan en la sociedad peruana como 'instituciones' históricas. Foto: Virgilio Grajeda - Jorge Cerdan Campos - Renato Pajuelo Zorrilla / La República.
La homofobia, violencia de género y racismo se consolidan en la sociedad peruana como 'instituciones' históricas. Foto: Virgilio Grajeda - Jorge Cerdan Campos - Renato Pajuelo Zorrilla / La República.

Las protestas de Black Lives Matter en el mundo han inspirado la intervención de estatuas consideradas ‘símbolos del racismo’. En Perú, entretanto, existen otro tipo de construcciones sociales por destruir.

La muerte de George Floyd a manos de un policía de Minneapolis el pasado 25 de mayo desencadenó una serie de protestas alrededor del mundo contra el abuso sistemático del poder cometido por las autoridades contra la comunidad afrodescendiente.

En medio de las movilizaciones de Black Lives Matter, se derribaron y pintaron estatuas de personajes como Cristobal Colón y Winston Churchill, señaladas por “encarnar la violencia histórica y el racismo”. Pero, más allá de monumentos físicos, cabe preguntarse sobre las representaciones que existen en el Perú y que perjudican a una gran parte de la población.

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El machismo, la homofobia y la discriminación representada en el racismo, forman parte de la vida de todos los peruanos. Son ‘monumentos’; representaciones que no se pueden ver a simple vista por las calles pero que se erigen y se han mantenido consolidadas día a día a través de instituciones como la familia, la religión, el colegio y los medios de comunicación.

''Mucho se ‘hereda’ y aprendemos prácticas buenas y malas de quienes nos anteceden, pero también aprendemos de los medios y de aquello que se nos inculca en instituciones educativas. En nuestro país, los medios aún hoy dañan de forma estructural nuestra sociedad con cada comentario racista, con cada escena en la que se convierte a la mujer en un objeto, con cada personaje de discurso vacío que se ha abierto espacio solo por corresponder a un estereotipo físico o a un apellido'', explica Fabiola G. Arce, politóloga e investigadora social.

La violencia de género se ha mantenido durante el estado de emergencia por el avance del coronavirus. A lo largo de este período, se reportaron más de 50 mil llamadas por denuncias a la Línea 100 del Ministerio de LA Mujer. Foto: Difusión.

La normalización y preponderancia en el tiempo de estos ‘monumentos’ simbólicos son parte de la realidad peruana y se asientan cada vez más. ''El racismo, el machismo, la homofobia, y otras formas de discriminación y exclusión no solo dañan la individualidad sino que afectan también a las sociedades en su conjunto. Estas prácticas se traducen en desigualdad y la desigualdad es una de las más crudas limitantes al desarrollo común'', agrega Arce.

Al ver, en las protestas de Black Lives Matter, la estatua de Cristobal Colón caer al suelo o la de Winston Churchill con la palabra ‘racista’ pintada con spray, algunos sectores de la sociedad, entre ellos los medios de comunicación, condenan estos actos desenfocando el verdadero trasfondo simbólico de las acciones. ''A los monumentos se les asigna valor según aquello que representen para la comunidad que los pone en pie, y en muchos casos, sino en todos, representan visiones parciales y muchas veces excluyentes'', explica.

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''Muchas personas que ahora tienen una reacción contraria a la destrucción de estatuas, observaron de manera silenciosa como el racismo y la discriminación racial impactan en nuestras vidas [...]. Han sido siglos de silencio y el nivel de indignación es muy alto. Lo que sí es urgente es no quedarnos en esto, sino pensar y ejecutar transformaciones estructurales que urgen en nuestros países, donde las brechas por cuestiones étnico raciales siguen presentes'', explica Sofía Carrillo, periodista y activista contra el racismo.

Entonces, ¿sirve a mediano o largo plazo deshacerse simbólica y físicamente de aquellas estatuas que representan la división, violencia y segregación entre las personas? Arce considera que debemos aguardar a ver ''a qué tipo de historia nos llevan estos hechos". "Espero que nos conduzcan a una en la que seamos más capaces de tratarnos como iguales y de no ser condescendientes ante el abuso'', sentencia.

Estatua de Winston Churchill pintada durante las protestas Black Lives Matter en Bristol, Inglaterra. Foto: Isabel Infantes / AFP.

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Mientras que diversas construcciones en el mundo van cayendo; en el Perú, los ‘monumentos’ de la violencia y el abuso de poder representados en el machismo, la homofobia y el racismo no son estáticos, sino que conllevan a consecuencias fatídicas y determinantes para las personas que los sufren: mujeres, comunidad afrodescendiente y LGTBI. Mantener estas construcciones ‘'implica que hayan colectivos y pueblos que siguen no siendo reconocidos como sujetos y sujetas de derechos [...]. ¿Puede un paìs con tan grandes brechas económicas, sociales y culturales aspirar al desarrollo? ¿Cómo podemos concebirlo sin que todos y todas gocemos de nuestros derechos?'', se pregunta Carrillo.

Durante el estado de emergencia, se han reportado 21 feminicidios, 557 desaparecidas y 350 denuncias de violencia sexual a niñas, según datos del Ministerio de la Mujer y la Defensoría del Pueblo. Por otro lado, ''los Censos del 2017 son reveladores [...]. En el caso de población indígena de la Amazonía, un 46,8 % está en situación de pobreza, un 33.4 % de afroperuanos y 28.1 % de indígenas de los Andes'', agrega Carrillo. Entonces, ¿son tan importantes los monumentos como las construcciones sociales más enquistadas como la violencia de género, la homofobia y el racismo?

’'Perder una estructura nos podrá apenar, pero perder a una persona o tolerar el abuso sistemático a una comunidad es radicalmente peor y si nos apena un monumento, nos debería apenar aún más haber sido lo suficientemente condescendientes con el abuso [...] ’', indica Fabiola Arce. ’'Pienso que estamos en un momento trascendental para cambiar el rumbo de la historia. Los costos pueden ser altos [...], pero vale la pena si realmente vamos a contribuir a construir una sociedad con igualdad y sin discriminación’', enfatiza Sofía Carrillo.