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Domingo

La voz de Vallejo

Hace cincuenta años que Delfina Paredes recita los versos del poeta universal. Esto fue posible por la estrecha amistad que entabló con su viuda, Georgette Philippart. Esta semana, tras su ausencia de los escenarios por la pandemia, la actriz volvió a las tablas y las hizo vibrar.

Georgette me autorizó a dar el recital y desde aquella vez lo he dado donde me lo han solicitado”. Foto: La República
Georgette me autorizó a dar el recital y desde aquella vez lo he dado donde me lo han solicitado”. Foto: La República
Juana Gallegos

Corría 1972 y Delfina Paredes, con 38 años, se estaba haciendo un lugar en la escena teatral limeña. Había dejado su natal Arequipa y sus estudios universitarios de Química para entrar a la Escuela Nacional de Artes Escénicas. Su participación en un radioteatro en Cusco le había descubierto sus dotes histriónicos y quería, a toda costa, ser actriz.

En Lima participaba en algunas obras de teatro, pero hubo un hecho que la marcó. Un día llegó a su casa impactada tras ver en el cine Morir en Madrid (1963), un documental sobre la Guerra Civil Española. Uno de sus hermanos le dijo que toda la crudeza de ese hecho histórico ya la había narrado César Vallejo en su poemario España, aparta de mí este cáliz (1939).

“Empecé a leerlo y no dormí esa noche. Yo recién estaba conociendo a Vallejo y me pareció tan genial que me daban ganas de salir a preguntar a mis vecinos si lo habían leído, porque tenían que hacerlo y así se me ocurrió hacer un recital”.

Pero llevar a escena los versos del poeta universal no sería sencillo. Primero debería tener la venia de su viuda, la parisina Georgette Philippart, quien residía en Miraflores. Delfina cuenta que fue a verla a su casa y, tras comunicarle sus intenciones de recitar los poemas de Vallejo, le tiró la puerta dos veces, hasta que, en su tercera visita, Georgette le preguntó si usaría cortina musical en la puesta, a lo que la joven actriz dijo que no, y recién así la invitó a pasar.

Intercambiaron teléfonos. A los días, Georgette llamó a Delfina y le dijo que fue a verla al teatro y había quedado sorprendida con su trabajo, podría ir a verla cuando quisiera. “No dejamos de hablarnos hasta su muerte, me autorizó a dar el recital y desde aquella vez lo he dado donde me lo han solicitado”.

Ciertamente, la actriz ha prestado su voz y gestos para interpretar los versos vallejianos y los ha llevado a escuelas, iglesias, universidades, hasta en la cárcel El Frontón dio su recital, que se divide en dos partes. Allí declama versos de los poemarios Los heraldos negros, Trilce, Poemas humanos y, claro, España, aparta de mí este cáliz.

Delfina ha presentado su recital en escenarios de Latinoamérica y Europa. Y a sus 87 años ha perdido la cuenta de cuántas veces lo ha hecho. Solo una fecha palpita en su memoria: el 15 de abril de 1972, el día de su primer recital, será porque, un mes después, falleció su padre.

Para entender a Vallejo hay que leerlo o escucharlo en la voz de Delfina Paredes: “Sus poemas hacen transitar el espíritu por diferentes situaciones, a veces la ternura, otras la crítica… todavía vuelvo a versos suyos y me detengo cada vez más asombrada al descubrir nuevas metáforas”.

Y sobre su amistad con Georgette, Delfina asegura que el Perú tiene una deuda enorme con la viuda, quien le contó que salvó de las cenizas la obra de Vallejo cuando los alemanes bombardearon París en 1940. “Fue a la embajada peruana a poner sus manuscritos a buen recaudo, pero, a los días, se enteró que estaban tirando bombas cerca, así es que fue, y encontró la embajada casi en ruinas. El viento se llevaba papeles y eran los escritos de Vallejo, los recogió de rodillas peleando con el viento”. No solo rescató del olvido sus poemas, también sus obras de teatro y crónicas periodísticas.

Con “Hace 50 años… Recital de Vallejo”, que se presenta por dos fechas en el CCPUCP, la primera actriz empieza a despedirse de las tablas. Fiel a Georgette, dice que parte de lo recaudado lo donará para que los restos de la viuda sean trasladados al cementerio de Montparnasse, en París, donde está la tumba del poeta.