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IA contra la malnutrición

Ideado por dos expertos de la UNI, un dispositivo pionero elabora ‘golosinas nutritivas’ gracias a la inteligencia artificial: personaliza el producto tras identificar las carencias alimenticias del usuario.

La Republica
Juárez y González, arquitectos de la Universidad Nacional de Ingeniería. Foto: Antonio Melgarejo
Luis  Paucar

Suena inverosímil, pero ocurre desde hace algún tiempo. La inteligencia artificial (IA) se alió con la industria alimentaria –y, de paso, con la gastronomía– para desarrollar productos lúdicos, sostenibles y nutritivos. Hace siete años, la NASA invirtió en el desarrollo de una impresora 3D para reforzar los alimentos de los tripulantes de misiones espaciales a largo plazo. En Chile, una startup empleó IA para elaborar comida a partir de plantas y reemplazar los productos de origen animal. Y en Estados Unidos, una empresa se basó en la combinación de algoritmos para idear un snack proteico, único en su tipo, que atienda las necesidades y gustos del consumidor.

Las foodtech –un vocablo inglés que fusiona food (comida) y technology (tecnología)– marcan el camino, pero el debate se acentúa en cómo pueden contribuir a mitigar la malnutrición. ¿Un dispositivo tecnológico será capaz de devenir en un complemento alimenticio que respalde esta causa? Desde hace tres años, Benito Juárez y Walter González, arquitectos de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), vienen desarrollando una impresora de alimentos personalizada para demostrar que sí es posible: un dispositivo que produce ‘gomitas nutritivas’ y dosifica cada compuesto químico de acuerdo a la necesidad del beneficiario. Es un invento pionero en el Perú, un país que tiene gastronomía reconocida a nivel global, pero donde persisten altos índices de malnutrición, y donde siete de cada diez distritos registran problemas de inseguridad alimentaria, según la FAO.

“Nuestra propuesta está dirigida especialmente a los niños mediante la producción personalizada de golosinas nutritivas, utilizando especies nativas de las zonas altoandinas y la selva amazónica como el camu camu, la cocona, el aguaje, el zapote, la chambira, el ungurahui, el arazá y el sacha inchi”, dice González, investigador de la UNI e hijo de migrantes. La máquina emplea cartuchos de estas frutas liofilizadas, detalla Juárez, docente del FAB Academy y miembro y cofundador de FABLAB UNI. Asimismo, el esquema de funcionamiento está estructurado en dos partes. La primera consiste en una plataforma digital que toma los datos del estado nutricional del usuario mediante un análisis de sangre, un proceso que se ejecuta por medio de sensores conectados a un computador.

Este software determina los niveles nutricionales y posteriormente personaliza los sabores y la dosificación de los nutrientes, de acuerdo a ese déficit. La segunda parte consiste en el mecanismo del proceso de dosificación, en el cual se combinan los cartuchos, lo que finalmente deviene en gomitas con forma de león, cocodrilo o jirafa. “Presentadas así, resultan súper atractivas para los pequeños, nuestro público objetivo –afirma Juárez–. Aunque no parezcan, cada gomita es capaz de resolver esos déficits previamente establecidos y, por qué no, rescatar a quien la consuma”.

Patente

La mediatización del dispositivo ha coincidido con la reciente aprobación de la patente de modelo de utilidad otorgada por Indecopi, a nombre de la Universidad Nacional de Ingeniería, por un plazo de diez años.

En los próximos días, además, los expertos ya tendrán listo el prototipo final, con lo cual se abre camino a la búsqueda de financiamiento para una producción masiva de esta impresora. Juárez y González quieren introducir su invento en el deporte de alta competencia. El futuro, saben, es ecoamigable y tecnológico.

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