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Isabell Allende: “Mi infancia no fue feliz y no quisiera revivir ni un día de esa época”

Feminismo, la longevidad en el mundo, el recuerdo siempre presente de su hija Paula, y el documental que HBO ha preparado sobre su trayectoria son los puntos fuertes de esta conversación con la novelista chilena Isabel Allende.

La serie biográfica de Isabel Allende fue estrenada en marzo por HBO Max. La cadena de streaming llegará en junio a nuestro país
La serie biográfica de Isabel Allende fue estrenada en marzo por HBO Max. La cadena de streaming llegará en junio a nuestro país
Emilio Camacho

Es el 6 de diciembre de 1991 en Madrid. Hace dos días, Isabel Allende llegó a esta ciudad para presentar El Plan Infinito, su quinta novela. Para ello, sus editores han organizado una fiesta. La idea es la de siempre. La escritora chilena debe explicar un poco en qué circunstancias escribió la historia de Gregory Reeves, un muchacho blanco criado en el barrio latino de Los Ángeles. El programa de la presentación avanza sin contratiempos, hasta que una representante de la editorial se acerca a la narradora y le susurra algo en el oído. De pronto, la actitud de Isabel cambia, deja la algarabía momentánea y se sumerge en la angustia. Avanza entre los invitados con paso rápido, apenas se despide, corre al encuentro de uno de los hechos más dolorosos e importantes de su vida: la enfermedad y muerte de su hija Paula. Lo hemos leído ya. Isabel escribió en 1994 la historia de su pérdida, en un libro al que bautizó con el mismo nombre de su hija. Lo hemos hojeado y comentado, pero nunca lo habíamos visto. Hasta hoy. Hace tres semanas, HBO estrenó en Estados Unidos una serie biográfica sobre la escritora, inspirada en Paula, la novela. Y allí se puede ver el episodio de la Isabel acongojada que deja a sus invitados y corre a un hospital de Madrid para encontrarse con su hija. Está también su lucha por mantener su independencia en los sesenta, en una sociedad en la que las mujeres tuvieron que aprender a usar corbatas y pantalones para no desentonar en las oficinas. Aparece el nacimiento de su primera novela: La Casa de los Espíritus, y también sus rupturas, sus errores, sus divagaciones. Desde California, donde vive y ha hecho cuarentena, Isabel Allende ha aceptado responder por correo electrónico a Domingo, para hablar de su vida y de la serie dedicada a su trayectoria. Serán dos tandas de preguntas, una comunicación virtual para derrotar a la distancia y al encierro.

¿Todavía tiene el cuadro de su madre pintado en Lima?

Sí, tengo el cuadro. Lo vi siempre en la sala de mis padres y ahora me acompaña en California.

Le contó a El Mercurio, hace unas semanas, que también guarda las 24 mil cartas que le escribió a su madre diariamente, durante décadas. Ahora que ella no está, ¿cómo ha llenado ese vacío epistolar?

Después que mi madre se fue, traté de seguir escribiéndole con la idea de que la muerte es un grave inconveniente para la comunicación, pero no es un obstáculo. Lo hice por tres o cuatro meses, pero lo dejé porque era como llevar un diario de vida, no era realmente el diálogo invencible que tuve con mi madre durante toda mi vida. Siento el vacío....

¿Qué pasará con la correspondencia que sostuvo con su madre cuando usted ya no esté?

Supongo que mi hijo Nicolás cumplirá el deseo de mi madre de destruir las cartas. Yo debí hacerlo cuando ella murió, pero no me dio el corazón para encender una hoguera en el patio y quemarlas.

Su madre, Panchita, tenía una sabiduría especial. Ella decía sobre la vejez y la pérdida de facultades: “Con la dependencia, una se pone humilde”. ¿Coincide con ella?

No he llegado todavía a la etapa de la dependencia. Espero que cuando eso ocurra tendré la humildad necesaria para pedir y aceptar ayuda. Confieso que eso me da más miedo que la muerte.

En su último libro, Mujeres del alma mía, dice: “Vivir más no significa vivir mejor, la vejez larga tiene un elevado costo social y económico”. ¿Siente que el mundo está evitando ese debate? ¿El de la longevidad y todos sus desafíos?

En la mayor parte del mundo la gente vive una o dos décadas más que sus padres. Salvo algunos países escandinavos, que cuentan con buena previsión social, ninguna sociedad ha planeado lo suficiente para enfrentar la vejez prolongada y cada vez más numerosa. Esto no se podrá seguir ignorando por más tiempo, pronto será una crisis humanitaria grave. La vejez puede ser una etapa muy buena de la vida si se cuenta con salud, recursos económicos básicos y compañía. Eso requiere una estrategia que empieza a nivel de gobierno, pero que también atañe a la comunidad, la familia y a cada individuo.

Hablemos del feminismo, ¿dónde se originó su rebeldía contra la autoridad masculina?

Eso comenzó en Chile, en casa de mi abuelo, cuando yo tenía unos cinco años. Mi padre abandonó a mi madre en el Perú y ella debió regresar a casa de sus padres en Chile, donde pasé mi primera infancia. Al ver a mi madre vulnerable, sin recursos propios, totalmente dependiente y sola, mientras que los hombres de la familia – mi abuelo y mis tíos – tenían todo lo que a ella le faltaba, adiviné que el mundo es muy injusto con las mujeres. Supongo que yo era una niña observadora, precoz y rebelde por naturaleza.

¿Tuvo una infancia difícil?

Yo nací en los años 40. En ese tiempo no se suponía que la niñez fuera feliz y sin traumas. En mi familia los niños crecíamos como las plantas; nadie se preocupaba demasiado por nosotros. El miedo era parte de la existencia: miedo al castigo, al diablo, a los fantasmas, a que se muriera mi mamá y fuéramos a dar a un orfanato, etc. Había normas claras: obedecer, no quejarse, ser responsables y respetuosos, no mentir, cumplir, cumplir, cumplir... Mi situación familiar era poco común y yo era particularmente sensible (me daba cuenta de todo como si tuviera antenas). Mi infancia no fue feliz y no quisiera revivir ni un día de esa época, pero creo que muy pocos niños eran felices.

¿Y diría que creció en un hogar machista?

Por supuesto, todos los hogares eran machistas en aquella época.

¿Es cierto que conoció a su padre el mismo día en que él murió?

Mi padre murió de un ataque al corazón en la calle y me llamaron a la morgue a identificar su cadáver, pero no pude hacerlo porque nunca había visto una fotografía de él.

Su padre se alejó de su familia cuando usted tenía unos tres años, ¿desde entonces perdió todo contacto con la familia Allende?

Perdí contacto con mi padre y mi abuela paterna, pero Salvador Allende, que era primo hermano de mi padre, se mantuvo siempre en contacto con mi madre. De chica tuve relación con sus hijas. Después mi madre se casó con Ramón Huidobro, muy buen amigo de Allende, y la relación se hizo más frecuente y estrecha.

¿Cuál es el recuerdo más doloroso que tiene del 11 de septiembre de 1973, del golpe de Pinochet y la muerte de Salvador Allende?

Todo es doloroso, especialmente la imagen inolvidable de los aviones bombardeando el palacio presidencial. El toque de queda y la censura de prensa impidieron que tuviéramos noticias. Habrían de pasar varias semanas y meses antes de que supiéramos la magnitud de la violencia.

Cuando le preguntaron sobre la necesidad de una reconciliación en Chile, la expresidenta Michelle Bachelet dijo que nadie puede exigirle perdón a quien ha sufrido represión, ¿qué piensa usted?

Estoy plenamente de acuerdo con ella. El perdón es algo que cada uno decide en el propio corazón.

¿El estallido social de octubre de 2019 es el inicio del fin del modelo económico que actualmente rige en Chile?

El modelo económico debe ser modificado, pero no necesariamente reemplazado. El neoliberalismo brutal tiene que ser controlado. En Chile todo ha sido privatizado, desde la educación, la salud y las pensiones, hasta el agua que bebemos. Existe una escandalosa corrupción en todos los niveles. La desigualdad económica es de las mayores del mundo. Esperamos que la nueva constitución contribuya a enfrentar esos problemas, pero no se puede esperar milagros.

¿Cuál es su definición de feminismo?

Es una sublevación contra el patriarcado.

¿Hay una sola idea sobre el feminismo o hay muchas ideas? Se lo pregunto porque el feminismo es hoy parte del debate vigente en occidente, pero en otros países simplemente no existe, en otros países la vida de una mujer puede no valer nada.

La idea del feminismo es una sola, pero falta mucho para imponerla en el mundo. En algunos países se discute el uso de pronombres de género, mientras en otros se lucha por terminar con la venta de niñas en matrimonio prematuro, trabajo forzado y prostitución. Es decir, esta revolución que es el feminismo se va haciendo en etapas y por regiones y no ha alcanzado a todas las mujeres. Eso no significa que haya fracasado. Esta es una lucha larga. En los años de mi vida he visto y celebrado el progreso, pero sé que no veré el fin del patriarcado en mi vida. No importa. Mis nietas tal vez lo vean.

¿Es verdad que trataron de regalarle a una niña recién nacida en un viaje a la India?

Por supuesto que es verdad. ¿Por qué voy a inventar una historia así?

¿Cómo pasó y que sintió cuando le hicieron un ofrecimiento de esa naturaleza?

Lo he contado muchas veces y lo escribí en una memoria y en Mujeres del Alma Mía, pero voy a darle un resumen. En un viaje en automóvil, con un chofer, por una zona rural de la India, se calentó el motor y tuvimos que detenernos. Mi amiga Tabra y yo nos acercamos a un pequeño grupo de mujeres y niños. Aunque no compartíamos una lengua, pudimos relacionarnos con esa comunicación universal de gestos y sonrisas. Eran mujeres muy pobres y quedaron encantadas cuando les regalamos las pulseras de plata que habíamos comprado en un mercado. Al despedirnos, una de ellas me siguió y me entregó un bultito de trapos. Pensé que deseaba darme algo a cambio de las pulseras y le indiqué que no era necesario, pero ella no quiso recibirlo de vuelta. Separé los trapos y vi que había un bebé recién nacido... no creo que tuviera más de un día de vida. Lo besé, lo bendije y traté de devolvérselo a la madre, pero ella retrocedió. Entonces el chofer, un hombre alto, imponente, con turbante, me quitó al bebé y se lo pasó a la fuerza a la mujer que estaba más cerca. Me cogió de un brazo, me empujó al coche y partimos. Un minuto más tarde, cuando pude reaccionar, pregunté por qué esa mujer quiso darme a su bebé. “Era una niña, nadie quiere a una niña”, dijo el chofer. Ese inolvidable y trágico episodio me dio le idea de hacer una fundación para ayudar a mujeres como esa madre y a niñas como esa bebé.

¿Tuvo diferencias sobre feminismo con Paula, su hija? Si es así, ¿esas diferencias fueron desapareciendo con el tiempo?

Cuando Paula era adolescente creía que el feminismo estaba pasado de moda, pero apenas entró a la universidad y después al campo de trabajo, se convirtió en una feminista tan determinada como su madre. Eso ocurre con muchas mujeres jóvenes; algunas creen que ya está todo hecho, porque no se acuerdan de sus hermanas en el resto del mundo, y otras se asustan porque creen que el feminismo es poco sexy. No entienden que no es una guerra contra los hombres, sino contra el sistema.

¿Todavía despierta todos los días saludando a Paula?

La saludo a ella, a mi madre y mi padrastro, -el inefable tío Ramón-, a mis abuelos y otros amores que están al otro Lado. Y en la noche, antes de dormirme, les pido que me vengan a ver en el sueño, pero andan distraídos y rara vez me hacen caso.

Ha mencionado al tío Ramón, la pareja de su madre, ¿qué sentía por él? Usted cuenta que de adolescente lo detestaba, pero que con el paso del tiempo eso fue cambiando.

El tío Ramón fue el mejor padre que pudimos tener mis hermanos y yo. Supongo que al principio lo detestaba porque tenía celos de su relación con mi madre y porque era autoritario y machista, pero después llegué a admirarlo y quererlo con toda el alma. Fue mi mejor amigo, mi cómplice incondicional. Decía que yo nunca le hice la guerra, que yo era un ángel y que debía dormir de lado para no aplastar las alas. Murió en mis brazos. Lo último que vio fueron mis lágrimas.

Las mujeres de sus libros suelen ser fuertes y decididas, pero los amantes hombres son imperfectos. Hay mercaderes con labio leporino, soldados amputados y octogenarios invisibles, ¿eso es intencional?

No creo que los amantes de mis novelas sean intencionalmente imperfectos. El problema es que me cuesta mucho imaginar al héroe masculino perfecto y cuando creo haberlo logrado, pronto comprendo que es una caricatura. Entonces debo matarlo.

Alguna vez ha dicho: “La mujer sexual asusta al hombre”, ¿por qué?

Todas las religiones y la mayoría de las culturas procuran controlar la sexualidad femenina, a veces con los métodos más brutales (como la mutilación genital femenina). El patriarcado necesita la sumisión y abnegación de la mujer para garantizar la supremacía masculina y la estabilidad de la familia, y requiere que la mujer sea virgen y fiel para que el hombre pueda estar seguro de su paternidad. Una mujer que desafía las normas y practica su sexualidad como cualquier hombre, es un peligro para el patriarcado.

En Mujeres del Alma mía sostiene que “La belleza y la vanidad es importante para los hombres”, ¿qué hay de usted? ¿para usted son igual de importantes?

Me gusta rodearme de belleza, aprecio la belleza en el mundo, en la naturaleza, en el arte, en los animales y la gente. Quisiera ser bella, por eso me arreglo, uso maquillaje, hago ejercicio y me preocupo de andar bien vestida. Soy vanidosa. Tengo 78 años y soy tan vanidosa como a los 20.

¿Qué espera de la serie biográfica que ha estrenado HBO Max? ¿Quiere que la conozcan más, que la quieran más, que la entiendan más?

La idea de la serie no fue mía. No tengo expectativas sobre ese proyecto. Lo único que le pedí a los productores fue que respetaran a las personas de mi familia que aparecen con sus nombres en la serie. Lo hicieron. Creo que la serie quedó muy bien, que está hecha con mucho cuidado y dignidad. No espero que los telespectadores me quieran más, porque la verdad es que podrán ver en la pantalla muchos de mis defectos y errores. Pero no me van a querer menos tampoco, porque todos nos equivocamos en esta vida.

He leído que su hijo, Nicolás, no ha podido ver la nueva miniserie sobre su vida porque empieza con el momento doloroso de la muerte de Paula. ¿Él ya ha podido superar eso? ¿Ya ha podido ver la serie completa? Y usted, ¿también ha superado esa pérdida?

Yo no quiero “superar” la muerte de Paula, al contrario, quiero sentir siempre esa pena dulce bajo la piel. La echo de menos, la recuerdo, le hablo, sueño con ella. Pude ver la serie, pero terminé llorando a mares. Le dije a Nicolás que no la viera, porque se le partiría el corazón. Adoraba a su hermana.

¿A quién abrazará primero cuando acabe la crisis del coronavirus?

A mis nietos. A mi hijo y a mi nuera los he abrazado durante toda la pandemia, pero a mis nietos casi no los he visto.

Va mi pregunta final. Si pudiera despertar encarnada en una persona, ¿en quién sería? ¿Sería Sophia Loren u Olga Murray?

Olga Murray, por supuesto. Sophia Loren me parece estupenda, pero Olga Murray ha salvado a miles y miles de niños de la pobreza, la servidumbre y la orfandad.

¿Por qué Olga Murray es tan importante para usted? ¿Puede contarme cómo se conocieron?

Conocí a Olga a través de mi fundación, porque hemos apoyado económicamente los programas para niños que ella tiene en Nepal. Olga es un ejemplo para mí. Tiene 96 años y sigue trabajando por mejorar la suerte de miles de niños, no ha perdido la generosidad, el entusiasmo ni la curiosidad. Yo quisiera ser como ella.