Café con aroma a niñez

A nadie en su sano juicio se le ocurriría dar alcohol o tabaco a un niño, pero muchos padres administran a sus hijos una droga igual de adictiva de manera cotidiana: la cafeína. Y, lo más grave, su consumo está creciendo. Esta nota pretende ser una alerta.

Colas, chocolates, energizantes y otros productos con cafeína.
Colas, chocolates, energizantes y otros productos con cafeína.
Maritza Espinoza

Cualquiera se escandalizaría si viera a un niño con una copa de vino o un cigarrillo en la mano. Son hábitos de adultos y drogas nocivas y adictivas. Pero suele ser natural ver a un pequeño con un gran vaso de Coca cola, un enorme chocolate o una taza de café con leche.

Pero la cafeína presente en todos esos productos es una droga. Dañina y adictiva como cualquier otra. Y lo más grave es que su consumo está subiendo entre la población infantil y adolescente de manera alarmante.

Un informe de la National Coffee Association de 2017 descubrió que 37% de estadounidenses, de 13 a 18 años, bebía café todos los días, 14 puntos más que el 2014. Y la cosa puede ser peor. Un artículo de la revista Frontiers of Psychiatry titulado The Safety of Ingested Caffeine: A Comprehensive Review, señala que es un 75% de norteamericanos, entre 6 y 19, el que consume cafeína en una dosis promedio de 25 a 50 mg/día.

El médico-psiquiatra Joel Salinas puntualiza al respecto: “Es diferente que un adulto joven, sano, consuma una Coca Cola o un energizante que tiene 70 gramos de cafeína, a que lo haga un niño de cuatro años solo porque es una sustancia de consumo legal y los familiares no lo ven como un peligro”.

Pero ¿por qué está creciendo el consumo? “Porque ahora las fuentes en las que se encuentra cafeína ya no son solo las tazas de café, sino, por ejemplo, las bebidas gaseosas, los energizantes, los chocolates, los caramelos, y también productos no necesariamente comestibles, como los bálsamos labiales o cremas que se usan para las ojeras”, enumera el especialista.

La cosa es tan grave que la Sociedad de Pediatría de Canadá, por ejemplo, está pidiendo que se especifique la composición de los productos que tienen cafeína, con sus respectivas cantidades, si es que van a ser ingeridas por niños.

“Hay una cantidad máxima sugerida por kilo de peso. Si un niño que pesa diez kilos toma un Red Bull, son 7 miligramos por kilo, cuando el límite no debería pasar de 2.5. ¡Tres veces más!”, señala el doctor Salinas y agrega que “dependiendo de la concentración en el cuerpo, una de las cosas que se ve en un niño que consume cafeína en exceso es que está demasiado inquieto. “Y si vamos más allá, se pondrá irritable e incluso agresivo. Y si consume más, puede haber efectos a nivel cardíaco, como arritmias y alteraciones de personalidad”.

Pero el principal problema de la cafeína es que en niños y adolescentes puede afectar al desarrollo cerebral: “El cerebro está en constante desarrollo hasta los 21 años y, cuanto más pequeños somos, las sustancias ingresan con mayor facilidad. Si metemos una sustancia que va a alterar los procesos de aprendizaje y manejo de las emociones, todos los circuitos que tienen que ver con lo que debería ser un proceso normal de adquisición de información y desarrollo emocional se van a ver alterados”, explica Salinas.

Por todo eso, hay asociaciones médico-científicas, en algunos países, que están pidiendo que no solamente se reduzca, sino que se prohíba el consumo de cafeína en niños. “Cuando más retrases el inicio de estas sustancias es mucho mejor”, acota Salinas.

El otro segmento que está consumiendo cafeína en exceso son los adolescentes, que a menudo usan energizantes para mantenerse despiertos en época de exámenes y, peor aún, mezclan esos energizantes con alcohol en las fiestas. ¿Qué les puede pasar?

El especialista sale al frente: “La Asociación psiquiátrica americana ya catalogó los trastornos inducidos por la cafeína, que es un tipo de metilxantina. Si se toma en exceso, puede producir una intoxicación por cafeína, sufrir un síndrome de retiro (abstinencia), inducir trastornos ansiosos o provocar trastornos del sueño”.

Por eso, aunque es verdad que no hay nada más estimulante que empezar el día con una taza de café, cuando se trate de su hijo, piénselo dos veces. Es su cerebro lo que está en juego.