Los extrañaremos

Maritza Espinoza
13 Oct 2019 | 10:37 h

Aunque ellos se resistan a irse y, a pesar de su condición de cadáveres políticos en plena descomposición, se aferren con uñas y colmillos a las pantallas y micrófonos, como si fueran una rara especie de zombies figuretis, lo cierto es que los insignes personajes del aprofujimorismo ya fueron. Kaputt, bye bye, auf wiedersehen, hasta la vista baby. Y aunque, obviamente, seguirán peleando por sobrevivir, se irán desintegrando como los superhéroes de Marvel en Avengers: Infinity war.

Y, claro, estarán más muertos que nunca apenas elijamos a sus sucesores en enero y los productores de los programas de la tele tengan nuevo elenco estable en sus programas de entrevistas, aquellos en los que ellos reinaron durante todo este tiempo. Es decir, cuando haya nuevos vitochos, becerriles o mulderes a los que sacar de su casa a cualquier hora para sentarlos a opinar sobre todos los temas habidos y por haber. Entonces, solo entonces, les habrán extendido su certificado de defunción.

Pero, seamos sinceros, igual los vamos a extrañar. No en vano han sido parte de nuestras vidas por tres años y nos hemos acostumbrado a verlos matinee, vermouth y noche en la tele, a soportar sus cantinfladas, a renegar con sus traparecías, a aguantar sus incoherencias. Y aunque algunos solo ponen en el grupo de los "extrañables" del fenecido congreso a Alberto de Belaúnde, Marisa Glave, Indira Huilca y los otros chicos de la bancada politically correct, yo creo que nuestros monstruos también se merecen una pisquita de gratitud. Porque, seamos honestos, ¿cuántas veces nos hicieron reír con sus disparates? Eso siempre se agradece.

La Bartra nuestra de cada día

Extrañaremos sus rulos indomables y esa boquita que jamás parecía encontrar su ubicación precisa. También su vocecita chillona horadando nuestros oídos. Y, claro, esa capacidad inagotable de retorcer la verdad a extremos alucinantes, como cuando pasó de "¡La propuesta de adelanto de elecciones es un mamarracho para el archivo" a "¡Adelantemos elecciones, señor Vizcarra!", en menos de lo que parpadean sus inconmensurables pestañotas.

El marqués de Tacama

Aunque es una adición reciente a la fauna aprofujimorista (fue ministro de Pipikey, aunque de eso prefiera olvidarse), don Pedro Olaechea comenzó a divertirnos desde el mismísimo día en que fue elegido presidente del Congreso. Y no eran sus cejas indescriptibles ni su paradita a lo Herman Munster, sino más bien esa capacidad de decir paparruchadas como si fueran un decreto de urgencia y su incapacidad absoluta para darse por vencido que recuerda tanto al Coyote del Correcaminos.

La telenovela de Lucecita

Cuando ya creíamos que no podía darnos un show mejor que el de aquel video donde aparece, solícita, coordinando con Vladimiro Montesinos la candidatura de Alex Kouri, Luz Salgado nos regaló varias inolvidables perlas en este su reentré político, desde prometer que se iría si se probaba que se había sobrevaluado la compra de computadoras en su gestión frente al Congreso –se probaron y no se fue- hasta asegurar que las marchas anticorrupción eran financiadas por Soros. La extrañaremos. A ella y a sus trajecitos sastre bien al trinquete que nunca se quitaba ni para dormir.

Las vueltas de Sheput

De ser un correctito miembro de la bancada de Pipikey, y dicen que eterno aspirante a ministro de Vizcarra, de pronto se fue pasando con zapatos y todo al otro bando, siempre arguyendo que lo hacía en defensa de la democracia y la Constitución, speech favorito de los tránsfugas. Y, con la misma convicción con la que antes defendió a Alejandro Toledo y a PPK (de quien antes rajó), se fajó por la presidenta Mechita que, mala suerte, no duró para agradecérselo. Extrañaremos su cara de palo y su cabellera indomable.

El fiel Maurice

Pese a su eterno gesto de estar chupando limón, parecía el miembro más coherente de la cúpula aprista hasta el día del suicidio de su líder. Entonces, culpó a todos de su muerte y se dedicó a gruñir, aullar y morder a todo el que oliera a vizcaviarismo. Hay quienes dicen que fue el, ejem, cerebro de cada paso que dio el fujiaprismo hacia su autodestrucción, incluyendo el pedido de vacancia. Nunca olvidaremos su promesa de ser sacado a patadas del Congreso que tantos se quedaron con las ganas de ayudar a cumplir.

Bueno, no están todos los que son, pero son todos los que están. Y hay que despedirlos con una sonrisa y una lágrima porque, aunque ellos no lo crean, esta vez sí es más que un hasta luego. 

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