Venezuela: Al filo del despeñadero

La República
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Internacional

Cinco días a oscuras. Sin agua. Sin dinero. Sin transporte. Con saqueos. Con 43 muertos. Viviendo con miedo. En los últimos días, Venezuela tocó fondo. Mientras, Nicolás Maduro sigue hablando de un complot. Culpando a otros de su desastre.

La noche del lunes 11, Marelis del Valle (45) iba a la casa de su padre, en la zona de San Rafael, en la ciudad de Maracaibo, llevándole agua y algo de alimento, cuando la vio. Era una multitud de unas 200 personas. Con palos, fierros y piedras se abalanzaban sobre las puertas del Centro Comercial San Rafael. Las rompían. Penetraban en los negocios. Y salían con televisores, equipos de sonido, zapatillas, sacos de comida, hasta muebles, en las manos, sobre las cabezas. Marelis tuvo miedo.

Era el cuarto día del apagón que sumió en una oscuridad casi total al 90% de Venezuela. No había electricidad. Casi no había agua. No funcionaban los cajeros para retirar efectivo ni los sistemas eléctricos para pagar con tarjetas. Escaseaba el hielo. Los alimentos se pudrían en las casas. La gente estaba harta. Y en muchas partes de Maracaibo, y del resto del país, hombres, adolescentes, jóvenes y adultos se lanzaban a las calles a buscar lo que pudieran.

No pasó mucho para que el primer saqueo ocurriera.

–Yo creo que más que necesidad, fue vandalismo –cuenta Marelis a Domingo por WhatsApp–. Rompieron todos los vidrios de los locales, qué necesidad había. De locales que venden kekes se llevaron los muebles, pero no los kekes, lo que quiere decir que no era por hambre. Era vandalismo. Eso fue lo que creó este gobierno.

Esa misma noche, cuando la docente de educación inicial volvió a su casa, oyó disparos. Otro grupo intentaba saquear una licorería, pero el dueño, premunido de un arma de fuego, no se los permitió. Marelis llegó a su vivienda aterrorizada.

–La anarquía se apoderó de las calles. Era tan grande que los saqueos ocurrían delante de la Policía y ellos no hacían nada. Quienes cuidaban los locales eran los dueños, que les pagaban en dólares a personas armadas para que los ayudaran.

Según la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela (Fedecámaras), solo en la ciudad de Maracaibo se produjeron más de 300 saqueos a establecimientos comerciales durante los cinco días que duró el corte de fluido eléctrico. En todo el estado de Zulia hubo casi 500. Los objetivos no solo fueron centros comerciales sino también zapaterías, ferreterías, panaderías y joyerías. Hasta el jueves, 570 personas habían sido detenidas por la Policía por participar en este tipo de actos.

Todo había comenzado la tarde del jueves 7 de marzo, cuando la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar, que abastece del servicio eléctrico al 70% del territorio venezolano, dejó de generar energía debido a una falla. Pocas horas después, el país estaba sumido en las tinieblas.

 

El cuento del sabotaje

Según el gobierno de Nicolás Maduro, la causa de la falla fue un sabotaje cometido por el gobierno de los Estados Unidos, un "ciberataque" en el sistema de monitoreo electrónico de la planta, conocida como El Guri.

Expertos consultados por los medios coinciden en que la verdadera causa fue un incendio en el corredor de la línea principal de transmisión. El problema de fondo, señalan, ha sido la falta de mantenimiento, la negligencia y la "falta de capacidad" de las autoridades que manejan la central. El actual jefe del Ministerio de Energía y, a la vez, de la compañía eléctrica estatal, es un general en retiro de la Guardia Nacional sin experiencia en temas energéticos.

Cuando ocurrió el apagón, Wilmer Caraballo (30) estaba alistando a los chicos de su centro preescolar, en la zona de Petare, al este de Caracas. Los padres tardaron en llegar porque el metro quedó paralizado; algunos quedaron atrapados dentro. Cuando despachó al último crío y cerró el colegio, Wilmer corrió a casa. Consiguió unas velas. Y se sentó con su mujer, sus suegros y su bebé de un año a esperar que volviera la luz.

Pasaron las siguientes cinco noches en esa semipenumbra.

Wilmer no fue a trabajar porque el gobierno, debido a la falta de electricidad y a los problemas de transporte, decretó la suspensión de las actividades laborales y educativas.

Lo mismo le ocurrió a Geraldine Siso (42). En lugar de dedicarse a sus ocupaciones como relacionista pública de un clúster de empresas, se lanzaba todos los días a la calle a buscar locales que tuvieran comida y agua en bidones y que aceptaran tarjetas de crédito o dólares o pesos colombianos. Sin cajeros operativos, nadie tenía bolívares en las manos. Ella cocinaba los alimentos al carbón.

El miércoles, cuando conversamos por Twitter, Geraldine se alistaba a pasar su sétima noche iluminada por lámparas. Estaba agotada. Y angustiada. Días atrás habían saqueado el supermercado Central Madeirense del barrio Santa Cruz, a pocas cuadras de su casa.

–Lo más complicado es tratar de mantener la calma, controlar el miedo y resolver sobre la marcha –nos dijo. –No es fácil mantener a una familia bien alimentada en medio de un colapso electrónico, sumado a un proceso hiperinflacionario.

A Geraldine le preocupaba la gente que sacaba agua de los arroyos y acequias. Como los vecinos de la zona de San Agustín, que cargaron agua de un colector que desembocaba en el contaminado río Guaire. Temía que en los próximos días se desatara una epidemia.

Para entonces, el apagón ya había ocasionado un serio problema de salud. La crisis hospitalaria que ya vive Venezuela se agravó debido a la falta de agua y de energía. Los más afectados fueron los más de 10 mil pacientes renales que desde que comenzó el apagón no pudieron recibir sus diálisis. Según los reportes de Médicos por la Salud y Codevida (Coalición de Organizaciones por el Derecho a la Salud y la Vida), que monitorean la crisis hospitalaria en el país, al menos 43 personas murieron debido a esta situación.

 

Chivos expiatorios

De acuerdo con la consultora Ecoanalítica, el apagón de cinco días en Venezuela dejó pérdidas por unos 875 millones de dólares. La industria nacional quedó paralizada. "Para recuperar el país hay que buscar el apoyo de multilaterales y el sector petrolero", dijo el director de la consultora, Asdrúbal Oliveros.

Lejos de asumir su responsabilidad por el desastre, el gobierno de Nicolás Maduro ha vuelto a hablar del complot extranjero y ha metido en el saco de las acusaciones al presidente alterno, Juan Guaidó. El martes, el fiscal general de Venezuela, Tarek William Saab, lo acusó de ser la mente maestra detrás del apagón, sin presentar pruebas.

El gobierno también trató de convertir en chivo expiatorio de la catástrofe al destacado periodista Luis Carlos Díaz, a quien acusó de haber sido uno de los responsables del supuesto ataque a la central El Guri.

Díaz fue detenido el lunes 11 por el servicio de inteligencia y retenido hasta la noche del martes. Previamente requisaron de su vivienda teléfonos móviles y computadoras. Tiene prohibido salir del país, declarar sobre su detención y tendrá que enfrentar un proceso por supuesta "instigación a delinquir".

Según The New York Times, Díaz fue una de las 80 personas detenidas por acusaciones relacionadas con los daños al sistema eléctrico, de acuerdo con el organismo de derechos humanos Foro Penal. La mayoría de ellos no ha recibido cargos.

–Es muy fácil echarle la culpa a los demás de tu ineficiencia– nos dijo Marelis del Valle desde Maracaibo. –Este gobierno no conoce la magnitud de nuestros problemas. El pueblo sigue pasando necesidades y ellos siempre lavándose las manos y echándole la culpa a los demás.