Del teteo al tuiteo

Maritza Espinoza
23 02 2019 | 16:00h

Piensa que basta con dos tuitazos bien dados para que medio país salga a las calles a echar a Vizcarra de su sillón. Piña. García ya no es cabeza de oposición ni cosa que se le parezca.

Como la reina gorda de Alicia en el país de las maravillas (versión Disney, claro), esa que exclamaba “¡que le corten la cabeza!” a la pobre niña que sólo buscaba a su escurridizo conejo blanco, don Alan García –quien, by the way, no pudo escurrirse por ninguna embajada, aunque ganas le sobraron- anda ahora obsesionado con tener fresquecita y sangrante la cabeza de Martín Vizcarra en un plato de escabeche tamaño familiar y, para lograrlo, está dispuesto a agotar las teclas de su computadora tuiteando como loquito matinée, vermouth y noche.

Demostrando que anda más, ejem, estresado que cuando decidió darle un soberano puntapié a un pobre tipo que se le cruzó en una marcha y después de tenernos semanas saboreando sus repetitivos tuits sobre las estadísticas de la anemia infantil en este gobierno (en ningún caso peores que las de su gobierno de leche Enci y pan popular), ahora ha dirigido sus esfuerzos a desprestigiar el acuerdo con Odebretch, cuyas primeras sesiones de interrogatorios se dieron esta semana, y a señalar al presidente de la República como un corrupto más en la pléyade de sospechosos donde él mismo brilla con luz propia.

Tras el interrogatorio en Curitiba, donde los fiscales peruanos ratificaron sus suposiciones sobre su famosa y carísima conferencia en Sao Paulo (¡que ni Bill Gates, por Dios!), el ex presidente se ha vuelto un tuitero compulsivo, y bien ora lanza furibundos ataques contra los fiscales encargados de investigarlo a él y a los otros involucrados en Lavajato, como ora retuitea cuanto artículo o comentario sale contra el presidente en cualquier medio que, oh, coincidencia, suele ser tan clandestino como creíble.

No es un secreto ya que García, tal vez pensando que aún tiene la gravitación que alguna vez tuvo en la política nacional y en la opinión pública, busca obsesivamente la vacancia presidencial y piensa que basta con dos tuitazos bien dados para que medio país salga a las calles a echar a Vizcarra de su sillón. Piña. García ya no es cabeza de oposición ni cosa que se le parezca y, por mucho que se esfuerce, el moqueguano aún mantiene una altísima popularidad y las denuncias en su contra -que deberán ser investigadas como todas- parecen no hacerle demasiada mella (cinco puntos en una encuesta de Ipsos con +/- 2.83% de margen de error) y, eso, más por debilidades de su propia gestión que por los cacareos de sus enemigos.

¿No se dará cuenta el Ego colosal que, dada su altísima desaprobación, la gente le cree tanto como a las predicciones de Hayimi? ¿No será consciente que, si un buen día él decide hablar mal de, digamos, Vladimiro Montesinos, esté podría terminar resultando más popular que Gianmarco? ¿Quién le ha dicho que sus opiniones influyen en alguien, más allá de su corte de trolls y amiguetes periodistas que, dicho sea de paso, todos juntos no llegan a igualar ni la lectoría de El Peruano?

La desesperación del dos veces ex presidente y la estridencia de sus comentarios no se condicen para nada con su situación particular en el tema Odebretch, donde ha sido el mejor tratado de todos los investigados (tiene apenas impedimento de salida, mientras los Humala tienen sus bienes incautados y probaron cárcel; Keiko Fujimori aún sigue presa; Toledo, Villarán y PPK tienen las cuentas congeladas), así que tanta alharaca lo único que hace es que todos los ojos de la sospecha se vuelvan hacia él.

Alguien debería decirle que, a estas alturas, la mejor estrategia que podría asumir es la de quedarse calladito hasta que concluyan las investigaciones y enterarse que, en lo que respecta a sus odios contra el presidente Vizcarra, a la gente no le caen bien los políticos que apuestan por la inestabilidad. Más bien podría pegarla, aunque sea de dientes para afuera, de noble estadista presto a poner el hombro y a dar consejos bienintencionados, antes que de eterno e interesado saboteador. Le ligó con Toledo el 2006, ¿remember?

Piensa que basta con dos tuitazos bien dados para que medio país salga a las calles a echar a Vizcarra de su sillón. Piña. García ya no es cabeza de oposición ni cosa que se le parezca”.

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