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Alicia Alonso, la danza final

Homenaje. La mítica bailarina cubana falleció ayer a los 98 años. Recorrió el mundo con su arte. Y fundó el Ballet Nacional de Cuba, una de las compañías más importantes del mundo.

La República
18 Oct 2019 | 3:23 h

El País y EFE

El ballet clásico baja el telón. La bailarina Alicia Alonso, cuyo verdadero nombre era Alicia Ernestina de la Caridad Martínez del Hoyo, falleció ayer en La Habana. Estaba cerca de cumplir 99 años.

Alicia Alonso acumuló en su palmarés artístico un récord tras otro: fue la que se calzó las zapatillas de puntas hasta más tarde; la que apareció en alguna escena coreográfica pasado el umbral de los 90 años; la que bailó prácticamente ciega gran parte de su vida. Y la que recorrió el mundo más veces.

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Nació el 21 de diciembre de 1920 en el cuartel de Columbia de La Habana, donde su padre ejercía de oficial de intendencia y caballería. Viajó con su hermana mayor a España, donde aprendió a tocar las castañuelas y los rudimentos de las danzas españolas durante una estancia de su familia en el sur de la Península, donde pasó por Cádiz y Jerez de la Frontera.

A los 9 años ingresó en la clase habanera del maestro ruso Nikolai Yavorski, dentro de la Sociedad Cultural Pro-Arte Musical. Allí hizo su primera aparición con el vals del Cascanueces. Viajó a Nueva York por primera vez en 1937, donde se casó con Fernando Alonso. Tuvieron a su única hija, Laura, que también fue prestigiosa maestra de ballet. Apareció en Broadway en los musicales “Great Lady” (1938) y “Stars In Your Eyes” (1939) e hizo su primera gira con el Ballet Caravan en ese mismo año, encarnando su primer papel protagónico en “Billy the Kid”.

Con la compañía Ballet Theatre (después American Ballet Theatre) estuvo desde su fundación en tres periodos, donde asumió creaciones históricas: Undertow (Tudor/Schumann); Theme and Variations; Fall River Legend.

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Se ha hecho leyenda su primera aparición como la protagonista de “Giselle”. En 2013, celebró los 70 años de esta aparición escénica asistiendo en el Teatro de la Maestranza de Sevilla a una representación del Ballet Nacional de Cuba.

Entre 1943 y 1945, fue sometida a una cirugía en los ojos. Desde un principio, los médicos le dijeron que debía dejar la danza. Ella se negó. Y, al contrario, se esmeró en su técnica depuradísima, estudiando roles que luego puso en práctica sobre el escenario cuando perdió progresivamente la visión.

Entre su repertorio de entonces están “Jardín de lilas”, “Gala performance” y “Romeo y Julieta” (Tudor). Bailó con todos los destacados partenaires masculinos de su tiempo, aunque su inseparable pareja hasta 1960 fue Igor Youskevitch, con el que tuvo una complicidad escénica legendaria.

En 1948, volvió a La Habana como bailarina invitada de Pro-Arte Musical y fundó su compañía, el Ballet Alicia Alonso (a partir de 1959 Ballet Nacional de Cuba). Dos años después del triunfo de la revolución de Fidel Castro, en 1961, se convirtió en el Ballet Nacional, auspiciado por el Estado.

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Allí empieza a coreografiar. Creó “Lydia” (1951); “El pillete” (1952); “Narciso y Eco” (1955); “La carta” (1965); “El circo” (1967); “Génesis” (1978) y “Misión Korad” (1980).

A partir de 1960 y mientras las relaciones entre Cuba y Estados Unidos lo permitieron, Alonso dividió su tiempo entre Nueva York y La Habana. Así, fue una de las primeras invitadas a bailar en el Teatro Kirov de Leningrado y el Teatro Bolshói de Moscú en plena Guerra Fría, desde diciembre de 1957 a febrero de 1958 bailando “Giselle” y el “Lago de los cisnes”.

Una temporada en Lima

En los sesenta y ochenta hizo varias giras por Europa, Asia, Latinoamérica y Canadá.

En 1983, en Lima, Alicia Alonso fue recibida entre flores y aplausos. La maestra del ballet llegó para ofrecer una temporada en el Teatro Municipal, junto a su compañía.

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“Su presentación en Lima constituirá uno de los acontecimientos culturales más importantes del país. El público peruano está ávido por verla actuar en el marco de una coreografía subyugante, danzando de puntillas con singular arte”, así informó La República sobre la llegada de la afamada figura.

Últimos homenajes

En 2000 recibió el Premio Benois de la Danza, así como la Orden José Martí, máxima condecoración que otorga Cuba.

Y a lo largo de 2010 recibió numerosos homenajes y reconocimientos dentro y fuera de su país con motivo de su 90 cumpleaños, como el Premio Nacional de Enseñanza Artística y la Medalla Haydeé Santamaría del Gobierno cubano.

También fue investida doctora Honoris Causa por la Universidad de La Habana, por el Instituto Superior de Arte de Cuba, por la Universidad Politécnica de Valencia (España) y por la Universidad de Guadalajara (México), entre otras instituciones.

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La despedida

Tras la muerte de la maestra del ballet, políticos, organizaciones y artistas se han pronunciado para recordar su legado.

A través de su cuenta de Twitter, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, destacó el “insuperable legado” que deja la mítica bailarina.

“Alicia Alonso se ha ido y nos deja un enorme vacío, pero también un insuperable legado. Ella situó a Cuba en el altar de lo mejor de la danza mundial. Gracias, Alicia, por tu obra inmortal”, escribió el mandatario.

Asimismo, la Unesco, a través de sus redes sociales, destacó la labor de la bailarina cubana: “En 2002, Alonso fue nombrada Embajadora de Buena Voluntad de la Unesco por su extraordinaria contribución a desarrollar, preservar y popularizar el ballet clásico”.

Mientras que su discípulo, el bailarín Erick Rodríguez, que reside en México, mencionó conmovido que “la noticia, como a todo el mundo de la danza, me agarra de sorpresa. Aunque Alicia tenía 98 para cumplir 99 años, la veíamos de alguna forma eterna”.

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“La recuerdo explicando cómo se le debería tomar la mano a una mujer, por qué era la primera danza, por qué era la segunda danza”, dijo Rodríguez.

Los pasos de Alicia Alonso estaban marcados por el destino del ritmo, siempre a seguirlo. Incluso con ceguera y una edad avanzada, no dejó las zapatillas. En de punta pies, seguía danzando por la vida. Sin embargo, ahora, a sus 98 años, realizó un eterno movimiento.

In Memoriam

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Es una pérdida muy grande. Alicia Alonso es una de las personas que más han hecho por el ballet. Era bailarina del American Ballet Theatre. Pudo formar una compañía de ballet. Ha viajado por todo el mundo con su compañía, llevando el ballet a donde muchas veces no se conocía. Ella vino a hacer el papel de “Giselle”, en los años 50. Tengo el orgullo de haber compartido el escenario con ella. Después también la he visto. He ido varias veces al Cuba Ballet. He ido llevando a varios de mis alumnos, recuerdo que fueron Vania Masías, José Gregorio Irrutia, entre otros.

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Alicia Alonso era muy alegre, muy simpática, pero también muy justa y severa. Se fijaba mucho en todos los detalles. Era muy estricta con los bailarines, por eso llegó a tener una compañía tan prestigiosa como el Cuba Ballet.

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