Maestros del diseño y el arte que hacen por encargo

La República
25 M05 2019 | 21:00h

Testimonios. Víctor Escalante, Jesús Ruiz Durand, Ciro Palacios, Carlos González, Octavio Santa cruz y el francés Claude Dieterich, que exhiben sus trabajos en el C.C. Ccori Wasi, Narran cómo se iniciaron en el arte del diseño gráfico.

La vida es también como un trazo de lápiz sobre un papel. Así lo fue, por lo menos, para los seis artistas gráficos de los años 60, que actualmente exponen en el C.C. Ccori Wasi (Av. Arequipa 5198, Miraflores). Víctor Escalante, Jesús Ruiz Durand, Ciro Palacios, Carlos González, Octavio Santa Cruz y el francés Claude Dieterich, exhiben sus trabajos en “Diseño gráfico. Pioneros del 60”, muestra en la que se pueden apreciar afiches, carátulas de libros y logotipos que si no siguen vigentes, se han quedado como íconos en nuestra retina y memoria.

Ellos afirman que en esos lejanos años no había escuelas ni academias de diseño, por eso, todos menos Dieterich, se hicieron al mundo gráfico llevados solo por su talento y la milagrosa mano del azar.

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“Yo me hice artista gráfico de casualidad. Cuando dejé de estudiar y me fui a trabajar en una oficina, no sabía que era de un conocido diseñador suizo. Y como siempre fui aficionado al dibujo, me quedé para siempre como diseñador. Ahí seguí bajo la batuta del maestro, que está aquí presente, Claude Dieterich”, dice Víctor Escalante.

Jesús Ruiz Durand también asegura que su ingreso al mundo gráfico fue natural.

“Dibujaba desde niño y siempre estaba metido en imprentas. Cuando estaba en La Cantuta, fui alumno del poeta Javier Sologuren quien me encomendó, en 1958, la portada del primer libro de su sello legendario La Rama Florida. Desde entonces no he parado”.

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Y es verdad, como sus colegas, vivió pegado a un lápiz, pero como los tiempos cambian, ahora trabaja en computadora. Ha hecho de todo, ha diagramado diarios enteros y sus respectivos logotipos, como el de La República y La Crónica, entre otros.

“En mi caso -dice Ciro Palacios-, yo me di cuenta de que era dibujante cuando mis compañeros de colegio ganaban premios en concursos con los dibujos que ellos me encargaban. Cuando descubrí eso, me dije, las cosas van a ser diferentes de aquí para adelante”.

Después, cuando estudiaba en el seminario Santo Toribio, le encargaron hacer la portada de una revista, la misma que se empezó a repartir en la calle, en las puertas de las iglesias.

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“Ver que mi dibujo estaba en manos de la gente, es una emoción que nunca la voy a olvidar porque fue el primero mío que se difundió”, dice.

Al segundo día de cuando ingresó a la U. Católica, vio un letrero con logotipo en la vitrina que le llamó la atención. Allí leyó que había venido un diseñador francés y necesitaba un asistente.

“¡Caramba, es mi oportunidad, me dije, y corrí a buscarlo. El maestro vio mis dibujos y me dijo ‘quédate’. Ese maestro está allí (señala a Dieterich). Así empecé en el diseño gráfico”, cuenta Ciro Palacios.

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Carlos González narra que él no sabía qué hacer después de terminar el colegio, donde además de ser buen alumno, demostró que sabía dibujar. Tenía la presión de su familia en donde había médicos, abogados, odontólogos. Era señalado como la oveja negra y empezó a vivir una crisis existencial.

“En la Navidad de 1956, me encontré con un tío y un primo, me preguntaron qué quería ser... les dije ‘no sé’. Bueno, me recomendaron, por qué no pruebas y entras a la agencia de publicidad McCann Erickson. Seguí el consejo, fui a la agencia y caí bien. Allí me quedé y conocí al gran maestro argentino Guillermo Mordillo, un grande como Quino”, cuenta González.

“Yo tenía varias aficiones, pero lo que más me gustaba era dibujar, y no se me ocurrió que podía aprender más en algún sitio, uno busca trabajar. Pero igual, preguntaba quién es el mejor dibujante del Perú. Ese era mi objetivo. Así llegué a conocer a un diseñador suizo. Creo que si no hubiera tenido la idea de buscar al mejor, no hubiera sido diseñador”, narra Octavio Santa Cruz.

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El padre de Claude Dietericho era empresario papelero, así que cuando volvía del trabajo, le traía cientos de papeles de colores recortados.

“Mi hermano y yo pasamos la niñez dibujando. En cuanto a profesión, también fui la oveja negra de la familia. Mi padre quería que sea ingeniero como él, y mi madre, marino, porque le gustaba el uniforme. Pero yo fui por lo mío, ingresé a Bellas Artes y me incliné por el diseño”, refiere Dieterich.

Así comenzaron estos seis pioneros del diseño. Y conocen su oficio y saben definirlo. Víctor Escalante recuerda que “el diseño es un arte por encargo”. Para Ruiz Durand, “el diseño es una disciplina funcional que sirve para comunicar necesariamente”.

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“Nosotros vemos claro donde otros no ven nada”, arguye Carlos González.

Claude Dieterich, remata con las siguientes citas: “Diseñar es quitar. En diseño, menos es más. Dios está en los detalles”.