Descubren un ‘gen oculto’ en el virus de la COVID-19

Renzo Gonzales

renzo.gonzales@glr.pe GCRenzo

12 Nov 2020 | 23:25 h
Célula infectada por partículas de SARS-CoV-2 (rojo) produce un tipo de filamento (blanco). Foto: obert Grosse, CIBSS, Universidad de Freiburg
Célula infectada por partículas de SARS-CoV-2 (rojo) produce un tipo de filamento (blanco). Foto: obert Grosse, CIBSS, Universidad de Freiburg

Los investigadores sugieren que este misterioso gen podría haber contribuido al potencial pandémico del coronavirus. El hallazgo puede abrir nuevas vías para combatir la enfermedad.

Científicos de todo el mundo llevan meses analizando el genoma del nuevo coronavirus (SARS-CoV-2), con el objetivo de descifrar sus fortalezas y debilidades. Hasta ahora, se sabe que este patógeno lleva en su interior una cadena de ARN compuesta por 30.000 nucleótidos. Sus segmentos (cada uno con cientos o miles de nucleótidos) forman los genes, los cuales llevan información fundamental del virus, como su estructura y funcionamiento. Ahora, un equipo de investigadores acaba de hallar un gen que se pasó por alto durante toda la pandemia.

El estudio, recién publicado en la revista científica eLife, indica que este gen ha sido identificado como ORF3d. Los autores explican que no había sido detectado antes porque está “superpuesto”. Es decir, se encuentra en un segmento del genoma ocupado por otro gen.

Durante la infección, el SARS-COV-2 desenvuelve su genoma para que la célula lo lea y fabrique copias del invasor. Por ejemplo, el gen de la proteína S es leído para producir las espículas que le dan el aspecto de corona. No obstante, el hecho de que haya dos genes superpuestos implica que un mismo segmento del genoma producirá dos proteínas distintas del virus.

“La superposición de genes puede ser una de las formas en que los coronavirus han evolucionado para replicarse de manera eficiente, frustrar la inmunidad del huésped o transmitirse”, dijo Chase Nelson, investigador postdoctoral en la Academia Sinica en Taiwán y autor principal de la investigación. “Debido al tamaño de su genoma, el SARS-CoV-2 y sus parecidos se encuentran entre los virus ARN más largos que existen. Quizás sean más propensos a contener este ‘engaño genómico’”, añade.

Proteínas del coronavirus. Foto: ilustración/ La República

Podría ser clave

El equipo de Nelson halló a ORF3d “dentro de otro gen”, el ORF3a, un segmento mucho más largo ubicado entre los de la proteína de espícula (S) y la proteína de envoltura (E). Los autores aseguran que este gen camuflado también fue encontrado en un coronavirus de pangolines de la provincia china de Guangxi, pero no en otros coronavirus de pangolines ni de murciélagos.

El artículo detalla que el genoma analizado corresponde a la cepa del virus Wuhan-Hu-1, la primera en ser aislada y la más estudiada hasta el momento. Asimismo, indican que la presencia ORF3d parece coincidir con el salto del virus a humanos desde un huésped animal desconocido, lo que sugiere que tiene una relación con las propiedades adquiridas por el SARS-CoV-2, que desató la pandemia en poco tiempo.

“No detectar los genes superpuestos nos pone en peligro de pasar por alto aspectos importantes de la biología viral”, advirtió el líder de la investigación.

Partículas del coronavirus SARS-CoV-2 invadiendo el tejido celular en el pulmón de un paciente. Imagen: NIAID.

“Nuevas vías” para combatir al virus

Aún no han logrado determinar qué función cumple este gen en la infección, pero el equipo sostiene que los datos obtenidos en su estudio abrirán el camino para nuevas investigaciones sobre este y otros genes ‘ocultos’. En ese sentido, destacan que se deben vigilar las posibles mutaciones genéticas que los debiliten, con el objetivo de idear posibles tratamientos.

“Saber que existen genes superpuestos y cómo funcionan puede revelar nuevas vías para el control del coronavirus, por ejemplo, a través de medicamentos antivirales”, explica Nelson.

Asimismo, señalan que un estudio independiente había detectado ORF3d, pero no lo habían clasificado correctamente. Aquella investigación demostró que provoca una fuerte respuesta de anticuerpos en pacientes con COVID-19, evidencia de que la proteína codificada por este gen se fabrica durante la infección. Sin embargo, estiman que es “relativamente improbable” que despierte una respuesta en células T, las células inmunes que ‘recuerdan’ a los invasores y suelen circular en el organismo por varios años.

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