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Política

Carmen Mc Evoy: “Esta es una ultraderecha totalmente vaciada de ideas y proyectos”

Entrevista a la historiadora y presidenta de la Comisión Consultiva del Bicentenario.

La historiadora Carmen Mc Evoy va a publicar un libro sobre la expedición libertadora, producto de una conferencia organizada por el Proyecto Especial Bicentenario. Y ha retomado un proyecto sobre violencia política en Chile, en coautoría con un colega de ese país. Además, está experimentando con cuentos infantiles para hablarles a los niños desde una perspectiva histórica. En esta entrevista responde, entre otras cosas, sobre la actual campaña electoral y los pendientes del Gobierno.

¿No le parece que esta campaña electoral es muy fría?

Hay un desencanto generalizado, ausencia de interés, incluso cierto cinismo luego de lo que ha ocurrido con lo de Lava Jato, con todos los expresidentes involucrados, con la primera mujer de izquierda que llega a la alcaldía de Lima involucrada, con el expremier César Villanueva encargado de la vacancia presidencial involucrado, con empresarios involucrados. Hay una sensación de que el voto no cuenta en un sistema que la gente percibe corrupto, de la cabeza a los pies. Hay anomia, todo unido a un proceso con candidatos completamente desconocidos para el electorado.

La gente quería cerrar el Congreso, sin importar mucho qué venía después, parece.

Exacto, es que es un poco la manera como nosotros, los peruanos, vamos lidiando con los problemas, siempre en el cortoplacismo.

¿Tiene alguna expectativa del Congreso? ¿O ninguna?

Por ahí que nos sorprende, ¿no? Quizás no hay mucha expectativa, pero los ciudadanos sí deben establecer ciertas prioridades. En mi caso, mis expectativas son que se termine la reforma política, elegir a un Tribunal Constitucional independiente y, como una situación de emergencia, proteger a las mujeres. ¿Qué se puede hacer para proteger a las mujeres que son asesinadas a diario en el Perú? La violencia de género nos interpela como sociedad, ¿no?

La campaña sí tiene como chispazos de intensidad, ¿cierto? Son, es lo malo, vergonzosos, como el jabón que el candidato Mario Bryce le entrega a un contendor, o aquella frase delirante de Rosa Bartra, de las navajas y los tornillos. ¿Qué dicen estos hechos de nosotros como país?

Muchísimo. Lo de Bryce ha sido vergonzoso. Ante la ausencia de ideas, de proyectos, de una visión del Perú, se apela al ataque personal, y en este caso al racismo que define a nuestra sociedad, donde el color de tu piel define el nivel de tu higiene e, incluso, tu moralidad. La campaña también saca lo peor, también. Ese racismo debe ser combatido desde la escuela y se debe tratar de transformar este evento negativo en un reforzamiento de la idea de que todos somos iguales ante la ley todos merecemos el mismo respeto por el hecho de ser peruanos. Esto va de la mano con lo de las navajas y tornillos…

Lo que dijo Bartra.

Es una línea de una película de terror, ¿no? Se quiere generar miedo ante el género, se desea crear pánico ante la masturbación. Sin embargo, lo que el país tiene que ver es que esos cuchillos de los que ella (Bartra) está hablando, están siendo utilizados, por los hombres machistas, para matar a las mujeres. ¿Cómo se puede transformar estos episodios para iluminar aspectos de nosotros mismos en los que debemos trabajar? Esa debería ser una reflexión de estos dos episodios vergonzosos de la campaña.

Se dice que estos personajes, no solo ellos, claro, representan a nuestro conservadurismo más rancio.

Sí.

Sin embargo, el conservadurismo peruano no siempre fue esto.

Esta es una ultraderecha totalmente vaciada de ideas y proyectos. Con todo lo que podemos criticar, Bartolomé Herrera, en el siglo XIX, sí tenía una visión del Perú, histórica, que nos puede gustar o no. Pero acá no existe eso, no existe un proyecto, una mirada sobre la política, no. Es como un detritus que venimos arrastrando. Esta gente piensa que representan un legado conservador, pero no lo es. Si quisieran ser conservadores, deberían volver al siglo XIX, ver las grandes discusiones que había, y no utilizar estas ideas perversas para ganar adeptos, que es lo peor que puede hacerse.

Es un conservadurismo ramplón.

Es un conservadurismo ramplón, ignorante, como el de Donald Trump, que apela a la demagogia, a las mentiras.

Empieza el año. Al gobierno de Martín Vizcarra le queda año y medio. ¿Qué espera de él?

Como usted dice, es poco tiempo, año y medio. La idea de la universalización de la cobertura de salud es interesante, aunque no se ha explicado en qué momento se va a mejorar la infraestructura. ¿De qué te sirve el acceso a la salud pública si no hay médicos, si no hay medicamentos, si no hay gasa ni alcohol, si los hospitales no cuentan con lo mínimo para funcionar? Mientras que la lucha contra la corrupción está en manos del Ministerio Público, en este año que empieza hay que preocuparse por las preocupaciones cotidianas de los peruanos. Otro asunto tiene que ver con seguir mejorando la calidad de las universidades.

¿Se debe fortalecer a la Sunedu?

En efecto, que ha resultado ser una institución acertada en su trabajo. Eso de la mano con un mayor presupuesto al Ministerio de Educación, para dignificar la labor docente. E insisto en lo de la violencia contra las mujeres, porque no basta con ese discurso de ‘vamos a ayudarlas’, sino que hay que ver cómo se les va a ayudar. ¿Cómo? Por ejemplo, con casas de refugio. Y algo que sigue pendiente es la reforma de transporte público.

Bueno, anda pendiente desde hace mucho tiempo.

Es que se debe comenzar a trabajar por un transporte que no le haga sentir al peruano que ir al trabajo es una pesadilla.

Cinco expresidentes se han visto involucrados en temas de corrupción. ¿Martín Vizcarra podría ser la excepción?

Esperemos, de lo contrario sería algo devastador. De toda esta secuencia de presidentes una vez recuperada la democracia, el único que se salva es Valentín Paniagua. Sería lamentable que Vizcarra cayera en algo semejante. Dicho esto, de lo que debemos preocuparnos es de fortalecer a la presidencia de la República. Después de esta catástrofe de presidentes y ministros coimeados, hay que pensar en cómo hacer para devolverle la dignidad a esa institución.

Hay que decirlo también: la oferta que nos ponen para elegir no es buena.

La oferta no es buena, es cierto, pero las personas honestas que quieren servir, existen. Hay que convocarlas a todo nivel para el servicio público y comprometerlas en trabajar para el bienestar del país. Lo bueno, en todo caso, es que las consecuencias de robos a niveles altos están siendo castigadas, lo que espero que desincentive la idea de que se llega a la presidencia para aprovecharse. Ojalá que eso ayude a conseguir el presidente de calidad que merece la entrada al tercer centenario de la República.

A usted le preocupa mucho el problema de la violencia de género. Lo aborda en sus columnas, en esta misma entrevista lo ha mencionado. Se ha discutido en estos días sobre la frase “el Perú es un país de violadores”. ¿Le parece acertada?

No. A ver, es una frase usada para crear impacto frente a un tema que nos duele. Como peruana, me duele que se viole a mujeres, o que se les mate. También se podría decir que somos un país de feminicidas. ¿Pero todos los peruanos son violadores? ¿O feminicidas? Acepto la frase como generadora de conciencia y atención ante la frustración que sentimos las mujeres de que todo esto, en lugar de resolverse, crece. O ante la frustración que genera ver a violadores y feminicidas sintiéndose con mayor derecho a seguir cometiendo sus crímenes. Sin embargo, no creo que (la frase) refleje la realidad. Igual, la comprendo en el contexto difícil que vivimos.

Es una frase efectiva, genera respuestas, debate.

Es efectiva. El subtexto es que no se respeta la decisión de las mujeres. No se trata, solo, de una violación fáctica, sino de violar la decisión personal de alguien que dice ‘no’. Es la violación, también, de la voluntad. Más que una sociedad de violadores, hay, quizás, una mentalidad de violadores.

Preside la Comisión Consultiva del Bicentenario. Siendo honestos, ¿qué se puede celebrar el 2021?

Yo le respondería desde el argumento opuesto: en situaciones de adversidad, hay que sacar las fuerzas, las energías, hay que celebrar a los peruanos constructores, a los que imaginaron un Perú mejor y soñaron con él. Claro, estoy de acuerdo, estos son momentos dramáticos, difíciles, pero también son momentos en los que evalúas el esfuerzo de muchos anónimos que no son recordados por la historia y que, sin embargo, estuvieron construyendo un Perú que ellos vieron como una patria mejor. Por eso, mi respuesta es que se debe celebrar lo bueno que tenemos y, con las lecciones aprendidas, celebrar el bicentenario. Piénselo como un cumpleaños: cuando uno sopla las velas de la torta, piensa en qué hizo con su vida. 200 años no es mucho en un devenir histórico que lleva más de 5 mil años, pero se trata de un bicentenario que puede celebrarse con una conciencia, absoluta, de cuáles son los defectos y las virtudes que nos han llevado hasta este momento.

Porque, a pesar de todo, el Perú sigue caminando.

Caminando y con conciencia. Eso es lo importante: hay que rescatar la conciencia de que nuestra institucionalidad es muy frágil y de que la ciudadanía no solo tiene que pensar en términos de sus derechos, sino de sus deberes. El deber con el Perú nos debe impulsar. Es un momento de madurez: ¿qué le voy a dar al Perú?

¿Qué actividades se prepara para el bicentenario?

Los servidores públicos que forman el Proyecto Especial Bicentenario han realizado una serie de actividades: cabildos donde especialistas reflexionan sobre el Perú. Se han hecho en Arequipa y Tacna y continuarán en Ayacucho, Cusco, Huancayo y Trujillo. También se ha dado inicio a las giras de la Sinfónica Nacional y de los elencos folclóricos. El objetivo es construir ciudadanía y convivencia en valores, difundiendo al mismo tiempo la riqueza cultural peruana.

“Cotler fue el penúltimo oráculo, Macera el último”

¿Qué le generó la muerte de Pablo Macera?

Una vida larga la suya, prolífica como académico. Vivió su vida a su propio ritmo, fue un iconoclasta, un innovador. Hay que comprenderlo leyendo su obra, pero, a la vez, hay que ponerlo en su momento histórico.

¿Cuál es ese momento histórico?

El de la generación del 50, el del fracaso de la experiencia de Bustamante. El “¿cuándo se jodió el Perú?” es el soundtrack de Mario Vargas Llosa, de Rose, de todos estos peruanos que sienten, por un lado, la traición del APRA, y, por el otro, la decepción del reformismo que no llegó a ningún lado. Hay una sensación de impotencia de que no podían cambiar la realidad, hay un fatalismo. Desde ahí se entiende el pesimismo de Macera.

¿Y su vena autoritaria?

La tenía, tenía esa vena autoritaria. Ante ese burdel que es el Perú, para usar su frase, la solución es el autoritarismo, alguien que ponga orden. Es un poco paradójico, porque Macera, un radical en sus búsquedas académicas, en el corazón era autoritario. Tenía una mente aventurera que le hace soltar amarras con la ilustración de su maestro Porras. Pienso, y esto es muy personal, la muerte de Porras, a quien el Estado trata muy mal, como a todos sus intelectuales, marca a Macera, y por eso decide romper con el Perú liberal y se va a la historia rural andina, al arte popular. Su vida es una aventura de búsqueda y curiosidad. Con ese Macera es el que yo me quedo, con el innovador, con el que abre trocha para que otros, detrás, avancen. Me hubiese gustado, sí, que se reencontrara con Toribio Rodríguez de Mendoza, un ilustrado de Chachapoyas, o con Faustino Sánchez Carrión, un ilustrado de Huamachuco, que hubiera vuelto a la familia republicana, en donde hubiera descubierto los valores de la democracia, de los partidos y de la felicidad, porque no se olvide que la República promete, aparte de justicia e igualdad, felicidad.

¿Qué es lo que más rescata de Macera?

Todo lo que hizo en ese breve tiempo que tenemos los seres humanos, a pesar de su pesimismo. Otra paradoja. Un pesimista no hace nada porque, sabe, hay una especie de destino que te lleva a la nada. A pesar de eso, Macera continuó explorando. Es el último oráculo.

¿Quién fue el penúltimo?

Julio Cotler fue el penúltimo oráculo. Y Macera, el último. Entramos en una etapa en la cual cada quien es responsable de su actos y decisiones, y no es necesario tener oráculos que te digan hacia dónde ir o cómo actuar. Es otro Perú.