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Estar no es incluir, por Misión Educación

La inclusión educativa va más allá de la vacante en el aula; implica oportunidades reales de aprendizaje y desarrollo para todos los estudiantes.

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La propuesta del Ministerio de Educación para regular la apariencia de los estudiantes ha despertado críticas de organizaciones de derechos humanos por no abordar la violencia escolar.

¿Cuándo podemos decir que un sistema educativo es realmente inclusivo? ¿Cuando todos tienen una vacante y comparten un aula? ¿O cuando tienen oportunidades reales de aprender, participar y desarrollar sus capacidades?

El Proyecto Educativo Nacional al 2036 plantea la inclusión y la equidad como propósito, reconociendo que la igualdad puede requerir respuestas diferenciadas, por lo tanto, una vacante es apenas el comienzo.

Incluir no significa dejar de mirar los aprendizajes y evaluar no debería servir para comparar, sino para conocer qué aprende cada estudiante y qué necesita para progresar. En esa línea, la ENLA 2026 contempla adaptaciones y apoyos para su participación en igualdad de condiciones.

Sin embargo, como madre de una niña con discapacidad, he aprendido que la pregunta no es solo si mi hija está dentro de un aula, sino qué oportunidades tiene allí para aprender, participar y ser autónoma. Mi experiencia en política pública y conversaciones con especialistas que acompañan escuelas en el enorme reto de la inclusión me confirma que crear una política o servicio es apenas el primer paso. Para funcionar se necesitan capacidades, recursos y articulación.

Cuando un niño no logra ser incluido, solemos mirar a la escuela. Pero la escuela es la última milla de un sistema mayor. Para participar en igualdad de oportunidades deben funcionar los servicios de salud, de protección social, de transporte; los servicios debieran ser accesibles, los docentes debieran estar acompañados y las escuelas debieran contar con materiales y apoyos diversos.

Por eso, debemos hacer de la inclusión una capacidad del sistema: fortalecer los servicios de apoyo educativo, articular sectores y mirar trayectorias: participación, aprendizajes, progreso y culminación.

No necesitamos escuelas excepcionales. Necesitamos un sistema capaz de sostener a cada escuela, para que la inclusión deje de depender de la buena voluntad.

Diana Prudencio Gamio, Gerente de Inclusión Social, Educación y Salud, CARE Perú

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