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Japón invita a las personas de una localidad peruana para que viajen y revivan uno de sus pueblos en riesgo de extinción

El pueblo japonés necesita atraer extranjeros para evitar su declive, mientras que en un distrito peruano los jóvenes buscan nuevas oportunidades.

La localidad japonesa de Nanmoku busca residentes del distrito de Belén para que revivan la ciudad. Foto: Japan Times
La localidad japonesa de Nanmoku busca residentes del distrito de Belén para que revivan la ciudad. Foto: Japan Times

Nanmoku, una localidad japonesa de unos 1.300 habitantes en la prefectura de Gunma, enfrenta un acelerado envejecimiento de su población y busca una alternativa para evitar su desaparición. Para ello, estableció un acuerdo de ciudades hermanas con Belén, un distrito amazónico de Iquitos, con la esperanza de atraer a jóvenes que quieran establecerse allí.

Como parte de esta iniciativa, la alcaldesa de Belén y dos jóvenes viajaron recientemente a Japón y visitaron un hogar de ancianos en Nanmoku. El encuentro permitió conocer de cerca una comunidad donde siete de cada diez habitantes tienen 65 años o más y donde cada año mueren muchas más personas de las que nacen, según informa AFP.

Nanmoku busca nuevos habitantes para evitar su desaparición

La situación demográfica de Nanmoku es especialmente delicada. Según el alcalde Saijo Hasegawa, unas 60 personas mueren cada año en la localidad, mientras que solo nacen entre dos y tres bebés. Un informe de un centro de estudios había calificado en 2014 al municipio como el más expuesto a desaparecer.

Vista de la aldea montañosa japonesa de Nanmoku. Foto: AFP

El problema también se refleja en sus calles. La principal vía junto al río Nanmoku está rodeada de viviendas y comercios, algunos de ellos desocupados. El panorama mostraba una comunidad con cada vez menos actividad.

Hasegawa explicó que la localidad necesita ampliar sus horizontes y atraer nuevos residentes, incluidos extranjeros. "Sin ellos, podríamos alcanzar un punto en el que incluso el transporte público deje de operar", admitió.

Nanmoku ya había intentado atraer a jóvenes de otras zonas de Japón, pero las oportunidades laborales son escasas. Por eso, el acuerdo con Belén plantea una posibilidad diferente: conseguir que personas de la localidad peruana no solo trabajen temporalmente, sino que puedan echar raíces.

Jóvenes de Belén ven una oportunidad para su futuro

El contraste con Belén es marcado. El distrito de Iquitos tiene una edad promedio de 27 años y alrededor de 60.000 habitantes. Conocida como la Venecia Amazónica, esta zona solo es accesible por avión o bote y cuenta con numerosas viviendas de madera construidas sobre pilotes para enfrentar las crecidas del río Itaya.

Sus habitantes dependen principalmente del comercio informal y de actividades agrícolas, como el cultivo de yuca, arroz y maíz. La alcaldesa Lina Arista López reconoció las dificultades que enfrentan los jóvenes. "Creo que los jóvenes estarían más entusiasmados de vivir en otras ciudades debido a la situación que tenemos", comentó.

Durante el viaje, Wendy Sangama, estudiante de 19 años, quedó impresionada por Nanmoku. "Nanmoku es una ciudad muy bonita. Desde que llegué empecé a admirar todo", declaró. La joven incluso aseguró: "Si tengo la oportunidad de venir a vivir aquí, lo haría".

Ketsi Yahuarcani, de 23 años, también describió como 'increíble' la experiencia y destacó la calidez de los habitantes. Sangama consideró que mudarse podría representar una mejor opción para construir un futuro más próspero y ayudar a su familia, aunque reconoció que sería difícil estar lejos de sus seres queridos.

El desafío de vivir de forma permanente en Japón

El proyecto todavía enfrenta obstáculos. No está claro cómo podrían obtener la residencia quienes quieran trasladarse desde Belén. Además, quienes lleguen tendrían que adaptarse a una comunidad donde el idioma y el transporte pueden convertirse en dificultades importantes.

Yuki Wanibuchi, de 34 años, quien se mudó a Nanmoku desde Kioto, advirtió sobre esas barreras. "No puedes vivir aquí sin un automóvil, y obtener la licencia de conducir requiere habilidades japonesas", señaló.

La localidad también busca diferenciarse de los programas de empleo temporal que existen en municipios vecinos, donde los trabajadores extranjeros suelen llegar para desempeñar labores específicas, como el cuidado de ancianos.

"Traer trabajadores de una agencia solo porque nos falta personal no es lo que necesita nuestra aldea", afirmó Hasegawa. Su objetivo es conseguir nuevos vecinos que permanezcan a largo plazo.

Hiroshi Ihara, un residente de 87 años, ha visto cómo la comunidad envejece mientras jóvenes, incluidos sus tres hijos, se trasladan a grandes ciudades. "Quiero que venga más gente joven a vivir en la aldea. La población japonesa se está encogiendo. Sería mejor si pudiera venir gente del exterior a hacer lo posible para apoyarnos", subrayó.

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