Hilario Raymundo: el maestro de Simbilá, cuna ancestral de alfareros

Decenas de tinajas, ollas y joyas utilitarias y decorativas hechas del barro de Catacaos, la capital de la artesanía de Piura, nacen de las manos del fogueado artista Hilario Raymundo Paz. Conozca su arte.

 

Hilario Raymundo exhibe sus creaciones con simbología piurana. Foto: Ángel Chávez

Hilario Raymundo exhibe sus creaciones con simbología piurana. Foto: Ángel Chávez.

Sus manos le dan forma a una vasija. Foto: Ángel Chávez

Sus manos le dan forma a una vasija. Foto: Ángel Chávez.

Tinajas, ollas y decenas de piezas reposan en la Casa del Alfarero. Foto: Ángel Chávez

Tinajas, ollas y decenas de piezas reposan en la Casa del Alfarero. Foto: Ángel Chávez.

Luis Pérez / Revista Rumbos
 
Quizá esos sean los secretos de su trabajo ancestral o, tal vez, él solo bromea dibujando una sonrisa en su rostro resquebrajado por los años y el sol norteño, mientras humedece sus manos para darle forma a una de esas vasijas de barro que jamás faltan en los hogares de piuranos. Y ese no es ningún secreto.
 
 
Eso es lo que revelan por aquí. Eso es lo que se observa en Simbilá, un pueblo de Catacaos, la capital de la artesanía de Piura, donde los pobladores, herederos de la creatividad y el ingenio de los antiguos, moldean el barro y lo guisan entre leñas de algarrobos, sapote y pajilla de arroz, hasta que las piezan toman un punto rojizo en los hornos rústicos.
 
El resultado: algunas de las mejores obras cerámicas del país. Estas rescatan las técnicas milenarias de los tallanes y vicús, y, sobre todo, son hechas al natural. Así trabaja Hilario Raymundo Paz, el longevo maestro alfarero que no deja de bromear y dibujar una sonrisa cuando humedece sus manos.
 
Y es que así creció, observando como su padre, tíos y sus demás paisanos, creaban un rosario de joyas utilitarias y decorativas hechas de barro. Así aprendió a los 12 años la técnica del paleteo, que consiste en trabajar en el suelo moldeando con una paleta de madera de algarrobo de 15 centímetros y una piedra traída de los cerros.
 
Eso es lo que hace después de mezclar la arcilla, extraída de una cantera en el caserío La Legua, con arena libre de salitre y agua. "Luego hay que pisar con el pie", afirma. Solo así se obtiene una buena consistencia y puede pasar al paleteo y el lizado. Todos esos ajetreados demoran de 18 días de espera y secado, antes de ser cocinados durante 12 horas.
 
"Debemos fijarnos en las condiciones climatológicas: si no hay sol, definitivamente no podemos meter los trabajos al horno", dice. Tal vez ese sea el secreto de sus obras que han cruzado fronteras y océanos. Pero no, ese no es uno de los enigmas claves de sus piezas.
 
Es así que él da continuidad a los saberes alfareros que aprendió en su infancia y que hoy enseña a sus hijos y a los 30 artesanos que integran una asociación. Es así que la cultura popular, esa que nace del consumo de la chicha de jora que requiere de recipientes de barro (tinajones y cántaros), es el sostén tradicional de la cerámica de Simbilá. Don Hilario acepta que esos son los verídicos secretos. 
 

En Rumbo

Dónde: A siete kilómetros al sur de Piura se encuentra el caserío de Simbilá. Detenga sus pasos en la Casa del Alfarero. En este templo de las cerámicas encontrará piezas cuyos precios fluctúan entre un sol y los 300 soles.

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