03 de Febrero de 2016 | 18:12 h

Carmen Sotelo, la artesana que crea entre sonrisas

Después de la muerte de su esposo, ella encontraría en la costura y el bordado las mejores armas para combatir sus penas. Hoy, después de 13 años, es integrante de una de las asociaciones de artesanos de Huánuco.

En la artesanía Carmen Sotelo encontró una salida para sus penas. Foto: Ángel Chávez

En la artesanía Carmen Sotelo encontró una salida para sus penas. Foto: Ángel Chávez.

Sonrisas y paciencia, las claves para crear. Foto: Ángel Chávez

Sonrisas y paciencia, las claves para crear. Foto: Ángel Chávez.

Así lucen los negritos de Carmen. Foto: Ángel Chávez

Así lucen los negritos de Carmen. Foto: Ángel Chávez.

Luis Pérez / Revista Rumbos

Antes del retorno, es común tratar de conseguir algún objeto que nos recuerde por siempre el destino visitado o para obsequiárselo a ese ser querido que espera con ansias nuestro regreso a casa. Pero, más allá de las razones y motivos, los viajeros salen de compras y, en esos trajines, surgen diálogos con los artesanos en los que se conocen historias marcadas por el trabajo y la superación.

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Ese es el caso de la ancashina Carmen Sotelo. Una mujer que a simple vista genera mucha confianza, porque no hay manera de borrar la sonrisa de su rostro. Esa –asegura– es su mejor arma para combatir los malos ratos y los problemas que suelen presentarse en cualquier momento. “Aunque la procesión se lleve por dentro, hay que sonreír”, aconseja.

Y es que en el valle formado por el río Huallaga, la muy noble artesana aprendió a tejer su forma de vida, a bordar sus experiencias y a coser las heridas de su corazón. “La artesanía fue el refugio que encontré luego de la muerte de mi esposo; entonces, este es un trabajo que me ayuda a desenvolverme”, revela rasgando su velo de nostalgia.

Ella tuvo la valentía de salir adelante y unirse a una de las diez asociaciones de artesanos que existen en Huánuco. “Se llama Manos Cruzadas”, lo cual parece ser una contradicción. Ella jamás se queda con las manos cruzadas, como ahora que empieza a pegar lentejuelas en el pantalón del corochano, el personaje juguetón de la danza de los negritos.

“En la asociación hacemos, principalmente, a los protagonistas de las diferentes danzas y costumbres huanuqueñas, como el carnaval”, prosigue con la charla y con su trabajo, un trabajo que no es muy rentable económicamente. Por eso Carmen se aferra a su profunda convicción de que la procesión hay que llevarla por dentro. Solo así se puede sonreír siempre. Tomamos su frase como ejemplo…

 

El dato

Conozca las artesanías de Carmen Sotelo en el jirón Bolívar 345, Cercado de Huánuco.

 

 

 

 

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