03 de Julio de 2016 | 19:04 h

Inchicapi, el tradicional caldo de la selva peruana

Harina de maíz, sacha culantro, yuca y gallina de corral, son los ingredientes principales del contundente caldo amazónico que Rumbos degustó en el caserío de Santa Rosa (Pachiza, San Martín). 

 

La gallina de corral le da un saborcito especial al inchicapi. Foto: Ángel Chávez

La gallina de corral le da un saborcito especial al inchicapi. Foto: Ángel Chávez.

Luis Pérez / Revista Rumbos
 
Ajetreo en la cocina. La mujer cambia de ubicación minuto a minuto. Ingresa a su huerto en busca de un ingrediente fresquito: el sacha culantro. Vuelve al escenario gastronómico. Licúa la hierba con maní, harina de maíz, ajo, cebolla y sustancia de gallina de corral. Verifica si la mezcla de sabores está en su punto. Sonríe. Es la señal de aprobación.
 
 
Es así como doña Charito Paima, una esforzada maestra de la cocina regional de San Martín, se concentra en la preparación de una de las recetas que son parte de su saber. No hay mosquito inquieto que la fastidie o entretenga. Ella misma es. Más aún cuando se encuentra preparando su platillo favorito: inchicapi o inchik-api (inchik: maní / api: sopa).
 
Un caldo típico de la selva peruana de sencilla preparación, pero de sabor contundente, capaz de espantar el fantasma del hambre y, hasta incluso, vencer a los paladares de los más exigentes sibaritas, aquellos que le rinden honores a las proezas gourmets y las vanguardias moleculares.
 
Doña Charito Paima, una maestra de la cocina regional de San Martín. Foto: Ángel Chávez

Sopa amazónica

“Un hervor más y el caldo estará listo”, anuncia doña Charito, desde su cocina, entonces, en su rostro se dibuja una sonrisa de oreja a oreja. Cuando el gesto se marchita, su mirada apunta hacia la olla. Se acerca a ella. La destapa. Huele. La concentración regresa. Echa un poco más de sal. Prueba. Sonríe. La señal de aprobación se repite.
 
Algunos comensales la ayudan a servir los platos. ¿Amabilidad o apuro? No importa. Todo vale. Total, ellos solo quieren probar el inchicapi. Y eso es lo que hacen. Nadie conversa. 
 
Luego de saborear este potaje, el refresco de jamaica calma la sed. Foto: Ángel Chávez
 
Las cucharadas son rápidas. El caldo empieza a 'secarse' en los platos, pero aún falta 'atacar' el pecho de la gallina de corral. “Si desean pueden agregarle arroz al plato”, sugiere y recomienda la maestra de la buena sazón. Los comensales aceptan la propuesta.  ‘Mucho mejor’, concuerdan satisfechos. La frase es, en realidad, una ovación para la cocinera.
 
Buen provecho en el caserío de Santa Rosa (Pachiza, Mariscal Cáceres), el escenario en medio de los bosques del Alto Huayabamba, donde doña Charito explota los saberes culinarios que aprendió de su madre. 
 
“Espero que vuelvan otra vez. Tendré otros platillos”, es su tentadora despedida, mientras observa que el deslizador se aleja por las aguas del río Huayabamba.
 

En Rumbo

Dónde: caserío de Santa Rosa (Pachiza, Mariscal Cáceres), luego de surcar los ríos Huallaga y Huayabamba, a través de un viaje de aproximadamente 2 horas y 30 minutos.
 
Costo: 10 soles.
 
 

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