19 de Febrero de 2016 | 15:19 h

Huaral: el buen sabor de sus vinos y piscos

En el valle de Huaral (Lima) los vinos y los piscos son una bendición. La bodega Alvanor es una de las responsables de esos tragos benditos.

Travesía de vinos y piscos en Huaral. Foto: Astrid Herrera

Travesía de vinos y piscos en Huaral. Foto: Astrid Herrera.

Luis Pérez / Revista Rumbos

Dos tipos de sistemas de conducción para el cultivo de la vid. Sí, solo dos. Ni uno más, ni uno menos. El método 'arbolito', usado para la variedad quebranta que crece de forma erecta, sin ayuda, natural. El otro, 'cordón bilateral', se aplica en las uvas Italia –o moscatel de Alejandría– y cabernet sauvignon que se desarrollan con harto follaje y requieren sostén.

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Viñedos huaralinos. Foto: Astrid Herrera

¿Y el modo parral? No, no, ese no es empleado. Pues esa técnica es para uvas que tienen un menor contenido de azúcares; es decir, las de mesa. De esas no hay. Aquí solo se procesan las que son vineras y pisqueras. Ese es la misión de la bodega vitivinícola Alvanor.

“Tenemos una obtención promedio de 10 toneladas por hectárea”, revela Milagros Mamani, una de las responsables de la producción. “Solo faltan un par de semanas para la cosecha e iniciar la temporada de vendimia”, arenga, mientras indica que entre cinco y nueve racimos son los que produce cada planta que –ah, eso sí– han recibido un tratamiento fitosanitario debido al fenómeno El Niño.

Alvanor ha recibido premios por sus productos.  Foto: Astrid Herrera

Pero ese niño no entrará por aquí. Tampoco en la habitación amplia donde se percibe el perfume a purita uva y se inicia el proceso para elaborar distintas variedades de vinos. “Utilizamos máquinas por un tema de higiene y para ofrecer producto con altos estándares de calidad”, se ufana Evelyn Suárez, la administradora, cuando Milagros se dirige a otra estancia.

 “Luego de la fermentación del mosto, hay que destilarlo. El pisco sale fraccionado en tres partes: cabeza, cuerpo y cola. Lo mejor está en el cuerpo. Las otras dos no son para consumo”, continúa Milagros con la cátedra vitivinícola.

Degustación, el momento esperado. Foto: Astrid Herrera

Siempre es bueno catar. Y mucho más cuando se sabe que estos vinos y piscos han obtenido medallas en Huaral y en el distrito cañetano de Santa Cruz de Flores, nada más y nada menos que por su buena y fina armonía entre sabores y aromas; entonces, a las pruebas hay que remitirnos.

¿Vino blanco de 12° de alcohol?, ¿un mezcla de uva italia con quebranta? ¡Qué tal! ¿Vino tinto? ¡Oh, un gusto! Pisquito... ¿y tú qué esperas? Perfecto… Con todos estos productos es difícil escaparse de la tentación, pero ni modo. A continuar. Así es el trabajo periodístico. Muy sacrificado. ¡Salud!

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