04 de Octubre de 2016 | 9:16 h

Ica: testimonio de fe de los peregrinos del desierto

Rumbos acompañó a los devotos de la Virgen del Rosario de Yauca (Ica), para conocer sus historias de fe y las razones que los llevan a peregrinar hacia un pueblo solitario en medio del desierto. 

 

Virgen del Rosario de Yauca, la virgen del desierto iqueño. Foto: Luis Pérez

Virgen del Rosario de Yauca, la virgen del desierto iqueño. Foto: Luis Pérez.

Luis Pérez / Revista Rumbos
 
Llegan miles de personas a pie o en auto. Acampan en cualquier sitio. Hay mucho alboroto, pero no siempre es así. Solo ocurre el primer fin de semana de octubre. Luego parece un pueblito olvidado. Algunas casas y el templo nomás quedan en medio del desierto. Y se lo digo porque desde pequeñito he venido.
 
 
Y no soy el único. Eso también lo vivió mi familia, vecinos y paisanos. Y no volvemos por cumplir o simplemente para pasar el tiempo, sino por un acto de devoción y costumbre. Tradición y fe pura la llamamos, pues. Así crecimos. Llegando a ella para agradecer los milagritos y agasajarla como Dios manda.
 
Devotos en el tradicional peregrinaje a Yauca. Foto: Luis Pérez
 
Es por eso que salimos en peregrinaje con las Vírgenes Altareras. Ellas son cuatro y cada una es dirigida por su junta conformada por mayordomos, mayoralas y síndicas, quienes son los responsables de que todo esté en orden y salga bien. Además, observan quien se porta mal, para que luego sea castigado a correazos.
 
Así son las cosas por aquí. Todos tienen que obedecer mientras caminan, corren o beben pisco junto a la Virgen del Rosario de Tallamana, la primera altarera. Ella, kilómetros más allá, se reúne con la Virgen Dolorosa de los Aquijes. Siguen el paso hasta llegar la Cruz Blanca, donde las espera la Virgen del Carmen de Yajasi.
 
La Virgen de Yauca quien observa y escucha todo. Foto: Luis Pérez
 
Las tres van por el desierto al ritmo de las tarolas y bajo un cielo en llamas. Detienen sus andares en Huarango Mocho, el escenario del encuentro con la Virgen del Rosario de Pachacútec, la última altarera. Es así que ellas y todos caminamos unos cinco kilómetros más, hacia la Patrona de Ica.

Milagro de arena

No importa si el sol está más ardiente que otros días, el frío carcome los huesos, o llegan vientos cargados de polvo y arena. Todo sacrificio es válido con tal de llegar a ella, que observa desde la cúspide del altar mayor y escucha las misas que no tienen cuando acabar. Hay mañana, tarde, noche y madrugada.
 
Casi todos los sacerdotes de las Diócesis de Ica llegan. Aún más para celebrar la Santa Misa principal del Día Central (primer domingo de octubre) donde faltan manos para atender a los fieles quienes, parados en la Plaza de Armas, reciben baldazos de agua para apaciguar las infernales temperaturas del desierto.
 
Los devotos se emocionan al ver a la Patrona de Ica. Foto: Luis Pérez
 
Una vez más te lo digo: todo sacrificio es válido. Tan solo basta observarla para ser feliz. Así nomás la gente no la toca. Y es que es bien pequeñita. Mide casi 50 centímetros. A simple vista parece ser una muñequita. Y eso es lo que pensó la niñita que en 1703 la encontró en estos arenales.
 
Pero su madre se percató de que se trataba de la imagen de la madre de Dios; entonces, se la llevaron hasta Cocharcas, pero la virgencita no quiso estar ahí. Regresó al lugar donde la encontraron. Dicen que hasta la encadenaron, pero fue en vano. Ella volvía hasta aquí, donde eligió que edifiquen su santuario.
 
Y es aquí donde los responsables de los cuatro altares realizamos el baile de las correas y hacer 'una cura' (brindar con pisco luego de los correazos); es aquí donde el pueblo se vuelve loco cuando la imagen original sale en procesión; y es aquí donde los devotos lloran, rezan y ofrecen flores. Es toda una fiesta.
 
Miles de devotos en la procesión de la Virgen de Yauca. Foto: Luis Pérez

Tradición compartida

Abel Gómez, uno de los mayordomos del Primer Altar - Virgen del Rosario de Tallamana, no se equivoca. Tiene razón. Sus palabras son fruto de la fe y tradición que vive y siente cuando vuelve a los pies de su madrecita querida: la Santísima Virgen del Rosario de Yauca (Ica).
 
Y ese relato no solo se repite en la boca de mayordomos, mayoralas y síndicas de los otros altares, sino también en las del equipo de Procesiones de Ica. Un grupo de jóvenes que por agradecimiento a la virgencita, velan el orden de las misas y mantienen informada a población católica de los últimos detalles de la festividad.
 
Además, también cuidan de la peoncita. Una réplica de la Virgen del Rosario que juega carnavales en el jueves de comadres. Justo cuando Yauca parece ser un pueblito olvidado; justo cuando las altareras descansan en sus barrios. Justo cuando Abel se prepara para continuar con la costumbre. Una de tradición y fe pura la llaman. Y es la verdad.
 
Abel Gómez y Nilda Herrera, mayordomo y mayorala de la Virgen del Rosario de Tallamana. Foto: Luis Pérez
 

El dato

Más información de esta y otras manifestaciones religiosas de Ica en www.facebook.com/ProcesionesDeIcaPeru

En Rumbo

Viaje a Ica con Cruz del Sur (www.cruzdelsur.com.pe).

 

El templo refulge entre la oscuridad nocturna. Foto: Luis Pérez
 
 

 

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