29 de Diciembre de 2015 | 20:39 h

Chincha: la Virgen del Carmen, entre negritos y pallitas

Rumbos estuvo en El Carmen donde participó en una celebración donde la religiosidad se expresa bailando 

Las celebraciones en honor a la Virgen del Carmen se expresan bailando. Foto: Luis Pérez

Las celebraciones en honor a la Virgen del Carmen se expresan bailando. Foto: Luis Pérez .

Luis Pérez / Revista Rumbos

Cuatro mujeres esperan en una esquina de la Plaza de Armas de El Carmen, distrito de la provincia de Chincha (Ica). Vigilan y divisan un par de combis repletas de devotos. Frotan sus manos. Los pasajeros descienden. Entonces, ellas no dejan pasar ni un segundo para, en medio del tumulto, ofrecer estampitas, rosarios, escapularios y detentes.

 

Lleve con toda confianza el detente, ya está bendito”, expresa una de ellas. El devoto la ignora y trata de esquivarla, pero es en vano. Ella lo persigue. “No señora, no deseo nada”, sentencia. “Solo su colaboración amiguito”, refuta. Ni modo. No tiene otra salida más que correr –perdón, recibir y donar alguito–.

 

 

Y lo hace –al parecer no se le cruzó por la cabeza correr–, pero la mujer se enoja. Lo persigue. Discuten. Ella le reclama que porque solo le ha entregado un sol. ¿Usted pidió una colaboración?, replica. “Mínimo son cinco soles”, dice. Al devoto le hierve la sangre. Hastiado, le entrega la estampita y, ahora sí, corre sin mirar atrás.

De pronto, a unos metros de la mujer, quien ha vuelto a su zona de vigilancia para atrapar nuevos incautos, aparecen tres señoritas. Andan en dimes y diretes, hasta que el sonido de las campanas de la iglesia las silencia. Apresuran el ritmo de sus pasos. No quieren llegar tarde a la misa. Tampoco quedarse sin asientos.

Es tarde. Quedaron en el aire. No hay asientos para nadie. Ni para dos pallitas. Excepto quienes llegan preparados con sillas y banquitos. Buscan una buena ubicación, el mejor ángulo y, de hecho, que sea bajo la sombra del toldo… Un momento, ya no hay sombra para todos. Y en eso, como caída del cielo, una mujer hace su agosto vendiendo gorros.

 

 

En fin, “todo sea por la virgencita del Carmen”, susurra una morena, quien porta un hábito marrón, un detente, un escapulario y… el gorrito blanco. El nuevo accesorio. Enciende una vela y, en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo, se persigna. Observa a la Virgen del Carmen. Le ha de estar pidiendo o agradeciendo un milagrito.

Pero su conversación es detenida por el sacerdote. Él ha iniciado la misa central. Hay rezos, plegarias y fiesta. Sí, harta fiesta con cajón, guitarra y bongó. Aquí la misa es con festejos y zamacuecas. Es por eso que hay jóvenes que realizan cimbreantes movimientos de hombros y caderas en cada canto, en cada baile.

Sudan mucho, pero eso no importa. “Todo sea por la virgencita del Carmen”, vuelve a susurrar la morena. Así siempre lo han hecho. Así también le rinde homenaje a su patrona el hatajo de negritos de la familia Fajardo. “El único hatajo, en todo El Carmen, que participa y danza en la misa del mediodía”, revela Teodoro Fajardo, al tiempo que hace sonar su campanilla.

Danzan las pallitas

 

La misa concluye. Los bailarines descansan. El hatajo de negritos de la familia Fajardo forma dos filas, entre caporales y pastores, y se van con dirección al centro de la Plaza de Armas. La morena reinicia conversación con la Virgen. La vendedora sonríe. No tiene más gorros que ofrecer. Las dos infantes se unen a la otras pallitas.

Ellas son del hatajo de pallitas de Eliza Milani. Usan un vestido rosado y un velo blanco. Con la mano derecha sujetan unas azucenas multicolores, adornadas con elementos navideños y espejos, y con la izquierda cogen un pañuelo. Suena la guitarra de ‘Cochecho’ Ballumbrosio y zapatean ante la Virgen y el niño.

A unos metros de ellas están las tres señoritas, quienes retoman la tertulia, sin que el tañido de la campana de la iglesia las detenga. El ingenuo joven escucha el estruendo que nace del suelo. Este es generado por la fuerza de los contrapuntos que realizan los integrantes del hatajo de negritos de los Fajardo, Ballumbrosio y Huamán, sin pagar ni un sol.

Las cuatro astutas mujeres siguen haciendo de las suyas, mientras que las pallitas se despiden de la Virgen y cantan: “Adiós, adiós carmelita...”

 

El dato

Los hatajos de negritos y pallitas seguirán danzando hasta el 6 de enero, fecha en la que irán al distrito de Grocio Prado para saludar a la beatita Melchorita.

 

Síguenos en Facebook