27 de Diciembre de 2015 | 18:52 h

Ica: Hatajo de negritos, el ritmo de la fe

Hasta el 06 de enero, los hatajos de negritos veneran al Niño Jesús en Ica, perpetuando una colorida y rítmica tradición.

El hatajo de negritos se bailará hasta el 06 de enero. Foto Diego Anicama

El hatajo de negritos se bailará hasta el 06 de enero. Foto Diego Anicama.

Luis Pérez / Revista Rumbos

“Ya me voy”, dice el pequeño Luis –otro pequeño Luis, aclarando–, mientras recibe el beso de su mamá, quien acaba de llegar de viaje. “Le diré al niñito Jesús que te siga cuidando”, asegura y le da un fuerte abrazo para sellar la promesa. La madre vuelve a besarlo, al tiempo que se le desprenden unas lágrimas.

 

“Si siguen así, jamás se van a separar y ‘Periquito’ llegará tarde”, sentencia el abuelito, quien le recuerda a su nieto que no se olvide el detente de la Virgen del Rosario. ‘Periquito’ –mejor por su apelativo, no se vayan a confundir–, le agradece a su papito. Vuelve a despedirse. Levanta la mano y dice: ¡Adiós, regreso más tarde!

 

El pequeño Luis baila para el Niño Jesús. Foto: Diego Anicama

Apresurado, sale de su humilde hogar y camina por la chacra. Debe ir con mucho cuidado. Si sigue así, el polvo lo cubrirá de la cabeza a los pies. Entonces, no le queda otra opción que disminuir el ritmo de sus pasos. De pronto, un camión se aproxima. Levanta más polvo de lo normal. Luis huye mismo periquito –Ah, ahora se entiende el apelativo–.

Y en un dos por tres, como si hubiese volado, aparece por una esquina de la plaza de Armas del distrito de Pachacútec, ubicado en la provincia y la región del pisco puro: Ica. Aunque luce un poco polvoriento, no hay nada que una buena sacudida –mismo… sí, eso mismo– no pueda solucionar. Ya está. Limpiecito. No pasó nada.

Ahora sí, ‘Periquito’, chicotillo y campanilla en mano, está libre de preocupaciones. No hay ese bendito camión que levante tanto polvo ni la inquietud de haber olvidado en su hogar algún implemento de su traje. Pero, eso sí, la promesa que le hizo a su madre no se ha hecho polvo ni se ha esparcido con el viento. “Le diré al niñito Jesús que te siga cuidando.

Toque de violín

Jorge Cahua, violinista. Foto: Diego Anicama 

Con su pantalón y su camisa blanca, ‘Periquito’ se une al grupo. Además, tiene un emplumado gorrito rojo. Sus pies son protegidos por unos brillosos zapatito. Dos bandas de seda ornamentadas con lentejuelas se cruzan delante de su camisa. Una de ellas tiene el detente de la Virgen del Rosario.

Y es que él, al igual que otros niños, jóvenes y adultos, pertenecen a la banda o cuadrilla del Cuarto Altar Virgen del Rosario de Pachacútec. Todos ya tienen sus pasos bien ensayados. No por algo ni bien se escucha el sonido del violín y las campanillas, ellos empiezan a zapatear y deslumbrar con su energía en cada giro, en cada salto.

Se van por una calle. Los vecinos desde las puertas y las ventanas los observan. Un par de cuadras más allá hay una capilla. Ingresan danzando. Ellos no se detienen. “No hay por qué cuando hay fe”, afirma uno de los caporales. Al llegar se hincan. Es su forma de saludar al hijo de Dios.

De pronto se escucha un estruendo. El polvo se levanta. No es un camión, es el zapateo que ahora es mucho más intenso. ¿Y ‘Periquito’? Él sigue danzando. Está en lo suyo. Tal vez, aprovechando el momento para conversar con Jesús, de niño a niño, y hacer posible la promesa que le hizo a su madre.

Calmar la sed

“Ya está la pichi del niño”, expresa Blanca Tataje, entre risas. Y no se refiere a la orina de ningún niño. Mucho menos a la de ‘Periquito’ que en ningún momento se le ha visto ir por ahí. No, nada de eso.

Y es que así se le conoce al ‘ponche de agraz’. “Una combinación de agua hervida con canela, clavo de olor, azúcar y zumo de uva verde, complementada con mango verde en trozos”, revela la señora. Se bebe después de la adoración al Niño Manuelito. Tanto, el abuelo, los pastorcitos, los caporales, el maestro y el violinista, la disfrutan.

Pero quien no la disfruta es ‘Periquito’, quien de tanto baile y rezos se ha quedado dormido. Y no precisamente en el pesebre sino en una silla. De repente, en su sueño vuelve a repetirse la escena que vivió antes de salir de su casa. Ojalá que el abrazo sea mucho más fuerte… Y si no es así, que despierte. Su madre lo espera con el corazón en las manos.

 

En Rumbo

Ruta: Lima-Ica-Pachacútec. Vía: Panamericana.

Tiempo: 5 horas. Desde Ica se toman taxis o colectivos hasta Pachacútec.

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