Voces xenófobas

El Perú, un país de migrantes, abre las puertas a otros migrantes.

1 Feb 2018 | 6:05 h

Tres millones de peruanos se encuentran repartidos en todo el mundo, en países en los que la mayoría fueron recibidos amablemente, y donde trabajan, estudian, forman familias y se integran bajo el imperio de las leyes nacionales.

Ese país, el nuestro, en gesto solidario dispuso el año pasado un decreto que permite a las autoridades otorgar un Permiso Temporal de Permanencia (PTP) a los ciudadanos de nacionalidad venezolana que ingresaron al país antes de que ese país fuera excluido del Convenio Mercosur. Este permiso se otorga por el plazo de un año y se prorroga automáticamente hasta que se regularice la situación política de Venezuela.

Desde la aprobación de esta norma han ingresado 8 mil venezolanos por mes al Perú y según reporta Migraciones se tiene actualmente 25 mil con permiso temporal y otros 75 mil que permanecen en calidad de turistas con posibilidad de solicitar el permiso que les permite trabajar. Ante este flujo, el Gobierno ha expedido otra norma que permitirá a los venezolanos acceder al PTP si han ingresado al país hasta el 31 de diciembre de este año.

Las cifras tienen un resultado que hace pensar que el gesto solidario de un país de migrantes con la migración forzada desde ese hermano país no ha sido un equívoco. Entre los llegados se tienen 1.200 menores de edad que han podido reiniciar sus estudios, y poco más de 4 mil han sido contratados en planillas laborales, una cantidad que no tiene mayor efecto en los 200 mil puestos de trabajo que nuestra economía genera por año.

Lamentablemente, existe un rumor infundado sobre que los venezolanos “les quitan el trabajo a los peruanos”, una hostilidad que ha prendido en sectores poco informados, y recogida por el legislador Justiniano Apaza, del Frente Amplio, que ha llamado a restringir el ingreso de los venezolanos. Torcidamente, Apaza ha señalado que es bueno ser solidarios, pero que “tenemos que pensar también en que nuestros jóvenes necesitan trabajo”. El legislador Juan Sheput, desinformado, afirma que la economía no absorbe a los 300 mil jóvenes que se incorporan al mercado laboral cada año, preguntándose ¿cómo vamos a poder absorber a todos los venezolanos que vienen?

Más allá de la demanda para que se cumpla la ley, se fiscalice a los centros laborales para impedir la explotación de los migrantes y controlar que no se violen las normas de convivencia y se garantice la seguridad de todos lo que vivimos en el Perú, cualquier expresión xenófoba debe ser rechazada con firmeza. Sin cortapisas, debe defenderse el derecho de los peruanos a migrar a otros países y el derecho del Estado peruano a aceptar la migración de ciudadanos de otros países.

Debe recordarse que nuestro continente experimenta una creciente globalización de personas a despecho de políticas restrictivas, que hay 58 millones de migrantes internacionales en el hemisferio y que América del Sur y el Perú específicamente envían más migrantes de lo que reciben cada año. Las voces xenófobas no tienen cabida, se esperan pronunciamientos más firmes de los partidos de donde salieron estas y una política explicativa eficaz del Gobierno.

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