El Río de las aguas hirvientes [Video]

Un geólogo estadounidense de origen peruano encabeza una campaña internacional para salvar un ecosistema único en el mundo ubicado en el corazón de la amazonía peruana.

8 Jun 2017 | 5:20 h

No se trata de un simple río de “aguas calientes” como las que abundan en territorio peruano. Éste es un río de aguas hirvientes que alcanzan los 89 grados centígrados, es decir, como para prepararse un buen mate o un café bien caliente.

Su nombre asháninka es  Shanay-Timpishka, algo así como “hervido en el calor del sol” y está ubicado en el extremo oriental de la región Huánuco, en uno de los codos del río Pachitea y a pocos kilómetros de la frontera con la región Ucayali.

La zona fue conocida como “Aguas Calientes” -como en el poblado cercano a Machupicchu- pero hoy en día se denomina Mayantuyacu, que incluye un albergue de medicina tradicional administrado por la comunidad asháninka y célebre por sus curaciones con tabaco y por sus sesiones de ayahuasca.

Hasta ahí llegó el geólogo estadounidense Andrés Ruzo, experto en vulcanología y yacimientos geotérmicos, luego de hacer realidad un viejo sueño infantil: descubrir el mentado río de aguas hirvientes que pobló las leyendas de las primeras expediciones a la Amazonía.

Ruzo escuchó las historias de boca de su padre peruano. La leyenda de El Dorado o de una ciudad cubierta de oro llevó a muchos españoles a explorar extensas zonas de la selva amazónica. Los sobrevivientes volvieron con historias de mujeres guerreras (amazonas), serpientes gigantescas y ríos de agua hirviente. Cuando consultó a sus colegas la posible existencia de un río de aguas hirvientes, Ruzo recibió como respuesta un “no” rotundo. Menos aun si la zona está alejada de volcanes.

Sin embargo, Ruzo comprobó su existencia en el 2011 cuando visitó Mayantayacu. Ahora, como explorador de la National Geographic Society, viene investigando el origen de sus altas temperaturas y tiene una página web  (www.boilingriver.org) donde gestiona apoyo internacional para la zona, amenazada por la creciente presencia de colones, taladores ilegales y mineros informales.

El Shanay-Timpishka tiene un recorrido de 6 kilómetros. Nace en un puquio de agua fría y la temperatura se va calentando poco a poco hasta casi llegar a la evaporación. En algunos tramos hay cataratas de aguas calientes y grandes piscinas naturales. Ruzo descubrió que los animales no pueden soportar las altas temperaturas del agua, sin embargo, identificó la existencia de bacterias que sobreviven en este hábitat.

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