El Niño costero

Las grandes lluvias que azotan actualmente a la costa norte son causadas por un fenómeno natural diferente al Niño clásico. Este se caracteriza por las ondas Kelvin, que cruzan el Pacífico trayendo aguas calientes desde Oceanía. A lo largo de la línea ecuatorial existen estaciones meteorológicas que miden la temperatura y anuncian cómo va calentándose el océano.

Pero el Niño actual es atípico. No hay onda Kelvin atravesando el Pacífico, sino que el fenómeno se ha formado frente a nuestras costas. Por ello, los expertos lo llaman “Niño costero”. Eso significa dos cosas. Primero que la masa de agua caliente no es tan profunda como sucede en el Niño clásico. Es decir, puede disiparse con cierta facilidad.

A continuación, tenemos la gran influencia del viento. Normalmente frente a nuestras costas sopla el alisio del sur, que durante este verano se ha alejado, dejando entrar vientos de todas direcciones. Algunos del oeste que trajeron lluvias serranas a Lima, por ejemplo.

También vientos del norte que han arrastrado aguas calientes generando el diluvio. No hay un pronóstico claro sobre cuándo el alisio se llevará la capa superficial y muy caliente del mar hacia Panamá. La pared de agua que cae actualmente lo está evitando, al impedir el trabajo del viento.

En Tumbes y Piura se vive un desastre de magnitud. No obstante la buena voluntad del gobernador Hilbck, la situación es crítica y desborda a las autoridades locales. El río ha crecido a magnitudes inverosímiles, ya se ha filtrado dentro de Piura y corre por las calles desbordando en ciertos lugares las veredas y fácilmente llega al medio metro. El barro hasta por los ojos.

Además, esa agua se mete al desagüe que colapsa porque es demasiada; como consecuencia, saltan las epidemias y ahora se presentan todas: dengue, chikungunya y ya se hallan casos de cólera. A ello debe sumarse el quiebre de la economía regional completamente alterada por la cantidad de agua que cae del cielo.

Si el río es de una enorme fuerza, también es impresionante cómo cambia el desierto. Ayer nomás era de una sequedad legendaria y ahora es una alfombra verde, llena de lagunas y ojos de agua. Los algarrobos son otros y es evidente que, al terminar el fenómeno, la reconstrucción puede empezar aprovechando las ventajas colaterales que habrá dejado el ciclo de gran humedad.

Pero el Estado ha quebrado y el fenómeno saca a relucir la enorme distancia que existe entre naturaleza y sociedad. Los pocos que se preocupan en serio por la naturaleza carecen de punche político y más aún de apoyo material. La sociedad contemporánea vive de espaldas y mirándose el ombligo, o el celular.

En el Perú prehispánico, la esencia de la actividad humana era entenderse con la naturaleza, aprovecharla y evitar sus desastres. Nosotros al revés. Piura se inunda porque todo Castilla está en una zona baja y se empoza. En el caso de Lima, ¿cuántas veces hay huaicos en Chosica? No llevo la cuenta, pero me parece que casi todos los años. Son fenómenos recurrentes y carecemos de previsión.

Los organismos encargados de la defensa civil están mal organizados, no obstante que en paralelo existe una comunidad de especialistas de buen nivel que se desaprovecha completamente. Después de la emergencia y a la hora del balance, el Estado debería reorientar su sistema especializado. Asimismo, la sociedad tiene que ganar en conciencia y dejar de invadir quebradas secas. Ellas se activan y se llevan todo.

El Estado estaría mejor preparado si alguna vez lloviera en Lima con la fuerza de un Niño del norte. Una tromba de agua acompañada por truenos y relámpagos que iluminan el cielo durante toda la noche. Falta experiencia entre los que toman decisiones. Ayer que han desarrollado un consejo de ministros en Piura, ojalá hayan escuchado a la gente.

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