Magdyel Ugaz

“He aprendido a hacer que mi voz se escuche, y que sea aceptada”

Edgar Gamboa

Domingo, 24 de Diciembre del 2017

Por estos días Magdyel Ugaz vive al límite del tiempo. Desde muy temprano en la mañana hasta llegada la noche, graba en los estudios de América Televisión, en Pachacámac, los últimos capítulos de Colorina o Madre por siempre, la telenovela con la que ha vuelto a ganar la atención de los medios y del público, pero que le ha valido también una lluvia de críticas despiadadas. Pese a ello, siente que este 2017 ha sido un año provechoso, de mucho aprendizaje, en el que interpretó uno de los papeles más difíciles de su carrera. Atrás quedó la Teresita de Al fondo hay sitio, la depresión, la bulimia, los miedos.

¿Sientes que el público peruano es un poco frívolo?

No sé si frívolo sea la palabra, quiero creer que no.

Lo digo porque parece que valora más tu apariencia que tu talento. Solo habla de si subiste o si bajaste de peso, de si te ves o no sexy para tal papel.

Yo a veces siento que decimos lo primero que se nos ocurre y nos dejamos llevar por la primera impresión. No nos damos muchas oportunidades. No miramos el fondo, nos dejamos llevar por la primera imagen. Y ahora más, que tenemos las redes sociales, tenemos algo que nos escuda, que nos protege de que nos vean y podemos soltar lo primero que se nos viene a la cabeza, hacer catarsis, quizás de nuestras propias cosas, pero buscamos la cara de alguien para poder hacerlo.

Como un desfogue.

Sí. Y los artistas somos perfectos para hacer de porfiados y recibir todo eso.

Pero todo eso es algo frívolo, ¿no crees?

(Ríe). Bueno, entonces sí podría decirse que (el público peruano) es un poco frívolo.

Terminaste el 2016 con la polémica por tu interpretación de Doña Peta, ahora terminas el 2017 en una situación similar, por tu papel en Colorina.

Sí, ambos han sido polémicos. Aunque siento que este personaje (en Colorina) me ha llevado por distintos lugares. Ahorita ya está en otro momento, pero empezó el 2017 siendo un personaje que también levantó mucha polémica y del que se dijeron muchas cosas, sin siquiera verlo.

¿Y crees que a lo largo de este tiempo, ya desarrollada la novela, el público ha empezado a aceptar tu personaje?

Claro que sí. De hecho camino por la calle y me encuentro a muchas señoras, a muchas chicas que me cuentan que sus mamás ven la novela. Es un público distinto, obviamente. Yo estaba más acostumbrada a un público juvenil, niños incluso (por su papel de Teresita en Al fondo hay sitio). Ahora son más madres, señoras las que nos ven. Es un público más adulto.

Y tu papel también es más adulto.

El papel también. Es una madre. Aunque de hecho empezó distinto. Ha ido creciendo a lo largo del año, lo he ido conociendo. Al principio de la novela tuve que bajarme la edad, ser una chica que vive en provincia, luego convertirme en una trabajadora sexual que canta en las noches en el Salón Kitty. Después soltar a Colorina y convertirme en Fernanda, luego soltar a Fernanda y convertirme en la madre de tres hijos, veinte años después.

¿Y sentiste en algún momento que no estabas a la altura del personaje?

Me pasó eso antes de la novela. Tuve momentos de inseguridad, de decir: '¿Y si no llego?' Porque cuando ya me fueron contando la historia y sabía todos estos cambios que iba a tener, pensaba que tal vez no llegaba. He tenido momentos en que debía hacer escenas muy duras y prácticamente no podía dormir la noche anterior, de los nervios que sentía. Tenía una ansiedad muy fuerte.

¿Ha sido el personaje más difícil que te ha tocado?

Ha sido uno de los personajes con más retos hasta el día de hoy. Yo actúo desde los 16 años y en toda mi carrera han sido muy pocas las veces en que he dicho: 'Oh, mañana me toca grabar estas escenas' (pone cara de tedio). En esta novela me pasó varias veces.

Últimamente se habla del bajo rating de la novela. A pesar de eso, ¿sientes que está valiendo la pena este trabajo que realizas?

Siempre va a valer la pena. Yo creo que ha sido un producto muy arriesgado, una novela muy importante. Y definitivamente tenemos un público que nos respalda. Cuando tienen el ojo muy puesto en uno, es difícil también. Además, en nuestro horario nunca dejamos de ser líderes. Ahora estamos segundos a nivel nacional, hemos estado hasta primeros en esta última etapa a nivel nacional, pero en nuestro horario nunca dejamos de ser líderes.

Es el reto, también, de hacer el remake de una novela que marcó tanto.

Por supuesto. Como te digo, el reto ha sido muy grande. Pienso que ha sido muy valiente para todos los que lo hemos asumido. Desde Michelle Alexander a la cabeza y Eduardo Adrianzén con el guion. A mí todo el tiempo, hasta ahora, me siguen comparando con esa mujer maravillosa que es Lucía Méndez.

¿En algún momento te inspiraste en ella o trataste de hacer tu propia Colorina?

Traté de hacer mi propia Colorina porque Eduardo (Adrianzén) creó una Colorina para mí. Entonces yo no podía traicionar lo que él estaba creando para mí.

A lo largo de tu carrera, ¿crees has sabido escoger tus papeles?

Yo creo que sí y me siento muy afortunada, porque han sido papeles que me han marcado mucho y me han permitido conocer a gente maravillosa, directores, productores, personas que confiaron en mí. Porque el éxito no lo he conseguido sola.

Claro, tú apareces en Mil oficios a los 16 años, prácticamente de la nada.

Ya hacía teatro en los talleres de la Católica, pero sí, era una perfecta desconocida cuando me presenté al casting de Mil oficios, con 15 para 16 años, sin saber que a esto iba a dedicar mi vida.

¿No tenías proyectado dedicarte a la actuación?

No, no, no. De hecho, cuando yo estudiaba en Mil oficios yo le decía siempre a Efraín (Aguilar) que iba a ser chef, porque miraba a los actores y me decía a mí misma: 'Yo no voy a dedicar mi vida a esto, ¡qué inestabilidad, qué miedo, qué nervios!'. Pero la vida lo único que hizo fue seguir dándome oportunidades, porque gracias a Dios no he parado...

A pesar de las críticas destructivas, de esa frivolidad de la que hablábamos al inicio.

Así es. A pesar de que en muchos momentos han querido tumbarme el quiosco, no sé si adrede, pero siempre había alguien que decía que tal personaje no era para mí. Aunque eso, en vez de derrumbarme me motivaba. Yo lo he tomado siempre como parte de las pruebas que me tocan para poder crecer.

Pero hubo veces también en que sucumbiste a esas críticas y te deprimiste.

Bueno, como todos, ¿no? Igual yo vengo años sin parar y a veces he sentido que la carga de trabajo me ha pasado factura. A veces creen que los actores, o los artistas en general, no podemos tener caras serias o no podemos estar con energías abajo. Pero sí, sí podemos, porque sentimos, nos duelen las cosas, nos incomodan a veces las preguntas, nos sentimos raros a veces en una posición para las fotos. Y estar en ese ritmo constante, por muchos años, sin parar, es duro. Te conflictúas.

¿Y cómo te sacudes de esa carga?

Yo entiendo que mi cara larga en la foto del periódico no funciona. Por eso trato de encontrar momentos de calma en mi casa, con buenos amigos, trato de tener mi espacio de terapia, trato de estar con la gente que más amo para poder sentirme escuchada. Porque una de las cosas que más me han podido agobiar en mi carrera es en algún momento no sentirme escuchada.

¿Hoy eres escuchada?

Sí, he aprendido a hacer que mi voz se escuche. Esta voz que antes estaba acá asustada, con miedo. Porque es importante que te escuchen.

Y que acepten tu voz

Sí, que la acepten. He aprendido a decir no, cuando antes me daba miedo. Porque antes pensaba 'si digo no van a creer que soy conflictiva'. He aprendido que es importante marcar límites en esta carrera. Porque uno quiere caer bien siempre, ser linda, sonriente, pero es importante que yo sea una prioridad también, que sepan que no está hablando la artista sino el ser humano.

Cambiando de tema, uno revisa tus últimas fotos y vemos a una Magdyel más desinhibida. ¿A qué se debe?

Creo que me estoy disfrutando más. Me estoy conociendo y estoy viviendo más conmigo. Despedí un personaje (Teresita) y con este personaje se fue una parte de mí, física y emocionalmente. Abracé este nuevo momento y es eso.

¿Has descubierto a una nueva Magdyel?

No creo, la misma Magdyel está ahí. Pero voy creciendo, voy entendiendo y conociendo más cosas. Voy arriesgando más. Si algo he sentido este año es que salir de mi comodidad es lo que me va ayudar a seguir encontrándome.

Y hablando de lo que viene. Me decías que tienes varios proyectos para el 2018.

Empiezo el 10 de febrero con Conejo blanco, conejo rojo. Hablando del riesgo y de salir de la comodidad, me propusieron hacer esta única función en la que te enteras de lo que vas a hacer el mismo día, en el escenario. Todos los terrores del actor los voy a vivir en esta obra, pero es parte de lo que quiero en esta etapa de mi carrera. Después, de la quincena de abril hasta mediados de junio, viene Dos más dos, que es una obra que dirige Bruno Ascenzo. Luego está el rodaje de Encintados, una película de Gianfranco Quattrini que es una coproducción con Argentina.

¿Y podrías adelantarnos algo de tu papel en esta cinta?

Bueno, es una historia muy fuerte en realidad. Es sobre una pareja de chicas que están enamoradas y que quieren tener un bebé.

Un personaje lésbico. Un nuevo reto entonces.

Así es, y estoy feliz. Me encanta porque el guion está increíble y cada vez vienen a mí más personajes que me mueven.

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